El fracaso de la planeación urbana

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Tercera Parte

Milagro en Puebla: Contra el Estado de despojos y crímenes la acción civil inteligente y organizada

Las fotografías sí pueden marcar el paso del tiempo, son espejos insobornables que revelan  cuánto puede cambiar un rostro, una ciudad. Y que no hay engaño posible.

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A la vista esta vieja fotografía de la ciudad de Puebla, en 1937. La mandó tomar mi abuelo, el doctor Sergio Guzmán Esparza cuando era presidente municipal. No duró mucho en el cargo, pues el gobernador Maximino enfureció por el hecho de que en unos meses el doctor puso en números negros las finanzas de la Tesorería municipal, y  lo mandó matar. Así de fácil era. Mi abuelo renunció al cargo en 1938, sobrevivió a la ira del dictador teziuteco, quien se conformó con verlo salir de la alcaldía a su casa con una copia de esa fotografía, con su escudo poblano muy formal, su rosa de los vientos y su texto que da testimonio de la iniciativa de sobrevolar aquel caserío que guardaba todavía la compostura de su trazo colonial.

El abuelo la colgó en su salón de villar en la azotea de su casa en el barrio de Santiago, en la esquina de la 11 Poniente y la 15 Sur. Monumental, la veíamos de niños sus nietos en 1965, colgada en uno de los rincones de aquel salón de ensueño que tenía el abuelo. Con una lupa jugábamos a identificar a los liliputienses que caminaban por aquellas calles blancas o imaginábamos que salía de su casa en Xonaca aquel tipo que mandaba en la ciudad con tal descaro que mandaba arreglos florales a las viudas que velaban a sus maridos asesinados por él. O mejor volábamos con el avión por los rumbos insospechados de los volcanes a los que poco veían nuestros ojos de niños.

Era una ciudad pequeña y asoleada tomada al vuelo en una mañana de julio de 1937, todavía con los campos sembrados cercándola a la altura de la 23 poniente en El Carmen y la 25 Sur en la Avenida Juárez, aquel prócer mirando los maizales desde su cuerpo prestado de otra estatua de la que descabezaron a Benjamín Franklin, un don Benito que no veía la hora en que finalmente lo alcanzara la ciudad. No esperaría mucho tiempo.

Setenta y seis años después bajo de Google Earth estas dos fotos del satélite con la vista del valle de Puebla-Tlaxcala. A la izquierda, 1984, la mancha gris de la ciudad se pierde contra el verde del campo; la metrópoli ya es, pero todavía en una escala menor, que no se ha desbordado sobre Tlaxcala, le queda lejos Valsequillo y los pueblos cholultecas guardan su parsimonia rural. A la derecha, 2013, refleja el concreto delirante extendido como cáncer sobre los pueblos alcanzados por carretera: las Cholulas han caído, la orgullosa Tlaxcala se descuelga desde Zacatelco y Santa Ana Chiautempan, igual que la ruta Amozoc-Tepeaca, y Texmelucan, al tiempo; Valsequillo, arrugado en el lirio es la frontera que contiene a los caseríos proletarios en el suroriente, que no ve venir desde el poniente la voracidad espesa de los fraccionamientos residenciales de Lomas de Angelópolis.

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También marcan el paso del tiempo las estadísticas:

En 1940 la ciudad de Puebla tenía según INEGI 148 mil habitantes.

En 1950 llegó a 234 mil.

En 1970 alcanzó los 546 mil.

En 1990 rebasó el millón siete mil.

Ahora tiene 1 millón 550 mil. Y se calcula que todos los días entran a la ciudad más de un millón de personas desde la zona metropolitana.

Y más números demoledores:

En 1970 vivían en el centro histórico de la ciudad 300 mil personas. Hoy no duermen ahí más de 120 mil.

Y en ese mismo 1970 había 230 personas por hectárea en el municipio de Puebla. Hoy no hay más de sesenta.

¿Cómo ha ocurrido esto?

¿Imaginamos que el campo era inagotable?

 

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A la vista un hecho histórico inconstetable, como las fotografías de nuestro crecimiento inalterado: el fracaso del ordenamiento territorial. Apunto algunos elementos que lo identifican:

  • Expansión a costa de la tierra campesina y los pueblos originarios. Quiebra sociedad rural.
  • Especulación inmobiliaria criminal impulsada desde los gobiernos.
  • Planes de desarrollo al margen de las instituciones generadoras de conocimiento.
  • Imposición de la lógica del capital contra el interés público.
  • Aplazamiento de problemas estratégicos: rehabilitación del bosque en la Malinche e Izta-Popo, agua potable sustentable, saneamiento Valsequillo, crecimiento armónico ciudad-campo.
  • Crecimiento desbordado, económica y ecológicamente insostenible, con consecuencias ambientales y sociales catastróficas.

