Bienvenue ma envahisseur. Alojamiento de oficiales durante la intervención francesa (1ª. Parte)

Sergio M. Andrade Covarrubias

 

La ciudad de Puebla fue durante el siglo XIX el teatro preferido para dirimir las disputas entre facciones políticas rivales, así como bocado apetitoso para los imperios que asaltaron territorio mexicano. De esta forma, el constante trajinar de tropas no debió sorprender a sus habitantes, tan acostumbrados a sufrir las inconveniencias de los conflictos bélicos, con su carga de desabastos, enfermedades, pendencias, vicio, etc., así como la necesidad de alojar a buen número de sujetos junto con sus animales de combate y carga.

De hecho, desde antes el conflicto independentista, y sobre todo a partir de éste, se vio la necesidad de solventar el alojamiento de tropa y oficiales que las mandaban, para lo cual se planteó a cierto número de personas notables la solicitud para mantener durante un tiempo a las tropas que resguardaban la ciudad.

El más notable de todos esos conflictos, por su carga simbólica dentro del sentimiento patriótico, lo fue indudablemente la llamada Intervención Francesa (1862 – 1866), que tuvo como centro militar principalísimo a la ciudad de Puebla, contándose entre los hechos puntuales la batalla del 5 de mayo de 1862, el sitio de marzo a mayo de 1863 y la toma del 2 de abril de 1867, después de los cuales quedó dañada en buena parte de sus edificaciones, tanto casas particulares como edificios civiles y religiosos.

Quizás el más importante de esos hechos lo fue el sitio de 1863, debido a la fuerza militar desplegada en hombres y armamento, así como a las consecuencias sufridas por la población. Recordemos que la ciudad fue entregada a las tropas francesas el día 19 de mayo, bajo todas las reglas del honor militar, dando comienzo así formalmente la ocupación del país.

Después de tomada la ciudad de Puebla, el siguiente paso de los invasores es avanzar hacia la capital del país. En tal circunstancia, una guarnición queda en aquella en espera de nuevos acontecimientos. A partir de ahí y en subsecuentes oleadas llegarán más refuerzos a la capital poblana, ubicándose los distintos jefes en sendas propiedades urbanas. Así, tendremos diferentes fechas de alojamiento y diferentes casas ocupadas.

En este tenor, los primeros predios a ocupar serán algunos conventos y monasterios, para posteriormente distribuirse dentro del casco urbano. Este es un recuento de las casas ocupadas y sus propietarios, según los registros del Archivo Municipal:

  • La casa número 4 de la calle santa Teresa, propiedad del Presbítero Manuel paz y Puente, ocupada de julio de 1863 a octubre de 1864
  • La casa número 1 de la calle del Alguacil Mayor y la número 2 de la Sacristía de la Concepción, propiedad del señor Casarín
  • El ex colegio de san José de Gracia, de Jacinto R. del Castillo
  • La casa de Alcantarilla número 2, de Juan López, junto con el local arrendado a José María Luna, ocupados del 17 de mayo de 1863 al 17 de febrero de 1866
  • El lote número del convento de santa Catalina, de Carlos Mallard, antes perteneciente a Josefa Cuesta de Alatriste, ocupada del 17 de mayo de 1863 al 26 de junio de 1865
  • La casa número 13 de Mesones, de Ignacia C. de Rangel, antes del Cofre de la Catedral
  • Parte del convento de la Concepción, todavía bajo su administración
  • Número 6 de calle de las Peñas. Propietario, Joaquín Téllez, ocupada del 2 de mayo de 1864 al 2 de mayo de 1865
  • Número 2 de la calle de Micieses, de Felipe Becker
  • Número 8 de la calle del Mal Natural, propiedad de Manuel G. Lara, ocupada del 18 de enero de 1865 al 18 de mayo de 1866
  • Calle del Alguacil mayor número 18, de Pedro Rodríguez
  • Número 6 de la calle de Espejo, de Francisco Ruiz, hermano de Joaquín, ministro de Benito Juárez, ocupada del 31 de agosto de 1863 a 30 de abril de 1864
  • Calle segunda de Mercaderes número 9, de José Guadalupe Patiño
  • Las huertas del monasterio de san Pablo, propiedad del general José María González de Mendoza (alias “El Loco”), cuartel maestre republican durante el sitio de Puebla, convertido en simpatizante del imperio.

(continuará)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *