Vinos para días con calor

Los aromas tropicales invadirán sus sentidos y su paladar sucumbirá ante el inobjetable encanto de los blancos.

La Biblia incluye en el tercer capitulo de su libro fundacional, el Génesis, la primera de sus muchas referencia del vino. Tan pronto acaba el diluvio y Dios establece su alianza con Noe y sus descendientes, éste planta una viña en las laderas del Monte Ararat (5,200 m), De hecho, la historia bíblica del diluvio recoge en el primer milenio a, de C. una leyenda épica sumeria que la precede en otros dos mil años. Su progenitora, Gilgamesh, entra en un huerto de vides cuyas uvas son comparadas a piedras preciosas como el rubí o el lapislázuli. Una hermosa tabernera, Siduri, lo seduce ofreciéndole una jarra de buen vino y más tarde sus encantos. Por su parte, Gilgamesh sobrevive al diluvio que inunda las fértiles llanuras de Mesopotámica alcanzando un cierto monte Visir,

Investigaciones arqueológicas recientes confirman que el origen del vino y de su comercio se sitúa, con el de nuestra civilización, en esa amplia región de Oriente Medio limitada al oeste por el Mediterráneo, al norte por los mares Negro y Caspio y al sur por el Golfo Pérsico. El botánico ruso Nicolás Vavilov fue el primero en señalar que la cultura del vino surgió en las laderas meridionales del Cáucaso, donde hoy se sitúa Georgia. La vid silvestre abunda aun hoy en esa región, que sigue produciendo vinos tintos  en tinajas subterráneas similares a las de aquellos tiempos remotos.

Excavaciones próximas a su capital, Tbilisi, han producido semillas de uva que datan del sexto milenio a. de C. es decir, con cerca de ocho mil años de antigüedad.

Sobre los orígenes del vino celebrada en el año 1991 en la bodega Robert Mondavi de Napa Valley, su colega Mary Voigt le propuso reestudiar la cromatografía liquida de alta precisión, los residuos amarillentos de una cerámica neolítica, datada mediante el sistema de carbono radiactivo entre 5,400 y 5,000 años a. de C. y descubierta en Ají Firuz Tepe, un yacimiento situado a 1,200 metros de altitud, precisamente en las montañas Zagros (Irán) en 1968, Ante el asombro emocionado de McGovern, el análisis identifico dos componente esenciales del vino, el acido tartárico y el tartrato cálcico; también descubrió la adición a ese vino neolítico de resina de terebinto (pistacia atlántica), preservante comúnmente utilizado en la antigüedad y aun recomendado cuatro milenios mas tarde por los tratadistas romanos Plinio y Columela para evitar la temida enfermedad del vino, es decir, su conversión en vinagre por las bacterias acéticas.

Existen muchas evidencias arqueológicas y documentales de que el vino producido en el Cáucaso, las cordilleras Zagros y las demás zonas montañosas que rodean por el norte del gran valle formado por el Eufrates y el Tigres, en el actual Irak, bajaba por dichos ríos en vasijas cargadas sobre frágiles barcas construidas con madera y pieles de vacuno hasta Babilonia y las restantes ciudades mesopotámicas como Mari, donde el mejor producto alcanzaba un precio equivalente a diez euros por litro, sólo asequible entonces para los poderosos.

Lastima que algunos políticos sigan sin entender esa relación siete veces milenaria.

Los vinos blancos representan un mundo nuevo y maravilloso por recubrir. Los invitamos a armarse de valor y dirigirse a la “otra” sección: descubrirán la amplía variedad que los blancos tienen que ofrecer; los hay secos, semi secos, dulces, semi dulces, suaves y ligeros y hasta elegantes de cremoso cuerpo.

No teman acudir a un experto para que los guíe en su elección: él los llevará hacia ese momento en que descorchen una fría botella y vean caer en la copa la transparente brillantez del vivo elixir del vino, lo beban y  queden atrapados para siempre.

Los aromas tropicales invadirán sus sentidos y su paladar sucumbirá ante el inobjetable encanto de los blancos.

Nada como los aromas a flores silvestres del campo, las frutas abrazadas por el sol y los sabores a cítricos refrescando el paladar, para acompañar un día de verano y una deliciosa comida. Esta temporada se puede dar cuenta de las bondades del mar con vinos ligeros, de gran frescura y agradable acidez.

También son recomendables los jóvenes rosados: su versatilidad invita a disfrutarlos una y otra vez sus ricos aromas a frutas rojas y refrescante sabor en boca.

Sauvignon Blanc        Para acompañar deliciosamente unos mariscos y platillos ligeramente condimentados.

Chardonay                  Ideal para pescados en salsas ligeras, risotto y pastas en salsas cremosas.

Chenn Blanc               Quesos ligeros, ensaladas y pollo a la parilla.

Grenache Rosado       Muy versátil con la gastronomía. Cocina Oriental, paellas, pastas y para tomarse solo.