 

 

El paso del tiempo en la ciudad de Puebla: 1803-2005

 

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Resumo nuevamente lo que llamo “la derrota campesina”:

El área metropolitana de la ciudad de Puebla abarca ya 23 municipios, de los cuales 10 son poblanos y 13 tlaxcaltecas.

35 por ciento de ese territorio ha pertenecido a 87 ejidos fundados sobre poco más de 59 mil hectáreas y con alrededor de 19,450 ejidatarios; como no más del 7 por ciento de esa tierra es de riego, la agricultura que se genera es de subsistencia.

Son más de 32 mil productores y, contra lo que pudiera pensarse, seis mil de ellos pertenecen al municipio de Puebla, poco menos de la quinta parte.

De 1976 a 2005 la zona urbana pasó de 6 mil 550 a 18 mil 248 hectáreas, lo que equivale a 1.1 hectáreas de tierra urbanizadas diariamente durante esos 29 años. Y precisa: durante ese periodo se transformaron en zona urbana 7 mil 78 hectáreas de agricultura de temporal y 635 hectáreas de agricultura de riego y bosques cultivados.

De esta forma, las tierras agrícolas aportaron en su conjunto 66 por ciento de la superficie.

 

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La otra cara de esta derrota: la pobreza urbana guardada en los asentamientos irregulares año 2000:

En regularización: 113. Irregulares: 132. Total: 70.4 Km cuadrados.

 

 

2010, el mapa de la irregularidad y el rezago:

Las cifras que le dan a Gali: 160 asentamientos irregulares. Apenas 17 regularizados en 13 años.

160 o 200, sean las que sean, son el retrato fiel del fracaso de la planeación del desarrollo urbano.

 

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En el fracaso de la planeación apunto dos momentos históricos y un hecho fundamental:

Primero, la intervención desarrollista: 1960-80. Con el decreto de 1962 que corrió las fronteras de la ciudad a costa de los municipios cholultecas y los pueblos de Valsequillo. Con el eje industrial-carretero (VW-Autopista), que acabaría por emplazar el desarrollo fabril en el norte de la ciudad, con los corredores tlaxcaltecas hacia Zacatelco y Santa Ana Chiautempan. Y con la inversión en equipamiento e infraestructura urbana: el entubamiento criminal del río San Francisco; las Avenidas Hermanos Serdán y 5 de Mayo; los estadios con su monumento al Taco; la CAPU embutida contra el llamado Bloulevard Norte, la Central de Abastos en San Pablo Xochimehuacán, y por años sin acceso desde la autopista; los mercados periféricos tardíos y nunca terminados para enfrentar la movilización social de los comerciantes de la 28 de Octubre.

Consecuencia está a la vista: conurbación Puebla-Tlaxcala y el hacinamiento de las colonias populares en el corredor Xoxtla-Cuautlancingo-Papalotla-Caleras- Hueyotlipan-San Pablo del Monte-La Resurrección-Xonacatepec-Chachapa-Amozoc

 

Segundo, la intervención despótica 1991-1995. El llamado entonces Programa Regional Angelópolis, fundado en una primera expropiación federal de más de mil hectáreas en San Pedro y San Andrés Choula con el gobierno de Piña Olaya, recuperada y extendida después formalmente por Manuel Bartlett. El proyecto se presentó con un objeto principal de ordenamiento urbano, con la definición de un programa completo de vialidades que incluía el Periférico Ecológico y con la inversión estratégica en la modernización del sistema de agua potable y saneamiento.

Expropiación de tierra campesina con cambios de uso de suelo hacia los usos comercial y habitacional-residencial que contradicen la causa de utilidad pública y dejaron de lado los propósitos de reordenamiento urbano, que precisamente no lo fue, pues dejó las regiones norte y suroriente por completo fuera del proyecto.

Conflicto territorial por decreto 1962 no resuelto.

Crecimiento anárquico conurbación cholulteca.

Consecuencia: especulación inmobiliaria y crecimiento hacia zonas de urbanización inviable (Valsequillo)

Y por último, como hecho fundamental, la oportunidad perdida: la negación del conocimiento generado desde los centros de investigación de las universidades locales –al final, uno de los principales valores del Estado de Puebla– para la investigación y la planificación del desarrollo de la ciudad.

– La pérdida por ausencia: 1950-1990.

