Venta de una celda conventual

Sergio M. Andrade Covarrubias

 

De los once conventos femeninos que florecieron en la ciudad de Puebla a lo largo del periodo virreinal, uno de los más ricos y extensos fue sin duda el dedicado a Santa Catalina de Siena (vulgo Santa Catarina), fundado en 1556 y construido en toda la cuadra  que hoy ocupan las calles 2 y 4 Oriente y las avenidas 3 y 5 Norte. Según Hugo Leicht, basándose en Cerón Zapata, hacia el año de 1714 este convento contaba con 76 religiosas, la mayoría de las cuales contaba con hasta tres criadas para su servicio personal. La dimensión de su riqueza la hace patente Miguel Alcalá y Mendiola en su Descripción en bosquejo de la Imperial Cesárea, Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Puebla de los Ángeles: “Mantiénense dichas religiosas con el principal de quinientos y veintitrés mil seiscientos y sesenta y cinco pesos que hacen al año veintiséis mil ciento y ochenta y tres pesos, con su capellán, sacristán y demás sirvientes necesarios a dicha comunidad”.

En ese convento profesaban hacia los primeros años del siglo XVIII las religiosas de velo y coro Catalina de San Ildefonso, Mariana de los Reyes y Juana de Santa Rosa, hijas de quien había sido Alguacil Mayor Don Alonso Raboso de la Plaza (y que junto con las otras madres Juana de San Ildefonso y Ana de San Rafael eran usufructuarias de las rentas y patronas de la Obra Pía establecida por aquel y su esposa Doña María de Guevara y Fajardo) y hermanas de Don Miguel Raboso de la Plaza, también en su momento Alguacil Mayor.

Quizás por mala administración de los negocios, Don Miguel (muerto en el año de 1693) fue sujeto a un concurso de acreedores sobre sus bienes, entre ellos el ingenio de San Juan Bautista Atotonilco en la región de Izúcar, quedando inscritos también los principales y réditos de las rentas pertenecientes a sus hermanas, así como también los de la mencionada Obra Pía fundada por sus padres. De ese modo, en el mes de abril de 1708, las hermanas Raboso, madres Catalina, Mariana y Juana, se vieron en la necesidad de poner en venta una de las celdas que ocupaban en el convento de Santa Catalina en el precio de 310 pesos, que su padre había adquirido por 615 pesos en 1671. La compradora habría sido la madre Jacinta de San Jerónimo para la novicia (“niña de San Martín”) Nicolasa de la Encarnación; toda la operación con la anuencia y licencia del Prebendado de la Catedral poblana, el Doctor Bartolomé de Vargas Solórzano.

La tasación y avalúo de la celda hecho por el Maestro Examinado de Arquitectura y Albañilería Juan Juárez literalmente dice lo siguiente: “Celda baja de una pieza. Se compone el sitio, de ocho varas de largo, siete varas y tercia de ancho. Y medidas sus paredes, maestras, y dos atraviesas, sus medianías, por de dentro, revocados blanqueados y almagrados, su suelo, en las orillas, algo maltratado, su cubierto, de vigas, antiguos, bien acondicionados, con sus dos madres de vigas, de buen peralte, su puerta y ventana y alacena de madera, de chaflán la dicha puerta, con su chapa de loba, la ventana con sus aldabas, la alacena por lo consiguiente, su wonbrar (¿?) de cantería. Y habiendo dado a cada cosa su valor por menor, hallo valer dicha celda en el estado en que se halla trescientos y diez pesos y no más. Esto de mi leal saber y entender, así juro a Dios Nuestro Señor y a la Señal de la Santa Cruz, haber hecho dicha tasación fiel y legalmente, sin fraudes, dolo, ni malicia alguna en contra de las partes, y para que conste lo firmo en la dicha ciudad de la Puebla de los Ángeles, en 15 de diciembre de 1708”. (Archivo de Notarías de Puebla, Notaría N° 1, Caja N° 8, Legajo N° 2, Años 1701 – 1710. Escribano Juan de Carvajal y Cardona).

Calculando las dimensiones bajo el sistema métrico decimal podemos concluir que la celda tenía una superficie de cerca de los cuarenta metros cuadrado, lo que comparado con las dimensiones totales de las que habla Alcalá y Mendiola nos hace percibir la enormidad del conjunto conventual. Sólo diremos que no era la única celda con la que contaban las hermanas Raboso, ya que junto a esta que vendieron mantenían otra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *