Archiv para octubre, 2013

Milagro en Puebla: la derrota campesina

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Segunda parte

Contra el Estado de despojos y crímenes la acción civil inteligente y organizada

La ciudad desde sus extremos

San Juan Tulcingo y San Andrés Azumiatla son los extremos norte y sur de la ciudad. Uno es un asentamiento irregular creado en 1976 por campesinos tlaxcaltecas en tierras de hacienda compradas en 1926, y que ve venir la expropiación por el paso del Arco Norte del Periférico; el otro es un pueblo originario trepado en una cañada de la serranía del Tentzo que ve cómo la ciudad cruza el río Atoyac  y desborda el lago de Valsequillo para tomar la tierra por la buena o por la mala. Y con la policía y el block para las bardas en la mano.

Como un líquido espeso vertido en la tierra, la ciudad se expande y no encuentra obstáculos ni en las leyes del desarrollo urbano ni en los marcos legales de la tenencia de la tierra. No valen esfuerzos como la Declaratoria del Área Natural Protegida “Humedal de Valsequillo”, que debe regular con criterios ambientales los usos de suelo en la región sur de la ciudad, y sí los mecanismos rapaces del capitalismo salvaje en el que vivimos.

Dos fronteras campesinas sometidas por todas las pasiones que se contienen en el frío par de vocablos tan antiguo como la primera de las guerras: especulación inmobiliaria. Las dos mantienen sus maizales y quelites. Las dos prueban la derrota de los pueblos: la pérdida sistemática del uso campesino económico y cultural de la tierra por procesos estructurales catastróficos en sus consecuencias sociales y ambientales.

Pero desde ahí intento una nueva manera de mirar la ciudad.

 

Dos miradas

Agustín, en el extremo norte

“Llevo treinta años en esta lucha –me dice Agustín, un hombre de sesenta años, obrero textil, despedido en 1996 de una fábrica de Manantiales en quiebra, y que ha hecho cabeza de la colonia San Juan Tulcingo en su demanda por la regularización municipal–, treinta años mirando el pleito entre Puebla y  Cuautlancingo por el reconocimiento territorial. Uno dicen: tú pagas el predial allá, ¿cómo nos pides el drenaje? Y el otro replica: tú votas en Puebla,  ¿por qué tengo que arreglarte la calle? ¿Entonces? No señor, ya no puedo, ya estoy cansado, ya no les creo nada…” 

 

En el recuadro amarillo, la colonia irregular San Juan Tulcingo

San Juan Tulcingo es una calle larga que serpentea con no más de cuarenta, cincuenta casas, y no más de 350 habitantes. Todavía se rodea de maizales que empiezan a secarse en octubre. Para llegar hay que tomar la carretera a Tlaxcala, pasar a un lado de Barranca Honda y dejar atrás San Cristóbal Tulcingo, cruzar la barranca, profunda en serio, y tomar a la derecha por una unidad habitacional de construcción reciente, con casas de un solo piso, para cruzar después la vía del tren por un paso inferior. En una loma rodeada de milpas con rumbo a san Miguel Tenancingo está la colonia.

 

Trepada en una loma. A lo lejos, Barranca Honda.

“No somos ni de aquí ni de allá –me dice Paula, esposa de Agustín–, rebotamos como pelota y ya no sabemos ni quiénes somos.”

Paula mide el tiempo de la colonia con la vida de sus nietas y con la propia. Ella nació en los años cuarenta, justo cuando su padre, Tiburcio González y un grupo de cuarenta campesinos nacidos en Tenancingo lograron escriturar los terrenos que compraron al hacendado de San Juan Tulcingo en 1926. Me muestran el testimonio notarial del 22 de agosto de 1945 firmada por el Juez de lo Civil y Notario de Cholula Armando Ceballos García. Pertenecen al municipio de Cuautlancingo.

“La luz la logramos meter en 1998, cuando nació Karinita…”, dice muy satisfecha Paula.

