El coronel Pablo Víctor Unda y el honor

Sergio M. Andrade Covarrubias

En su estudio biográfico sobre el ilustrado visitador general de la Nueva España entre 1765 y 1771don José de Gálvez Gallardo, el maestro Jorge Ignacio Rubio Mañé argumenta acerca de la importancia que tienen los archivos notariales para la investigación histórica; gracias a ellos, nos dice don Jorge Ignacio, nos podemos introducir en la vida social, política, económica y religiosa de las personas que recurrían a los escribanos para dejar asentados “todas las ambiciones, problemas e infinidad de inquietudes y necesidades por las que atravesaba el individuo”. De eso da cuenta el cúmulo de asuntos en los cuales intervenían los escribanos o notarios: testamentos, codicilos, repartimientos e inventarios de bienes, cartas de dote, fundación de mayorazgos, escrituras de obligación, libertad de esclavos, diversas transacciones mercantiles y comerciales y un largo etcétera.

De lo anterior se deduce que es frecuente que en la búsqueda de información histórica nos encontremos con datos curiosos acerca de personajes olvidados, pero que nos permiten ampliar los conocimientos referentes no sólo de los involucrados, si no también de periodos esenciales del pasado de nuestra, ciudad, estado o país. Tal es el caso al que nos referimos hoy, al que gracias a datos encontrados en la red cibernética fue posible complementar la información biográfica.

El nombre completo de nuestro personaje reseñado era el de Pablo Víctor Unda Ricardos, nacido en el Real y Minas de Sombrerete, Zacatecas, un 16 de octubre del año 1796, lugar  a donde su padre había sido enviado por disposición real como Administrador de Alcabalas y Rentas Reales de la Villa de san Juan Bautista Llerena y Minas de Sombrerete.  Siguiendo la información de Gorka Rosain Unda, al cabo de los años, junto con su hermano Francisco de Paula fue enviado a estudiar a España, regresando los dos acompañando al último virrey (ahora Capitán General y Jefe Político Superior de la Nueva España) Don Juan de O’Donojú, no sin antes haber participado en la guerra de independencia española contra los invasores franceses, actuando en importantes hechos bélicos como los sitios de Cádiz y Pamplona, entre otros.

Como muchos oficiales del ejército virreinal, y siguiendo la política liberal de O’Donojú, los hermanos Unda apostaron por agregarse a las filas del brigadier Agustín de Iturbide y reconocer la independencia mexicana, no obstante que sus padres habían sido asesinados durante la cruenta toma de la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato el 28 de septiembre de 1810. Ya establecidos en nuestro país, los hermanos Unda desarrollaron su carrera militar, alcanzando Pablo el grado de coronel gracias a su actuación en diversos hechos como la toma de la fortaleza de san Juan de Ulúa, último bastión de las tropas españolas en México. Al parecer, falleció en la capital poblana hacia el año de 1834.

Este Coronel del Ejército Libertador y Teniente Coronel Mayor del Sexto Regimiento de Caballería Permanente se había casado con Carolina Eguía González de Arana con quien procreó once hijos, además de otros dos fuera de matrimonio, uno con Dolores Tagle y otra con Margarita Guillén Cabañas, asunto este último del que es motivo este texto. Como complemento, diremos que llegó a emparentar con personajes destacados de la vida política de México como José Joaquín de Herrera y que su yerno Joaquín Fuero combatió la invasión norteamericana, mientras que su nieto Carlos Fuero Unda la francesa, siendo más conocido por haber derrotado al insurrecto Porfirio Díaz en la batalla de Icamole, donde el futuro presidente se ganó el mote de “el llorón de Icamole”.

Firma Coronel Unda

Aunque el citado Gorka Rosain afirma que llegó a la Nueva España acompañado de su esposa y dos hijas, pronto veremos que al parecer no fue así. Según un compromiso notarial de fecha 26 de noviembre de 1826 (con un antecedente del 20 de octubre del mismo año), el mencionado Unda afirma que deseoso de servir a su patria se trasladó a América dejando en la península a su esposa y que teniendo noticia de que ésta había fallecido tenía pensado contraer nuevo matrimonio con Margarita Guillén. Sin embargo, poco después se enteró de que la primera seguía viva y había arribado al puerto de Veracruz, por lo que extendía esa carta de compromiso con la finalidad de no dejar en el desamparo a la dicha Margarita y a su vástago, del cual se encontraba embarazada. En esa carta compromiso de ocho cláusulas deja asentado que su futuro hijo llevará sus apellidos, le asigna cantidades de pesos para su manutención y lo deja al cuidado de su madre, entre otras disposiciones más, asegurando que de no cumplir con ellas se sujetará a los jueces y justicias nacionales obligando sus bienes para que lo apremien a cumplirlas.

Tiempo después, el 6 de diciembre siguiente, emite una nueva carta donde amplía la información sobre su relación, afirmando haber conocido en Jalapa en el mes de mayo de 1824 a la citada Guillén, “cuyas bellas prendas y recomendables virtudes hicieron tan viva impresión en el ánimo del que habla, que concibió una decidida pasión por dicha señorita, a la que ni pudo menos de manifestárselo, pues está íntimamente persuadido que con su unión sería completamente feliz; que el compromiso que tuvo fue bajo el principio de Casarse, y bajo el mismo fue correspondido, pues de ningún otro modo lo hubiera sido, por la delicadeza y decoroso manejo de dicha señorita…”. Después de año y diez meses de relaciones – continúa la carta –  decidieron casarse y al efecto realizó los trámites debidos; sin embargo, diversas causas impidieron el enlace, llegando a la determinación de casarse en secreto. “…y verificado realmente a su parecer, no encontró ya ningún inconveniente para su tranquila posesión. Que el resultado de todo ha sido quedar encinta la expresada y conviniendo al honor de ambos y en cumplimiento del deber en que se halla el otorgante respecto a la enunciada Señorita y de su amado hijo se ha comprometido y compromete voluntariamente al cumplimiento de las cláusulas siguientes, anulando en un todo como anula las escrituras que en veinte de octubre y veintiséis de noviembre de esta año ha extendido relativas a este mismo objeto”. Siguen diez cláusulas que en lo esencial repiten la anterior escritura del 26 de noviembre.

Salta a la vista en este documento que se olvida de su mujer española, cayendo prácticamente en la bigamia. Lo curioso del caso es que, si nos atenemos a su genealogía, con ésta sigue procreando hijos hasta llegar a la suma de once como antes dijimos, además de ser tener un hijo más con otra mujer distinta. Nos preguntamos: ¿Cuál sería el desenlace de esta vida complicada?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *