Carlos B. Zetina, empresario y politico

Sergio M. Andrade Covarrubias

Una placa desleída por el tiempo y el olvido enmarca la calle dedicada en el año de 1929 al empresario sanandreseño Carlos Borromeo Zetina Mena en la ciudad de Puebla, ni más ni menos que en aquella antiguamente llamada de Zapateros (hoy calle 8 Norte entre las avenidas 2 y 4 Oriente), paralela al Parián, justo lugar a quien fuera el más dinámico de los empresarios del ramo zapateril en los comienzos del siglo XX.

Se debe a la pluma de Juan Sánchez Azcona una breve semblanza del aludido, base de este escrito. Nace Zetina en la ciudad de San Andrés Chalchicomula del estado de Puebla el 14 de enero de 1864, hijo de Carlos Zetina García y Carlota Mena Lazo. Huérfano de padre desde temprana edad fue enviado por su madre a la ciudad de Puebla donde en principio ingresó como aprendiz en una tienda de abarrotes, para posteriormente quedar bajo el amparo y cuidado del señor Lorenzo J. Osorio, dueño de la ladrillera “El Jardín”, quien lo encauzó hacia el ramo de peletería en su establecimiento ubicado cerca del puente de san Francisco, donde Zetina desplegó toda su habilidad para llegar a convertirse en el mejor técnico cualificado de tal especialidad. Al mismo tiempo entabló relaciones con María de la Luz, la hija mayor de don Lorenzo, con quien finalmente se casó, viviendo el matrimonio en el número 18 de la calle de la Plazuela de san Francisco.

En el año de 1901 se trasladó a la capital del país donde en la antigua villa de Tacubaya estableció la afamada fábrica de calzado Excélsior, “orgullo de la industria nacional”, la cual en poco tiempo llegó a expandirse y dominar a la competencia. Expresa Sánchez Azcona: “Pero lo excepcional en ese hombre era su altruismo. Socialista de verdad y amigo y verdadero defensor del proletariado, protegió a sus obreros con paternal solicitud. Mucho antes de que en las doctrinas corrientes en nuestro país, y mucho menos en la ley, se sancionase la participación de utilidades, don Carlos B. Zetina la estableció espontanea y calladamente en su empresa. Y no sólo eso: también estableció escuela para los hijos de los obreros y habitaciones baratas e higiénicas para sus familias, cuando la ley todavía no pensaba exigirlo”. Aparte, además de contar con servicios de baños y lavandería, les construyó a sus obreros un Casino e impuso a los nuevos talleres, según se iba expandiendo la fábrica, el nombre del más antiguo o cumplido de los trabajadores.

Llamado el “William L. Douglas de México” en alusión al más notable fabricante de zapatos en Estados Unidos, además de político, Zetina logró, en cerca de veinte años, pasar de la fabricación de 5,000 pares de zapatos con cincuenta trabajadores en 1902 a más de 400,000 pares con cerca de mil trabajadores en 1921, aunque es cierto que la conflagración civil en nuestro país le ayudó mucho, al fabricar y vender las botas militares necesarias en los campos de batalla. Al mismo tiempo que su empresa crecía, Zetina mantenía una red de zapaterías en las cuales vendía sus productos. En Puebla capital, en diferentes fechas, contó con dichos expendios en diversas ubicaciones: en 1904 en Santísima N° 8 (hoy Avenida Reforma 108); en 1916 en Portal Hidalgo 7; en 1922 en Reforma 504, antes Miradores 2 y, finalmente, en 5 de Mayo 602, antes Segunda de santo Domingo.

Dentro del ámbito político fue un destacado luchador por la causa maderista, siendo así que al triunfo de ésta fue elegido diputado federal. Tras el golpe de Victoriano Huerta abandonó el país dedicándose a viajar por Europa, para al fin radicarse en la ciudad de la Habana, Cuba, donde estableció otra fábrica de igual ramo. Una vez triunfante la causa constitucionalista fue elevado a un escaño del Senado, desde donde – nos dice Sánchez Azcona – desplegó muy tiles actividades. En enero de 1918 fue elegido como presidente del Ayuntamiento de la ciudad de México, cargo al que pronto renunció y regresó a sus actividades particulares y gremiales, llegando a ser el tercer presidente de la CONCAMIN (Confederación de Cámaras Industriales de los Estados Unidos Mexicanos).

Agobiado por problemas en su empresa derivados de discordias laborales, falleció el 6 de agosto de 1927 en la ciudad de México, Distrito Federal, a los 63 años.

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