“Yo ya estoy desesperado –sigue Agustín–. ¿Por qué el gobierno no ve lo que pasa? El presidente de Cuautlancingo le dijo a ese señor Gali ‘no te metas con la tierra de mi municipio’, pero cuando lo vamos a ver para que nos apoye con los biodigestores y el drenaje que propone la doctora Lourdes Flores de la BUAP, no nos recibe. Y por aquí pasó Blanca Alcalá y prometió. Y ahora recién vinieron Paty Leal y la esposa de Gali, y prometieron. Pero ninguno dice cuándo…”

San Juan Tulcingo y toda esta franja movediza de la frontera entre Puebla y Tlaxcala ve venir ahora sí el Arco Norte del Periférico. Y a Paula y Agustín les expropiarán por lo menos 400 metros cuadrados, pues su terreno es largo y delgado (700 por 14), y va a dar por el sur hasta las líneas de alta tensión que corren junto a la vía férrea y cuyo derecho de vía se utilizará para la avenida. Al norte colindan con los tlaxcaltecas de Tenancingo.

El plano testimonio de la propiedad de San Juan Tulcingo.

“Esos dicen que esta tierra pertenece a Tlaxcala –termina Agustín–. Había un monumento con la fecha de creación de nuestra colonia, de 1974, pero ellos lo destruyeron, y luego tumbaron las moneras. ¿Y qué hace Cuautlancingo? Nada. Yo ya estoy cansado, señor.”

Un labriego, en el extremo sur

Encuentro su testimonio en la prensa del año 2009:

“Si quieren hacer casas, que las hagan. ¿Pero por qué tiene que ser a costa del campesino? Mientras ellos se hacen cada vez más ricos, nosotros seguimos siendo más pobres. Pedimos que intervenga el gobierno porque la gente ya se está cansanda de no poder transitar, de estar incomunicados, de los despojos. Los Flores Escalona no lo saben, pero el día que el pueblo se canse van a amanecer linchados.” (Testimonio tomado del reportaje de Javier Puga “Se comprueba que guardias blancas custodian 400 has. de tierra de Pacheco”, La Jornada de Oriente, 12 de enero de 2009.)

San Andrés Azumiatla y el territorio campesino del despojo

El labriego sabe de lo que habla.

Desde el año 2005 los campesinos de San Andrés Azumiatla sienten el acoso de la ciudad. A las cuatrocientas hectáreas que custodian algunos de ellos para los hijos del político (ex presidente municipal y ministro de justicia) Guillermo Pacheco Pulido, se suman las que ya ocupan los asentamientos irregulares apoyados por Antorcha Campesina conocidos como Tlacaelel y Cuitlahuac, en tierras cuyos colonos compraron al parecer a pequeños propietarios de Santa María Malacatepec, y pertenecientes al municipio de Santa Clara Ocoyucan, y que mantienen en disputa los dos pueblos. Ninguno de las dos existía en el año del 2006. Asentados junto a la carretera que lleva a San Andrés, a tres kilómetros del pueblo, y a pesar de que en esas colonias viven ya más de 500 familias, no cuentan con agua potable ni drenaje, ni mucho menos banquetas, guarniciones, pavimento, alumbrado público.

Los dos caseríos se asoman a un enorme descampado totalmente bardeado y cercano a las 150 hectáreas, y que desde la carretera va a dar hasta el río, justo donde inicia propiamente el lago de Valsequillo. El predio se conoce como “Ex Hacienda Chavarría”. Después de que la policía del gobierno de Mario Marín desalojara con violencia a un grupo de campesinos de San Andrés que todavía hoy lo reclaman como suyo, llegaron los albañiles. Y bardearon todo ese descampado, por los dos lados dese la carretera, hasta el lago.

Y sea quien sea el propietario, la gente en el pueblo afirma que es de Mario Marín.

Pero mientras averiguan, y sobre cualquier cosa, la tierra se vende. Los ofrecen para una colonia “Juquila”, a un par de kilómetros del puente de la 11 Sur en el río Atoyac, y más allá de San Andrés, rumbo de Los Ángeles Tetela, en lotes de 200 metros con un costo de 115 mil pesos (575 pesos el m2).

¿Título de propiedad? No se preocupen, ya firmaron las minutas los señores ejidatarios.

Los nuevos asentamientos en San Andrés Azumiatla.