– La pérdida por política: Bartlett y  los 34 millones de dólares al consultor Mackensy en los años noventa. La burla con los COPLADES y las llamadas contralorías sociales, abandonadas por el gobierno estatal y municipal por lo menos en todo lo que va del nuevo milenio.

– La criminal ausencia: los años marinistas. Aquí apunto, además, y para subrayarlo, el involucramiento de los rectores de la Universidad Autónoma de Puebla Dóger y Agüera, quienes, reconvertidos en políticos, se han vinculado directamente en el proceso inmobiliario y han logrado exponer a la institución pública como un ente cada vez más alejado de la problemática social de la ciudad, a pesar de los esfuerzos probados de académicos como los descritos en esta ya larga reseña del Milagro catastrófico de Puebla.

Consecuencia: desvinculación de las instituciones del conocimiento especializado local del proceso de planeación del desarrollo urbano. A la precariedad social, la precariedad del conocimiento.

 

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De esto he hablado en un foro organizado por el equipo de transición de Tony Gali. No creo en los foros. Diré mejor, no creo en los políticos que realizan foros. Bartlett hizo foros. Y Melquiades, ¡y Marín! Ni qué decir que Moreno Valle escuchó mil opiniones.  Alguna ventaja tenía Maximino: no hacía foros. No le preguntaba a nadie qué había que hacer.

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¿Por qué participo en este Foro? Me pongo serio. He leído esto en el foro:

Quiero contribuir en la construcción de una alternativa al Estado patrimonialista y despótico que conocemos. Un gobierno que se piense Estado democrático. Una alianza Gobierno-Organizaciones de la sociedad civil-Universidades para la investigación y la planificación del desarrollo urbano.

Una fotografía que nos revele una sociedad distinta dentro de treinta años.

Difícilmente estaré aquí dentro de treinta años.

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Leí un párrafo de la segunda parte de esta crónica iniciada hace dos semanas (http://mundonuestro.e-consulta.com.mx/index.php/cronica/item/milagro-en-puebla-la-derrota-campesina)

Mirar la ciudad desde sus extremos:

Dos fronteras campesinas sometidas por todas las pasiones que se contienen en el frío par de vocablos tan antiguo como la primera de las guerras: especulación inmobiliaria. Las dos mantienen sus maizales y quelites. Las dos prueban la derrota de los pueblos: la pérdida sistemática del uso campesino económico y cultural de la tierra por procesos estructurales catastróficos en sus consecuencias sociales y ambientales.”

Pero desde ahí intento una nueva manera de mirar la ciudad:

Una investigación social y urbana, sistemática, rigurosa, desde la universidad pública como centro de producción de conocimiento vinculado a la realidad mexicana.

Especialistas que construyen con las familias en los barrios pobres alternativas en vivienda, saneamiento y salud sustentables.

Activistas de organizaciones civiles que respaldan con su experiencia y capacidad la generación de movimientos sociales que construyen un mejor país.

En este mismo reportaje hemos documentado dos esfuerzos que permiten mirar así a la ciudad:

  • Proyecto San Juan Tulcingo (Saneamiento) BUAP

http://tinyurl.com/m8jfzku

http://tinyurl.com/mw9w85o

  • Proyecto San Andrés Azumiatla (Vivienda)  BUAP/UDLA

http://tinyurl.com/kqrkp95

  • CECACVI/ Escuela de Enfermería BUAP  (Salud)

 

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En la coyuntura de otoño del 2013, ¿otra planeación posible? Tal vez la que está a la base del recientemente aprobado Plan de Gestión Ambiental desarrollado por el Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN). O los estudios que sentaron las bases de la Declaratoria del Tentzo y del proyecto de Humedales de Valsequillo, dinámicas desarrolladas por Amy Camacho en su paso breve por el gobierno de Moreno Valle.

Pero ninguna ha estado asociada de manera institucional y regulada en ley a las instituciones de educación superior y sus institutos de investigación científica. Ni a la participación de las organizaciones de la sociedad civil. Ni mucho menos a los grupos organizados en las colonias de la metrópoli, con sus historias particulares y su conocimiento de la problemática concreta acumulado año tras año de vivir en la precariedad material y legal.

Por ello la propuesta de convertir al IMPLAN en un instituto de Estado con las características siguientes:

Organismo autónomo intermunicipal facultado en ley.

Independiente de los gobiernos.

Financiamiento público para la investigación regulado en ley.

Participación decisiva de institutos de investigación científica.

Participación decisiva de organizaciones de la sociedad civil.

Para construir el milagro de una ciudad de Puebla metropolitana democrática e inteligente, aliada de sus pueblos originarios y solidaria con sus ciudadanos pobres.

La inmensa mayoría de sus ciudadanos.

 

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