Cines y estrellas (1ª. Parte)

Sergio M. Andrade Covarrubias

La historia del cinematógrafo está preñada de múltiples aristas; podemos verla desde el punto de vista de los actores y directores, de los sitios de exhibición o desde la manufactura de las imágenes y su crítica. En fin hay mucho de donde cortar. Pero, ¿El gusto del amante del cine o del casual espectador? ¿A dónde va o qué busca al ir al salón difuso? Este es un asunto que desde la invención del aparato de proyección de imágenes en movimiento supuso un interesante motivo de estudio. Aquí lo único a que nos limitamos es a reseñar los lugares, filmes y protagonistas de esta historia en un momento dado: finales de la década de los años diez y comienzos de la de los veinte del siglo pasado, espacio de tiempo en el que la cinematografía comenzaba a explorar nuevos temas y a explotar sucesos diversos, aunque aún con las limitaciones del cine mudo. Es la época de los primeros ejemplos de directores famosos por su trabajo y de rutilantes estrellas conocidas en todos los rincones del planeta, es decir, comienzos de la gran “fábrica de sueños” de Hollywood y la postergación del primer cine europeo, italiano sobre todo, y de los primeros escarceos de lo que vendría a ser con el tiempo la industria mexicana de cine.

Para comenzar diremos que en la ciudad de Puebla es el tiempo de la aparición de salas de cine mejor acondicionadas. No son las enormes salas que hacia las décadas de los años treintas y cuarentas florecerían, pero sí más adecuadas al espectáculo masivo en que poco a poco se iba conformando, aunque tuviera de repente que compartir sus instalaciones con presentaciones de teatro, conferencias artísticas y científicas o conciertos musicales. Estos locales de exhibición se concentraban en calles céntricas, en no más de cinco cuadras a la redonda del zócalo o plaza central. Ejemplos de estos serán el cine “Olimpia”, ubicado en Avenida Ayuntamiento 110 (hoy Palafox y Mendoza e inaugurado en abril de 1919); el cine “Lux” (abierto el 28 de junio de 1920) en la Primera calle de Mercaderes 2 o sea en la llamada “Casa de los Muñecos” hoy Museo Universitario; el “Palacio” en Santísima 4, es decir Reforma 106, el “Rívoli” en Herreros 8, hoy 3 Oriente 118, el Salón Venecia en el Portal Morelos y más alejado el “Parisiense” que tomó el lugar  del “Popular” en Calceta 1 1/2, o sea la Avenida 10 Poniente 104, sin olvidar los teatros “Variedades”, reabierto el 8 de febrero de 1923 después del incendio que arrasó totalmente con él el día 22 de enero de 1922 y el “Constantino” (inaugurado el 7 de junio de 1921), ubicados en Portería de santa Catarina (2 Poniente, entre 3 y 5 Norte) y Fuente de Belén (6 Poniente, entre 5 y 7 Norte), respectivamente.

En cuanto a las películas y sus protagonistas sería fatigoso siquiera dar una corta muestra de títulos y nombres. Nos conformaremos por el momento con recordar a actores y actrices que hoy quizás sus nombres no nos digan absolutamente nada, pero que en su tiempo fueron sumamente populares y conocidos. Por ejemplo mexicanos como Leopoldo Beristain (“El Cuatezón”), Amado Guizar, Mimí Derba, Ramón Novarro Mazariegos, triunfador en Hollywood al igual que el español Antonio Moreno y la polaca Pola Negri. De los italianos citaremos a Lidia Boreli, Pina Menichelli, Francesca Bertini, Gustavo Serena, Guido Trentto o los franceses como Fabien Fabregues, Monsieur Deville, Max Linder, Susana Grandais y René Creste que dio vida a un personaje inolvidable como Judex.

De los norteamericanos enumeramos a George Larking, Anna Luther, el vaquero Tom Mix, Francis Ford, Pearl White, Theda Bara, William Russell, la bailarina Irene Castle, Douglas Fairbanks, Mary Pickford y el gran Roscoe Fatty Arbuckle.

Y sobre todos, el inmarcesible Charlie Chaplin.

 

 

 

 

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