En el año 2006 todavía no existen Tlacaelel y Cuitlahuac.

 

En el 2013, los dos asentamientos crecen al lado del terreno bardeado hasta el lago.

 

El descampado convertido en propiedad privada. La muralla. La colonia Cuitláhuac

 

La mirada larga

Vale continuar con la vista aérea. La mirada que compara 1984 con el 2013, treinta años de crecimiento desbocado en el área metropolitana de la ciudad de Puebla.

 

El valle de Puebla-Tlaxcala en 1984

La Zona Metropolitana de Puebla en 1984.

El Valle de Puebla-Tlaxcala en el 2013

 

La Zona Metropolitana de Puebla en el 2013

 

Las cifras de la extinción agraria

Uno de los extremos de la ciudad es su crecimiento irracional y caótico, casi siempre ilegal, económica y socialmente catastrófico, expresión del fracaso de los planes de ordenamiento del desarrollo urbano. Y es una ciudad que se abalanza sin freno sobre el territorio de la pobreza campesina.

El otro es el de la acción civil organizada que se funda en la investigación social especializada, como la que exponen los investigadores del Colegio de Posgraduados y de la BUAP de José Alvaro Hernández–Flores, Beatriz Martínez–Corona, José Arturo Méndez–Espinoza, Ricardo Pérez–Avilés, Javier Ramírez–Juárez y Hermilio Navarro–Garza, en su texto Rurales y periurbanos: una aproximación al proceso de conformación de la periferia poblana, que se puede leer en la liga http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1405-74252009000300011) y que ilustra la pobreza en la que sobreviven los campesinos de la región, ajenos a la explosión capitalista que generan sus tierras y expuestos al acoso de la especulación inmobiliaria que promueven de la mano de los políticos las empresas inmobiliarias.

Por principio, la magnitud del territorio campesino ejidal. El área metropolitana de la ciudad de Puebla abarca ya 23 municipios, de los cuales 10 son poblanos y 13 tlaxcaltecas, según se aprecia en esta gráfica del 2005, que también da idea de los desniveles económicos entre Puebla y sus vecinos:

gráfica municipios zona metropolitana puebla

35 por ciento de ese territorio ha pertenecido a 87 ejidos fundados sobre poco más de 59 mil hectáreas y con alrededor de 19,450 ejidatarios; como no más del 7 por ciento de esa tierra es de riego, la agricultura que se genera es de subsistencia.

Según INEGI, son más de 32 mil productores y, contra lo que pudiera pensarse, seis mil de ellos pertenecen al municipio de Puebla, poco menos de la quinta parte.

Según el investigador Roberto Cabrales, citado por estos autores, de 1976 a 2005 la zona urbana pasó de 6 mil 550 a 18 mil 248 hectáreas, lo que equivale a 1.1 hectáreas de tierra urbanizadas diariamente durante esos 29 años. Y precisa: durante ese periodo se transformaron en zona urbana 7 mil 78 hectáreas de agricultura de temporal y 635 hectáreas de agricultura de riego y bosques cultivados. De esta forma, las tierras agrícolas aportaron en su conjunto 66 por ciento de la superficie transformada en zona urbana. Otro 31 por ciento provino de pastizales y agostaderos.

“Según datos del Colegio de Arquitectos del Valle de Puebla (CAVAPAC) –dice el estudio–, al final del año 2000 se detectaron 245 asentamientos irregulares en la periferia poblana, de los cuales 224 eran asentamientos consolidados y 21 estaban en proceso de consolidación. Del total de asentamientos registrados en este estudio, 53 por ciento se asientan en terrenos de origen ejidal o comunal y 47 por ciento en terrenos privados, los cuales ocupan un área de 70.84 kilómetros cuadrados. Lo anterior sin contar los 152 asentamientos localizados en zonas de alto riesgo. De acuerdo con este estudio, de continuar esta tendencia de crecimiento irregular, la ciudad se extenderá en los próximos veinte años a un promedio de 3.3 kilómetros cuadrados, lo que significa que para el año 2020 la superficie irregular adicional será de 66 kilómetros cuadrados, que añadidos a los 28 kilómetros cuadrados susceptibles de ser incorporados al crecimiento urbano, sumarán 92 kilómetros cuadrados, superficie similar al área de Puebla en 1982

