Champagne, la bebida preferida de Freddie Mercury

Su imagen se identifica con personas exuberantes y extrovertidas.

Se llama Champagne en Francia, sparkling wine en Estados Unidos, cava en
España. ¿Será champán en Argentina?. Ninguna otra bebida ha desarrollado una
imagen tan hedonística. Su imagen se identifica con personas exuberantes y
extrovertidas.
Su imagen se identifica con personas exuberantes y extrovertidas. Vinificadores,
amantes y coleccionistas de todas clases se han estado empapando con él a
través del siglo XX. Los aficionados gastan pequeñas fortunas para saborear un
gran cuvée. Él porque de tanta pasión tiene que ver con muchos factores.
¿Qué es?
Un vino espumoso es aquel que necesita dos fermentaciones, a diferencia del
vino que necesita sólo una: la primera de ellas permite al mosto transformarse en
vino, la segunda produce las burbujas y por ende lo transforma en espumoso. El
champán es el espumoso por excelencia en el mundo.
Aunque los productores de otros países intenta lograr un estilo levemente
diferente, éste es el punto del cual parten, y a menudo usan las misma uvas:
Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier. Se produce en la comarca de
Champagne en el norte de Francia y fuera de esa zona, ningún otro vino
espumoso puede denominarse champagne; por ese motivo, cada país posee su
propio nombre para esta bebida. Este nombre es considerado una garantía de
calidad, tal que es el único vino DOC que no está obligado a poner DOC en su
etiqueta.
Los champenois (nativos de la zona) no sólo está favorecidos por las perfectas
condiciones de cultivo para el cultivo de vino espumoso, sino que ha pasado
siglos perfeccionando su arte. Son ellos quienes desarrollan el Méthodo de
Champenoise y quienes tomaron el assemblage más seriamente que otros
productores.
La región está en una zona vitivinícola donde el vino lucha para madurar cada
año. Las uvas maduran con una fuerza alcohólica relativamente baja, ideal para
una segunda fermentación, y tiene un alto nivel de acidez, necesario para que el
vino se añeje bien en botella.
Es cierto que el Chardonnay y el Pinot Noir pueden cultivarse casi en cualquier
parte y los vinos se desarrollan bien en laderas gredosas, pero sólo en el norte
francés, influido por el Atlántico, se unen éste y otros factores aunque
precariamente, con un clima al filo de la navaja entre el suceso y el fracaso. Pero
aún así vale la pena correr el riesgo, porque cuando todo va bien el resultado es,
el mejor espumoso del mundo.
¿De dónde viene?
El vino de Champagne se conoce desde la era romana. En el siglo XVII era un
vino tranquilo, blanco o tinto que se vendía en toneles y que hacia la primavera
siguiente a las cosechas mostraba una fastidiosa tendencia a burbujear, echo
generado por la conservación y el transporte.
La invención de la botella gruesa permitió reemplazar la venta en toneles por
botellas. Sin embargo la mala calidad de los tapones y la irregularidad de las
fermentaciones hicieron reventar muchos de esos envases. Para muchos
historiadores, Dom Pérignon (1643 - 1715), monje benedictino procurador de la
abadía de Hautvillers, posee el mérito de comprender el fenómeno de la
fermentación, dominar el ensamble previo de las uvas, regular el añadido del
azúcar y perfeccionar el cierre de las botellas, permitiendo al gas carbónico
disolverse en el vino en vez de hacer espuma.
Aunque los champenios no hayan inventado el vino espumoso, comenzaron a
capitalizarlo en la disponibilidad única que su terrior tenía para el estilo en el siglo
XVII. Los mercados se hallaban por toda Europa y los americanos se
engancharon poco después de que George Washington lo sirviera en 1970. En
el siglo XIX el espumoso fue exportado bajo las marques (marcas) de casas
famosas y la mayor parte del mundo civilizado comenzó a beberlo.
El secreto de su elaboración se coló a otras regiones vinícolas en Francia y
Alemania allá por 1820, pasó hacia América en 1840, y luego a Australia en 1850.
Al comienzo del siglo XX el champagne vivía su era dorada, elaborando 30
millones de botellas al año (un siglo atrás eran sólo 600.000). La tecnología para
producir espumoso en gran escala comercial se extendió a todos los países
productores de vinos, y el mundo se cubrió de burbujas.
A principios del siglo XX, mientras aumentaban las tierras dedicadas a al
vitivinicultura en la región de Champagne y la calidad del producto se hacía cada
vez más elevada, los champenois comenzaron a discutir acerca del nombre
champagne. No sólo había otras naciones llamando así a sus espumosos, pero
otras casas usaban uvas de otras partes de Francia.
Las revueltas de Champagne en 1911 llevaron a este tema a un primer plano, con
productores del Marne y el Aube luchando en las calles de Aÿ. Peor aún, los
viñedos fueron escenarios de guerras de trincheras años después, cuando las
tropas alemanas coparon la región. Las exportaciones sufrieron tras la Primera
Guerra Mundial, cuando se derrumbó el mercado ruso y la prohibición dejó a
EE.UU. y Escandinavia fuera de la partida.
Las ventas domésticas se incrementaron, sin embargo, y las reglas de
denominación de origen controlado (D.O.C.) para el champán fueron establecidas
en 1927. En la Segunda Guerra Mundial las cavas quedaron bajo control germano
y se salvaron por un pelo de la destrucción cuando éstos se retiraron. Muchos
mercados nuevos se abrieron desde los ‘50s, pero a fin del milenio Francia
continuaba bebiendo casi el doble de champán que el resto del mundo junto.