Lo que en México y otros países llamamos “corcho” es, con más precisión, un “tapón de corcho” Hay testimonios arqueológicos de su uso en el antiguo Egipto y la Grecia homérica, pero fue decayendo hasta casi desaparecer y renacer en el siglo XVII, aparentemente en Cataluña, hasta que en 1860 el benedictino francés Dom Pierre Pérignon lo reinventó, si cabe, para tapar las botellas de vinos espumosos. A partir de entonces, aunque muy lentamente, se difundió su uso en la industria vitivinícola.

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