El teatro Constantino de Puebla

Por Sergio M. Andrade Covarrubias

Corría el año de 1913 cuando Monseñor Ramón Ibarra y González, último obispo y primer arzobispo de Puebla, decide comprar la casa ubicada en el número 11 de la calle de Fuente de Belén (hoy avenida 6 Poniente) de la ciudad de Puebla para establecer en ella un teatro católico, en el que se dieran “representaciones morales a la vez que instructivas”. La idea del prelado era conectar dicho teatro con las aulas de la Universidad Católica Angelopolitana, ubicada en sus espaldas, es decir, en la calle de Belén (hoy día la avenida 4 Poniente), para que a la vez sirviera de auditorio donde se presentaran conferencias al alumnado y para actos solemnes de la propia universidad.

Una vez comprada la casa se comenzaron los trabajos de adecuación a fin de que quedaran listas lo más pronto posible, ya que en ese mismo año se conmemoraba el 1600 aniversario de la proclamación del edicto de Milán, dado por el emperador Constantino y por el cual se legalizaba el cristianismo. Así, en forma de homenaje, se le puso el nombre del emperador romano al nuevo teatro.

Sin embargo, los avatares de la lucha revolucionaria impidieron la realización de la obra que con tanto empeño había emprendido el sacerdote católico, quedando por varios años abandonada, hasta que en el año de 1921 se le pudo dar término. El 29 de mayo de ese año la Asociación de Damas presenta una función en honor de los Caballeros de Colón, aunque la inauguración oficial se da hasta el día 7 de junio. La prensa afirmaba que: “El nuevo coliseo, aunque no está terminado del todo, cuenta con todas las comodidades que puedan apetecerse para un centro de espectáculos de esa naturaleza, pues además de las condiciones higiénicas en que se encuentra, tiene las condiciones que exigen los reglamentos para que el público pueda estar garantizado, lo que no pasa en otras salas de espectáculos… Gran cantidad de público asistió”. Los precios de entrada al cine – teatro “Constantino” eran 30 centavos en luneta y 20 centavos en primera, aunque los sábados bajaban sus precios en 5 centavos. Al respecto, hay que decir que otros centros de espectáculos lo eran el Teatro – Cine “de Variedades”, así como los salones “Lux”, “Olimpia”, “Imperio”, “Parisiense”, “Pathé” 1 y 2, “Popular” y “Palacio”. Como referencia, las entradas en el “Variedades” iban de los 10 centavos en las Galerías alta y baja, 20 en la Tertulia general, 50 en Luneta general, hasta los 3 pesos en los Palcos de primera con seis asientos.

En la larga vida del teatro “Constantino” (cerrado quizás a mediados de los años ochenta del siglo pasado, cuando ya era un local infecto, de los llamados de “piojito”) se puede enumerar una  variada lista de diversiones, que van desde representaciones de zarzuela y opereta como de vodevil, hasta funciones de box y lucha libre, aparte de las consabidas proyecciones  cinematográficas que incluían en un principio películas mexicanas, francesas, italianas, alemanas y, por supuesto, norteamericanas. Más aún, el “elegante coso” (como lo definían las crónicas periodísticas) llegó a albergar reuniones sindicales y políticas, así como de asociaciones tales como la “Liga de Defensa de la Mujer”.

Compañías de bataclán y calambur como las del “Cuatezón” Beristaín, la de Luis G. Barreiro o la Alfredo Gómez de la Vega; boxeadores famosos como Tommy White (en la imagen), incluso boxeadoras como Victoria Hernández y Carmen Lamadrid de la empresa de J. Palomera, y a la larga, una gran lista de luchadores hicieron vibrar las paredes del pequeño teatro. A propósito de esta última diversión vale la pena entresacar un párrafo de un artículo aparecido en el diario “ABC” de agosto de 1941: “Mientras en el fastuoso y elegante Teatro Colonial, que será un edificio orgullo de Puebla, se celebraba una verdadera noche de arte en la que tomaban parte selectos elementos artísticos venidos ex profesamente de la ciudad de México; mientras allí el propio gobernador del Estado, Dr. Gonzalo Bautista, declaraba solemnemente inaugurado el nuevo templo del arte en la ciudad de Puebla, en un local mal llamado ‘Teatro Constantino’, individuos semi – salvajes se entregaban a la llamada ‘lucha libre’, que es un espectáculo repugnante y asqueroso, pero que siempre es coreado por un público heterogéneo y abigarrado, entre el que se encuentran casi siempre personas de ‘relajo’, que van ahí a desfogar sus apetitos insanos… Además, el local está falto de las más rudimentarias comodidades y de todas las garantías para el público. No hay suficientes puertas de escape y si allí ocurriera un incendio, cosa nada difícil, pues todo es de madera, por centenares se contarían las víctimas que arrojara el siniestro…”

Como decimos líneas arriba, el teatro “Constantino” cerró sus puertas por ahí de las últimas décadas del siglo XX a la par que otras salas cinematográficas lo hicieran. De éste quedan sólo el “cascarón” y los recuerdos de quienes alguna vez acudieran a solazarse un rato, olvidando el tráfago de la vida cotidiana.

 

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