Alojamiento de oficiales durante la intervención francesa (2ª. parte)

Sergio M. Andrade Covarrubias

Con base en sendos decretos, uno del general Brincourt de 27 de junio de 1863, otro de octubre de 1863 por Bazaine y otro más expedido por Maximiliano el 18 de mayo de 1865, se hacía patente la obligación de mantener por lo menos por tres meses a los indeseados inquilinos de forma gratuita, sometiéndose los dueños de casas a lo que se les pagara por el resto del tiempo de ocupación. Así, Carlos Mallard pidió se le pagaran $ 1,469.33 por         $ 58.00 mensuales por los veinticinco mese que las tropas se aprovecharon de su espacio. Sin embargo, como el decreto referido se limitaba solamente a las tropas francesas, y su lote había sido ocupado por tropas austriacas y belgas, se le restringió su pago al tiempo disfrutado por los oficiales galos. Y este no fue el único caso.

Tal fue el de Joaquín Uriarte, administrador del convento de la Concepción, que no pudo cobrar un peso debido a que en su local fueron alojas tropas austro – mexicanas y no francesas, aun remitiendo su queja ante el Ministerio de Guerra en la propia Francia. Otros tuvieron más suerte como Rafael Ramírez de la calle de las Peñas número 6, quien al final logró cobrar $ 225.00 de los $ 420.00 totales hasta el mes de julio de 1866, por el periodo del 2 de mayo de 1864 al 2 de mayo de 1865. Esto es, más de un año después.

Casos más extremos se dieron en otras propiedades, donde los soldados extranjeros prácticamente las destruyeron, como en el caso de la casa número 2 de la calle de Micieses, la cual se devuelve el 31 de agosto de 1865 en completo deterioro “e incapaz de poderse habitar pues faltaban hojas de puertas, chapas y todas las pinturas de las piezas y patios”, según se desprende de la queja presentada por Felipe Becker en representación de Manuel García Teruel por el monto de reposición de $ 76.56. Lo peor es que no su solicitud no tuvo respuesta afirmativa puesto que no contaba con documentos que avalaran la ocupación de las tropas.

Otro de estos casos lo fue el de la calle de la Alcantarilla No. 2, donde tanto la casa como el local establecido de panadería sufrieron severos perjuicios por parte de la soldadesca, afectando a los señores Juan López, propietario de la casa, y José María Luna, arrendador del local, sin que pudieran resarcirse económicamente.

Algunos más pudieron salir avantes en la obligación de alquilar sus casas, como el señor Francisco Ruiz de la calle de Espejo No. 6, don Pedro Rodríguez de Alguacil Mayor No. 18 o José Guadalupe Patiño de la calle segunda de Mercaderes No. 9. De esta forma, el señor Ruiz cobró $ 200.00, importe de ocho meses de alojamiento a “varios oficiales del ejército francés”, a $ 40.00 mensuales, descontando los tres meses obligatorios. Por su parte, el señor Rodríguez hace una solicitud muy ilustrativa en los términos siguientes: “…cuando tomó el ejército francés esta ciudad, recibí orden de la plaza para alojar a unos oficiales franceses y tomaran tres de las viviendas principales con los muebles más mejores, una pieza para los asistentes y caballeriza, habiendo durado en la casa diez meses según lo certifica la boleta que acompaño; y siendo de justicia que se me pague el arrendamiento de casa y muebles a razón de veinte pesos mensuales deduciendo de esta cantidad los cuatro meses (sic) forzosos de alojamiento que por decreto se publicó en aquellos días. Suplico se sirva proveer como pido por ser de justicia. Puebla, noviembre 26 de 1866. P. Rodríguez”.

Por último, el señor Patiño cobra por nueve meses por un alojado “más sus asistentes y caballos”, a razón de $ 12.00 por un departamento de entresuelo que daba hacia la calle y   $ 13.00 por uno interior con dos piezas más la caballeriza. Todo por la cantidad total de $ 150.00.

De los pocos ejemplos planteados se desprende la diferencia entre ocupantes y favorecedores. No podemos soslayar la tremenda dificultad que se presentaba a los dueños de casas, aun fueran simpatizantes de la causa imperialista, para poder cumplir los lineamientos obligatorios establecidos por los vencedores. Después de haber cumplido con esas órdenes, algunos recibieron sus propiedades en regular estado, pero otros las recibieron en pésimas condiciones o de plano  no pudieron cobrar la estancia y aun las encontraron destrozadas. Y al final nuestros “queridos invasores” se fueron dejando a Maximiliano abandonado y al país en ruinas, tal como a muchas propiedades particulares de los poblanos que los recibieron.

Recibo de la casa No. 6 de la calle de Espejo (4 norte 406) a Francisco Ruiz

Cuenta de la casa No. 6 de la calle de Espejo (4 norte 406)

Lista de casas y edificios a ocupar por el ejército francés

 

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