La versatilidad de los corchos

Lo que en México y otros países llamamos “corcho” es, con más precisión, un “tapón de corcho” Hay testimonios arqueológicos de su uso en el antiguo Egipto y la Grecia homérica, pero fue decayendo hasta casi desaparecer y renacer en el siglo XVII, aparentemente en Cataluña, hasta que en 1860 el benedictino francés Dom Pierre Pérignon lo reinventó, si cabe, para tapar las botellas de vinos espumosos. A partir de entonces, aunque muy lentamente, se difundió su uso en la industria vitivinícola.

Aunque el más conocido uso del corcho es el tapón de botellas, es también utilizado por infinidad de industrias dada sus cualidades aislantes, impermeables, elásticas, resistentes, etc. Entre las principales industrias que lo utilizan se encuentran la automovilística, eléctrica, farmacéutica, vestimenta y calzado,pesca, perfumería, amoblamiento, deportiva, etc. El corcho se utiliza no sólo en forma compacta sino como aglomerado, presentado en planchas, tapones,

cerramientos, etc.

Lo que en México y otros países llamamos “corcho” es, con más precisión, un “tapón de corcho” (rolhas, en portugués). Hay testimonios arqueológicos de su uso en el antiguo Egipto y la Grecia homérica, pero fue decayendo hasta casi desaparecer y renacer en el siglo XVII, aparentemente en Cataluña, hasta que en 1860 el benedictino francés Dom Pierre Pérignon lo reinventó, si cabe, para tapar las botellas de vinos espumosos. A partir de entonces, aunque muy lentamente, se difundió su uso en la industria vitivinícola. Hasta ese momento el tapón más utilizado era un cilindro de madera envuelto en un trozo de arpillera, humedecido en aceite para impermeabilizarlo.

Los primeros corchos tenían forma cónica. Recién en 1830 se inventó la máquina que permite la introducción de corchos cilíndricos en las botellas. En 1891 comenzó a producirse en los Estados Unidos el corcho aglomerado, con corcho molido aglutinado por su propia resina. En 1894 comenzaron a fabricarse en Reims los hoy tan conocidos corchos de champagne, conformados por dos discos de corcho “natural” (o sea compacto) y un cuerpo de aglomerado, utilizados mundialmente para los vinos espumosos.

Ellos generan asimismo una variedad de tapones conformados por combinaciones de corcho natural y aglomerado. Y de allí en más nació una gran variedad de tipos de tapones de corchos para vinos, otras bebidas y líquidos varios. Si bien cada fábrica tiene sus propias especificaciones, en términos generales los tapones de corcho para vino se producen en los siguientes

formatos:

Tapones “naturales”: (corcho compacto) largo por diámetro: 54 x 24mm, 49 x

24mm, 45 x 24mm, 38 x 24mm, en calidades standard Extra, Superior, Segunda,

Tercera, Cuarta, Quinta y Sexta. Las medidas más usadas son 45 x 24mm y 38 x

24mm.

Se fabrican asimismo tapones “colmatados” (polvo de corcho unido con cola

para cerrar los poros) en las últimas cuatro calidades (tercera a sexta).

Tapones “técnicos”: normalmente en tres tipos: cuerpo aglomerado, 44 x 24mm

y 38 x 24mm; 1+1, cuerpo de un aglomerado con un disco natural, 44 x 23,5mm y

40 x 23,5mm, en calidades A, B y C; 2+2, cuerpo de aglomerado con dos discos

de natural, con las mismas medidas de anterior.

Tapones para “vinos espumosos”: normalmente de 47 x 30,5mm, en calidades

A, B y C.

Calidades del corcho

El corcho es, sin duda, el material ideal para los tapones aptos para las botellas de vinos tranquilos y espumosos (en los que es insustituible). Su elasticidad permite la perfecta adaptación a los cuellos de las botellas siempre que, claro está estos no presenten imperfecciones que lo impidan o perjudiquen. Además el corcho no envejece y mantiene sus cualidades a través del tiempo.