Luego, las cifras de la pobreza:

Cifras de Conapo  señalan que de 313 localidades pertenecientes a los municipios que conforman la zona conurbada de la ciudad de Puebla, 147 registra un grado de marginación catalogado como “alto” y 35 un grado “muy alto”; 75 acusan un grado de marginación “medio”; en tanto 43 registran un grado “bajo” y 13 un grado “muy bajo”. De los datos anteriores se desprende que 58 por ciento de las localidades no ha mejorado sus condiciones de vida no obstante el avance de la urbanización y de la presencia de la ciudad.

 

Casas campesina en San Andrés Azumiatla (Fotos de la investigación del equipo de trabajo UDLA-BUAP coordinado por la Dra. Julia Mundo Hernández)

 

Voracidad y caos

Y el avance sigue, y no tiene más ruta que la tierra campesina. Según cuentas del Colegio de Arquitectos del Valle de Puebla, el ritmo actual de crecimiento es de 3.3 kilómetros cuadrados al año, así que para el 2020 la llamada mancha urbana ocupará 98 kilómetros cuadrados sobre los existentes en el año 2000, una extensión similar a la que ocupaba hace treinta años, en 1984.

Y contra cualquier plan de ordenamiento urbano, el crecimiento va montado en la proliferación de los asentamientos irregulares. Aquí algunas cifras que se encuentran en el buscador de google:

El Ayuntamiento de Puebla registró en el 2008 más de dos mil colonias, contra 400 que existían en 1998, asentadas ya en el 70 por ciento del territorio municipal (Sol de Puebla, 7 de julio del 2008)

Según el Registro Agrario Nacional en los últimos diez años se han creado más de 200 asentamientos irregulares en el municipio de Puebla. (RAN 10 de junio de 2009.)

Arturo Barbosa Prieto, presidente del Consejo Ciudadano de Desarrollo Urbano, afirma que el 60 por ciento del crecimiento de la ciudad en la última década es irregular. (Sol de Puebla, agosto del 2013)

La Dirección de Bienes Patrimoniales del Ayuntamiento de Puebla en este 2013 le reporta a la Comisión de Transición del presidente electo José Antonio Gali Fayad los siguientes números:

16 asentamientos regularizados por la administración del Alcalde Rivera

160 colonias irregulares registradas.

27 colonias en proceso de regularización.

 

1 anexo

 

 Colonias regularizadas por la administración de Rivera

 

2 anexo

 

3 anexo

 

4 anexo

Colonias irregulares registradas por el Ayuntamiento

 

Colonias en proceso de regularización, 2013

 

(Continuará con Tercera parte)

 

La ciudad en sus extremos

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foto barda y colonia en San Andrés Azumiatla

 

 

Contra el Estado de despojos y crímenes la acción civil inteligente y organizada

Primera Parte

Esta es una historia de nuestros extremos urbanos, radicales en sus promesas y sus engaños. Es una historia de fronteras y abismos: la de la ciudad cercada por sus crímenes y culpas, plantada, sin embargo, desde la esperanza que impulsa a los desheredados a construir un mejor destino.

Dos extremos: San Andrés Azumiatla, en el sur campesino colgado de la serranía del Tentzo, y San Juan Tulcingo, un asentamiento de tlaxcaltecas de San Miguel Tenancingo en territorio poblano. Dos fronteras campesinas sometidas por todas las pasiones que se contienen en el frío par de vocablos tan antiguo como la primera de las guerras: especulación inmobiliaria.

La vemos en esa  estirada línea blanca de block ribeteado de pintas electorales: a la derecha el asentamiento irregular Cuitlahuac, apenas con dos años de vida, y respaldado por Antorcha Campesina; a la izquierda el baldío propiedad de prominentes políticos poblanos, expertos en la planeación del crecimiento de la ciudad, ellos mismos la expresión última de una línea larga que arranca con Maximino Avila Camacho y sigue por el lustroso apellido de los gobernadores Bautista y pasa por los Pachecho Pulido, Piñas Olayas, ex rectores de la universidad pública y Marines, asociados todos y siempre con propietarios hacendados e industriales reconvertidos en promotores de bienes raíces, en una estricta historia de despojos e ignominia.

