José Luis Ibarra Mazari: la cara amable del saber

Sergio M. Andrade Covarrubias

Figura indiscutible de la cultura en Puebla durante toda la segunda mitad del siglo XX, José Luis Ibarra representó como nadie la cara amable del saber. Nacido un 20 de noviembre de 1931 en la Angelópolis, de familia proveniente de la región de Izúcar, al sur del estado, se forjó por sí solo, es decir, no necesito la educación formal para acceder al deleite del conocimiento en su más amplia expresión. Melómano irredento, fue el primero en nuestros lares que programó en la radio un programa dedicado solamente a la llamada “música clásica” y en su andar por diferentes estaciones radiofónicas inspiró nuevas maneras de programar, a la par que “inventó” formatos diversos como el de “sociales”. Más de medio siglo contemplaron sus hazañas radiales y sus aventuras diletantes.

Tuvimos la oportunidad de conocerlo y tratarlo durante poco tiempo, cuando coincidimos trabajando en el gobierno del estado en un periodo nefasto para la cultura poblana, que dio, por decirlo así, la “patada inicial” del desastre de lo que hoy es, con sus subsecuentes pérdidas de calidad en la creación y difusión cultural y artística. Quizás ese encuentro fue lo que salvó el haber estado en medio de tantos figurines, juniorcetes y burócratas plegados al poder de la forma más ignominiosa, mientras todos y cada uno le rendían culto al buen vivir a través de agenciarse lo ajeno.

El humor de José Luis, mordaz, no reparaba mientes a quién o qué iba dirigido. Incluso él era blanco fácil de sus flechas. “Fíjate nada más, decía, las señoras que me escuchan por radio cuando me conocen se llevan tremenda sorpresa. Creen, al escucharme, que soy casi un Adonis, y no se la acaban cuando me ven y encuentran a un tipo chaparro, tuerto y feo”.

Defensor a ultranza del buen decir, no quiero imaginar que diría cuando nos enfrentamos hoy al bestial maremágnum que nos tiene ahogados, con palabrejas como “aperturar”, “ofertar”, “accesar”, “domiciliar” y los correspondientes neologismos que no aportan absolutamente nada a la riqueza de nuestro idioma, y cuyos principales promotores son precisamente los encargados de los micrófonos de los diferentes medios de comunicación visual o auditiva, así como los redactores de diarios, revistas, páginas web, blogs y demás chunches cibernéticos. Igual cosa sería al ver la destrucción sin igual de nuestro patrimonio arquitectónico y artístico, o los inventos que se traen los gestores de la “historia turística”,

Se le extraña al buen José Luis, pero por fortuna contamos con material regalado por él de sus “Balcones”, programa inigualable que nos deleita una y otra vez con su amplia gama de personajes, anécdotas, sugerencias y críticas. Así que, antes de que vayan sus burros, detengámonos y escuchemos…

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