El doctor Hugo Leicht Meyer

Sergio M. Andrade Covarrubias

A punto de cumplir setenta y un años de vida, el doctor Hugo Leicht, gran erudito en abundantes materias lingüísticas, incluida la traducción y  transcripción de documentos en náhuatl, muere en la ciudad de Hamburgo, Alemania, alejado de la tierra que conoció y amó más ampliamente que muchos de los que se dicen poblanos “de cepa”, después de haber transitado por una serie de desdichas de todo tipo, que poco a poco fueron minando su resistencia física y moral hasta sucumbir en brazos de la parca. Tales desdichas, como la muerte de su madre, su despido del colegio Alemán de Puebla, la negativa de su gobierno para permitirle ejercer un puesto gubernamental en estas tierras, la quiebra económica y las consecuencias de haber permanecido desterrado mientras duró la segunda guerra mundial, a otros espíritus menos combativos hubieran derrotado más tempranamente. Por las pocas noticias que conocemos, principalmente a través de la presentación que el licenciado Miguel Marín Hirshmann – gran amigo suyo – hace en la edición de su obra seminal Las Calles de Puebla, don Hugo enfrentó cualquier adversidad teniendo como divisa el aportar a su tierra adoptiva mejores fundamentos para conocer su historia. Y vaya que lo logró, aunque fuera “en la única obra que escribió” como burlonamente se referían los envidiosos al fruto de cinco años de investigación plasmados en un libro que más allá del rico fondo cultural e histórico, nos muestra un quehacer académico sustentado en una rigurosa metodología y en una dedicación de tiempo completo, precisamente lo contrario que hacían aquellos, que al mismo tiempo fungían como escritores, periodistas, empleados de la Compañía de Luz, profesores, dirigentes de una cofradía de bohemios, directores de su revista y monaguillos en sus ratos libres. Y aunque fuera por un solo libro, no hay parangón con la obra leichtiana, hasta hoy, en los anales de la escritura de la historia poblana.

Los problemas de don Hugo comienzan en dos hechos simultáneos: uno, su despido laboral del colegio Alemán y, dos, la quiebra judicial del establecimiento de joyería denominado “La Joya”, propiedad de Adolfo Jaspersen, ubicado en el número 3 de la calle de la Santísima, hoy Avenida Reforma número 105.

En el caso del primero, sendas noticias aparecidas en el periódico “La Opinión” dan cuenta de la demanda interpuesta por el profesor alemán en contra de sus patrones “por separación injustificada”; la distancia temporal entre ambas noticias nos causan la impresión de que al final de cuentas no fue atendida la petición del demandante, ya que la primera aparece en el número del día 8 de junio de 1925 bajo el título “Un doctor alemán se queja contra un colegio”, afirmando que existe una “demanda de indemnización ante el Departamento del Trabajo” y la segunda el día 14 de abril de 1927, encabezada “En esta ciudad debe ser jubilado un doctor”, sin que haya otra referencia encontrada. Ya en el comienzo de su prefacio a Las calles de Puebla, Leicht comentaba que “Hace seis años que, apartado de la dirección del Colegio Alemán…”, y si tomamos en cuenta que el punto final a su obra lo dio el día de navidad de 1930, tendremos ese total de seis años sin solución a su despido. Por cierto, en ese prefacio, también afirma que las autoridades de su país no le permitieron aceptar un cargo educativo en nuestro estado, cuestión que dirimiría en un texto  titulado German Morality Abroad and at Home, Text and Documents, que se publicaría en breve, cosa que desconocemos si sucedió. Sin embargo, el solo título nos permite apreciar de qué iba la cosa y la posición ética de Leicht ante sus paisanos.

En el caso del segundo hecho, la quiebra se da en el año de 1924, prácticamente al mismo tiempo que su despido, continuando todavía hasta el año de 1931 tratando de salvar algo de su capital sin tener buen éxito. Por la información con la que contamos Leicht aparecía como acreedor en la quiebra del negocio de Jaspersen, sin que la justicia le reconociera tal calidad y, por lo tanto, le negara poder cobrar lo supuestamente adeudado.

Pero más allá de sus conflictos personales, el doctor Leicht siguió demostrando su capacidad académica y de divulgación al dirigir la revista “Puebla”, órgano oficial del comité que dirigía las celebraciones por el Cuarto Centenario de la Fundación de la Ciudad de Puebla, donde dejó plasmados varios estudios dignos de releer para quitar las telarañas que aún nos siguen impidiendo conocer de verdad la historia de nuestra ciudad y nuestro estado.

Sirvan las precedentes líneas como homenaje al alemán que supo pagarle al suelo que lo acogió con una obra imperecedera, aunque hoy día algunos vivales la reediten para provecho propio, a ciencia, paciencia y conciencia de las autoridades que deberían evitar las publicaciones apócrifas, sobre todo de aquellas que deberían ser protegidas como patrimonio de todos nosotros.

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