De calles y personajes

Sergio M. Andrade Covarrubias

¿Recuerda usted quién fue Manuel Molina? ¿O el licenciado Joaquín Ruiz? ¿Y don Alejandro Arango y Escandón? O bien ¿Don José María Bocanegra, Don Manuel Maneyro o Carlos B. Zetina? Estos personajes como tantos y tantos que dejaron huella, directa o indirectamente, en la historia de nuestra ciudad, quedaron por un corto tiempo inmortalizados en las placas que señalaban sendas calles o avenidas de la ciudad angelopolitana (o zaragozana, como guste). Y así como ellos, más conspicuos personajes de la Puebla decimonónica llegaron a enmarcar con sus nombres los caminos que los habitantes de entonces hollaban con sus pasos, hasta que nuevos adláteres llegaron a sustituirlos, para a su vez ser cambiados por las nuevas placas que pretendían orientar más cabalmente a los transeúntes terrestres o en vehículo, bajo una división en cuarteles de los puntos cardinales.  

Hoy día, y desde hace un siglo, la nomenclatura de las calles poblanas – por lo menos las del centro y los suburbios cercanos – quedó sujeta a un cuadrante parecido o copiado de alguna urbe tal como Nueva York; algo sin chiste que dejó atrás el regocijante testimonio de hechos, personajes o actividades que como huellas de un  cotidiano devenir indicaba a habitantes y visitantes una impronta peculiar al entorno de un conglomerado urbano diferente a los demás.

Nombres como “Chito cohetero”, “del Piojo”, “del Muerto”, “de los Perros”, las “Damas” o las “Bonitas”, apelativos de calles que han quedado en el olvido y sepultadas por la desmemoria de una ciudad que ha perdido su esencia ha pesar de los oportunistas corifeos de la moda reciente llamada “turismo cultural”. Y así como estas denominaciones también las dedicadas a personajes sobresalientes pasaron sin pena ni gloria ante el avasallamiento de una modernidad que sacrificaba la sublimación en aras del pragmatismo.

Como un ejercicio de memoria sólo diremos que el capitán Manuel Molina fue un héroe serrano contra la intervención francesa; el licenciado Joaquín Ruiz fue Ministro en tiempos de Juárez y hermano de Doña Gertrudis, benefactora que dejó su legado para el Monte de Piedad; Alejandro Arango y Escandón, notable literato, catedrático y ministro de la Suprema Corte; José María Bocanegra, presidente interino de la República y tío del compositor de la letra del himno nacional; Manuel Maneyro, precursor de la diplomacia mexicana y benefactor de la ciudad, que gracias a su legado pudo contar con modernos servicios públicos; Carlos B. Zetina, industrial del calzado que modernizó esa industria con su fábrica donde manufacturaba el calzado marca “Excélsior”.

Son unos cuantos ejemplos de una larga pléyade de personajes que del olvido de repente salen a la luz; no son los únicos: seguiremos con más.

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