La esclava y el pintor. Un matrimonio poblano de finales del siglo XVII

Sergio M. Andrade Covarrubias

En un acta notarial fechada el día 27 de abril de 1690, rubricada ante el Escribano Miguel García Fragoso, en ausencia de Antonio de Robles y Sámano, las hermanas Doña María Corona Vázquez y Doña Nicolasa Corona Vázquez, hijas del difunto Capitán Alfonso Corona Vázquez declaran tener como esclava heredada, junto con otros bienes heredados de su padre, a Bernavela Corona, mulata blanca, de edad de treinta y ocho a treinta y nueve años, casada con Pascual Pérez, maestro pintor residente en la ciudad de Puebla, y que “por amor y voluntad que le tenemos y por doscientos y treinta pesos de oro común en que ajustamos y conchabamos su libertad hemos determinado concedérsela y poniendo en efecto por la presente en aquella vía y forma que mejor haya lugar en derecho otorgamos que ahorramos y libertamos a la dicha Bernavela Corona, mulata, de la sujeción, esclavitud y cautiverio en que se halla por los dichos doscientos y treinta pesos de oro que confesamos haber recibido del dicho Pascual Pérez, su marido, en reales de contado de que nos damos por entregadas…”. Siguen varias fórmulas legaloides donde le “facultan” a su antigua esclava a poder vivir libremente “como si de su nacimiento lo fuese, con condición de que el dicho Pascual Pérez a de ser obligado a pagar lo que a su majestad toca de su Real Alcabala por razón de esta libertad porque así fue conchavo (sic) y con esta calidad tuvo efecto…”, obligándose a no “revocarla ni a llorarla” en ninguna forma. Al final, junto con la del escribano, aparecen la firma de Doña María y del licenciado Miguel José de Estrada por su hermana Nicolasa ya que ésta declara no saber escribir, fungiendo como testigos el presbítero Francisco de Rojas y Francisco Méndez.

 

Dos días después, el día 29, Pérez, como principal deudor, junto con el maestro  del arte de pintar José Rodríguez Carnero y el Escribano Real Manuel Francisco de Uriarte, como sus fiadores y principales pagadores, se obligan mediante una escritura a pagarle cien pesos de oro común a Andrés de Alcalá como ayuda que les da para pagar la libertad de Bernavela que en ese momento se encuentra al servicio del mismo Alcalá, siempre y cuando la dicha Bernavela “con causa o sin ella quisiese salirse de la casa y servicio del dicho Andrés de Alcalá donde ha de asistir y servir personalmente hasta que esté pagada enteramente esta deuda…”, pero en el ínterin Alcalá le deberá pagar “seis reales de salario cada mes para su vestuario y el alimento necesario”. Asimismo se comprometen a pagar dos pesos de oro de minas diarios a la persona que Alcalá enviare para la cobranza a donde estuvieran. Queda rubricada esta escritura por los actuantes a más del escribano Antonio de Robles y Sámano.

Francisco Pérez de Salazar y Haro en su Historia de la Pintura en Puebla postula que Pascual Pérez, mejor conocido como “El Mixtequito”, mestizo, hijo legítimo de Bartolomé Pérez y María Vázquez, en su concepto fue un pintor “más bien malo que bueno”, que aun cuando no fue maestro, “era probablemente baratero y pintó bastante”. Sin embargo, dice  –contradiciendo su afirmación de que no era maestro – que en su taller “enseñó entre otros a Francisco Xavier de Ayala” en 1718, y antes, en 1697, “tomó como aprendiz a José Ramos de la Fuente”. De sus obras enumera: “Entre los cuadros del Colegio del Estado hay una colección de ocho o diez lienzos representando ‘Los Misterios del Rosario’ y uno de los menos malos es ‘La Huída de Egipto’, así como un ‘San Francisco de Asís’…”. En la actualidad varios recintos religiosos y museísticos conservan más obras de Pérez que, como vimos en la transcripción de la primera escritura, se cataloga como “maestro pintor”, al contrario de lo dicho por Pérez de Salazar.

Por otro lado, este último también hace alusión a la unión matrimonial de Pérez en estos términos: “La calidad de esclava de la mujer que escogió por esposa indica que él seguramente también pertenecía a las últimas capas sociales”. Para finalizar, informa que el 16 de agosto de 1721 “se enterró en la catedral el cuerpo de Pascual Pérez y el acta de su defunción da noticia que otorgó testamento ante José Barrientos, dejando por albacea a Mateo de la Sierra Vargas y a Don Juan Barrientos”.

Hay que precisar algunos datos en el sentido de que Pérez, además de contar con el apoyo pecuniario, y seguro también de la amistad, de uno de los más importantes representantes del arte pictórico en nuestra ciudad como lo fue Rodríguez Carnero y de un miembro de la burocracia como el escribano de Uriarte, deja como uno de sus albaceas a Mateo de la Sierra, seguramente miembro de la familia poseedora de uno de los obrajes más importantes de la ciudad. Asimismo, que a pesar de su pertenencia a las “últimas capas sociales” es enterrado en la catedral, lo que en esas épocas era sinónimo de contar con un lugar de importancia en la escala social o, en su caso, con la anuencia del Cabildo Catedralicio que, en agradecimiento a su fecunda obra, permitió fuera inhumado en la iglesia principal de la ciudad, según narra el abogado Manuel Frías Olvera.

 

Aún más, el investigador en historia del arte Rogelio Ruiz Gomar, basado en el doctor Efraín Castro, al tratar sobre la vida de José Rodríguez Carnero, afirma que éste “…figura al lado de los pintores poblanos Antonio de Santander, Juan de Villalobos, Cristóbal Talavera, Jerónimo Gómez, Pascual Pérez, Manuel Marimón y Rafael Peña en la solicitud presentada ante el Alcalde Mayor de Puebla, Juan José de Veytia y Linaje, para la admisión y aprobación de las ordenanzas que los mismos, a semejanza de las elaboradas por los pintores y doradores de la ciudad de México, habían formulado para el régimen y buen gobierno del gremio y unión que de dichas artes pretendían fundar en esa ciudad de Puebla”. De este modo quedan fuera de lugar los dichos de Pérez de Salazar acerca de la falta de la calidad de maestro de Pérez, así como de los de aquellos que lo consideran casi como un apestado dentro del gremio de pintores debido a su origen étnico.

En cuanto a Bernavela (o Bernabela) no estamos en condiciones de referir el desenlace de su vida y el de su probable libertad de la esclavitud. Lo escrito aquí queda solamente como registro de un hecho muy particular y no sabemos hasta qué punto extraordinario de la vida de uno de los más importantes pintores de la Puebla virreinal

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