El poeta Francisco González Bocanegra

Sergio M. Andrade Covarrubias

Cuando el 14 de noviembre de 1853 apareció en el Diario oficial la convocatoria para la “composición poética” del Himno nacional se inscribieron 25 personajes de las letras mexicanas, contando con veinte días a partir de esa fecha para enviar sus composiciones, las cuales serían revisadas y calificadas por un jurado ad – hoc conformado por

José Bernardo Couto, Manuel Carpio y José Joaquín Pesado. Su resolución sobre el ganador fue dada a conocer en el mismo Diario Oficial el 5 de febrero de 1854, recayendo tal honor en el poeta de 30 años, oriundo de san Luis Potosí, Francisco González Bocanegra, de quien se cuenta que fue encerrado en una habitación por su esposa para que se dedicara íntegramente a componer la letra del canto nacional ya que aquel se negaba terminantemente a participar en el certamen. Pocas horas le bastaron al vate potosino para desarrollar y terminar su composición haciéndola llegar a su esposa pasándola bajo la puerta de su “cárcel”.

“El episodio, por lo demás, nada ofrece de inverosímil, si se atiende a la facilidad que para escribir tienen algunos poetas, y a la extremada que muestran las producciones de González Bocanegra; siendo de advertirse a mayor abundamiento, que la obra en cuestión no salió de las manos de su autor del todo perfecta, antes bien, algunas posteriores correcciones sufrió que no poco la mejoraron”, nos dice don Manuel G. Revilla en la semblanza dedicada a nuestro autor.

La primera edición de nuestro himno se hizo en 1854 en la imprenta de Vicente Segura y Argüelles, situada en el número 10 de la calle de Cadena, con una dedicatoria al general Santa Anna en el frente y una carta del autor dirigida al mismo personaje, siendo su estreno el día 17 de mayo del mismo año en el Gran Teatro de Santa Anna, en voz de la prima donna Enriqueta Sontag y la música de Giovanni Botessini, pues todavía no se escogía la música del concurso oficial, la cual se conoció hasta el 15 de agosto siguiente, bajo partitura de Jaime Nunó Roca. En ese mismo teatro se oyó por primera vez la composición del autor catalán el día 16 de septiembre del propio año del 54, cantada por el tenor Salvi, sin la asistencia de su Alteza Serenísima “por hallarse indispuesto”.

Además de sus obras poéticas, González Bocanegra desempeñó durante algún tiempo el puesto de censor de teatros y posteriormente el de director del “Diario Oficial” durante el gobierno de Miramón. Justamente por eso se tuvo que ocultar en la casa de su tío materno, el magistrado José María Bocanegra, saliendo de ella disfrazado para poder visitar a su esposa e hijas, afectándolo sobremanera en dichas circunstancias la noticia del asesinato de su amigo el periodista conservador y primer impresor del himno nacional Vicente Segura. Poco después, enfermo de tifo, el poeta murió el día 11 de abril de 1861, sin mayor mención por parte de la prensa de entonces, omitiendo mezquinamente que era el autor del Himno Nacional Mexicano. Fue sepultado en el panteón de san Fernando, hasta que el 12 de octubre de 1942 trasladaron sus restos, junto con los de Jaime Nunó, a la Rotonda de los Hombres Ilustres, hoy de las Personas Ilustres.

Terminamos con estas palabras de Revilla: “Y por cierto que llama grandemente la atención (presupuesta la inquina y obcecación de nuestros partidos políticos) el que los liberales aceptaran el Himno de González Bocanegra, y tanto más cuanto que en él se enaltece (si bien en términos siempre dignos) a Iturbide y Santa Anna, personajes vitandos para la parcialidad liberal… ¿A qué causa debióse semejante rareza? En concepto nuestro ha sido ‘propter elegantiam sermonis’, y ese puede conceptuarse el mayor triunfo de Bocanegra”.

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