Es químicamente inerte, inocuo para la salud, resistente, asegurando el hermetismo del cierre, permitiendo la conservación del vino y la calidad del proceso de añejamiento que se realiza en la botella. Si alguna vez el vino proceso de añejamiento que se realiza en la botella. Si alguna vez el vino presenta el llamado sabor “acorchado” ello se debe, en la mayoría de los casos, a factores ajenos al corcho, además es reciclable y biodegradable.

Como se ha mencionado es común usar el término “vino acorchado”, cuando el vino presenta un sabor rancio, sabor que se puede formar en las fuentes más diversas, especialmente en el TCA (2,4,6 Trichloroanisol) un agente químico que se encuentra en muchos alimentos y bebidas y dan gusto a cartulina rancia y húmeda. Las investigaciones han encontrado dicho agente en botellas de agua mineral, botellas d e vinos con tapas rosca, latas de gaseosas, comidas envasadas, pasas de uvas y en otros productos.

En la actualidad se sabe que el TCA nace de la actividad de microorganismos como la Penicilina y el hongo Trichoderma, que se desarrollan en productos purificados con cloro, es decir en aquellos productos en que están presentes los fenoles, el cloro, y el hongo, el riesgo de contaminación por TCA es relativamente frecuente.

Los corchos de materiales plásticos, que comienzan a difundirse en la vitivinicultura a principios de la década de 1990, si bien han provocado una revolución y encontrado un nicho importante en los vinos de consumo rápido y bajo precio, aún no han demostrado sus cualidades en los procesos de

añejamiento y maduración, sobre todo a largo plazo. Aunque parezca una reflexión intelectual, la polémica instalada en el tema se inserta esencialmente en dos actitudes culturales diferentes respecto tanto a la ecología como a las tradiciones del vino. Lo que sí es indudable es que vidrio y corcho forman parte indisoluble del concepto “vino” que tienen la gran mayoría de los consumidores.

 

Fabricación de corchos

La fabricación de los tapones de corcho sigue los siguientes pasos:

1. Las planchas cosechadas deben estabilizarse. Para ello se

clasifican en sus distintas calidades, se apilan expuestas al

sol, el viento y la lluvia, durante seis o más meses. Durante

dicho período, el corcho elimina la mayor parte de su savia,

los polifenoles se oxidan y la textura se estabiliza.

2. Luego las “planchas” son atadas en paquetes y se “cocinan” en agua caliente, constantemente renovaba, aproximadamente una hora a unos cien grados. La cocción tiene como fin eliminar impurezas, bacterias e insectos (por ello la renovación permanente del agua), así como dar mayor uniformidad, resistencia, volumen (aumenta un 20% aproximadamente), elasticidad y suavidad al corcho.

3. Una vez “cocidas” las planchas se dejan secar tres semanas en locales con humedad y temperatura controladas. Luego se cortan a fin de darles forma rectangular y se clasifican por calidad y grosor.

4. Comienza entonces la fabricación propiamente dicha de los corchos. Las planchas se cortan en tiras y con una máquina sacabocados se obtienen los tapones de las mismas. Las planchas regulares son perforadas a mano.

Se recortan las puntas de los tapones y se pulen. Con los sobrantes se elabora el granulado para los aglomerados. Y con el resto final se fabrican materiales aislantes y para la construcción.

5. Los tapones son revisados a fin de eliminar aquellos que presenten imperfecciones que dificulten el embotellado y se clasifican por calidades. Estos controles se realizan tanto en forma fotoeléctrica como visual.

6. Se procede entonces al lavado y desinfección de los corchos en una solución de agua oxigenada que, actualmente está siendo reemplazada por microondas u ozono.

7. Limpios ya se secan en hornos especiales a fin de reducir su humedad a menos del 7%, con métodos que llegan hasta el centro del mismo corcho.

8. En último lugar se realiza la selección final, se marcan de acuerdo a las especificaciones del cliente, reciben una capa de parafina o silicona que permite su más fácil colocación en las botellas, se cuentan automáticamente y se embalan en bolsas al vacío, sanitizados previamente por gas dióxido sulfúrico.