 

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La veo en la mujer que espera el camión que la llevará a la ciudad, con el bebé a la espalda y una mochila estudiantil al hombro, que no duda cuando le pregunto por el propietario del enorme baldío al otro lado de la barda que contiene a su colonia:

–Ah, señor, es de ese Marín…

Y no dice nada más.

 

Y yo la veo trepar al autobús y cargar con ella la historia de una ciudad injusta y vil, la de los lodazales de su colonia Cuitláhuac resultado de la especulación con  terrenos ejidales promovida desde los gobiernos y por los políticos, con el fracaso del ordenamiento del crecimiento urbano y la condena a la precariedad para miles y miles de familias poblanas.

 

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Pero esta historia también tiene otros extremos: los que promueven dos mujeres jóvenes y capaces desde sus doctorados en urbanismo, dos académicas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, convencidas de que la investigación social, las tecnologías de construcción sustentable y la acción civil organizada pueden regenerar esta ciudad de extremos y romper con esta inercia absurda y criminal del Estado de despojos que nos hemos dado.

María de Lourdes Flores Lucero, arquitecta por la BUAP y doctora en Gestión y Valoración Urbana por la Universidad Politécnica de Cataluña, miembro del Sistema Nacional de Investigadores, con su obstinación por construir un sistema de saneamiento de aguas negras con la instalación de biodigestores en la colonia San Juan Tulcingo.

Y Julia Mundo Hernández, egresada de la UDLA y Doctora en Arquitectura por la Universidad de Nottingham , en el Reino Unido, decidida a construir junto con las enfermeras del Centro Comunitario para la Atención y Cuidado de la Vida(CICACVI) de la BUAP, en San Andrés Azumiatla, un prototipo para la autoconstrucción de vivienda campesina saludable.

De eso se trata esta historia, no sólo de la trayectoria de despojo, especulación y fracaso de los proyectos de ordenamiento urbano que hemos visto en los últimos ochenta años, esa historia que debemos conocer a fondo y de la mano de los historiadores y urbanistas, sino también la historia de construcción de alternativas a la pobreza y marginación desde la investigación social y la organización civil.

(CONTINUARÁ)

Cólera en México: memoria en tiempo presente

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foto

Es una memoria en tiempo presente: el reflejo del sol en  las asequias y canales, estanques y jagüeyes, en el agua inocente y mortal de la estupidez humana. Invisible, como el olor rancio de la miseria. Llega de tiempo en tiempo, asomada por supuesto en las fotografías de los funcionarios públicas que anuncian severos programas de contención. Y a cuenta gotas, la suma de las victimas de la enfermedad: 159 casos en el Estado de Hidalgo. Es nuestra memoria en saltos precisos, como piedras que rebotan y vuelan como patitos sobre las aguas negras de nuestra historia.

colera foto

En Mundo Nuestro reprodujimos ya este trazo de lo ocurrido en Puebla en 1991. Así empezó el reportaje;

 

Santiago Miahuatlán, julio de 1991. La imaginábamos lejos, en las fronteras orientales de la indigencia asiática, en el paisaje desértico del hambre africana, en las montañas míticas de Sendero Luminoso.

Ahora está a la vuelta de Tehuacán.

A menos que el laboratorio diga que a los cinco muertos de Santiago Miahuatlán simplemente se los llevó su muy natural miseria.

Hay ratos en que las estadísticas se levantan de los números fríos e insensibles para convertirse en reclamos vivos. Cólera o diarrea, la epidemia que se abate sobre ese poblado atranca todo sueño de modernidad y nos arroja a nuestro rezago endémico.

Cualquier médico dirá ahora: “La esperábamos”.

Y recordarán brotes similares que se han llevado poblanos a mejores rumbos. Como aquella a principios de los setentas, una epidemia de tifo que perforó intestinos y arrancó la vida como no se veía en mucho tiempo.

Ellos, los médicos, lo entenderán como algo natural. Y explicarán que no se refieren a argumentos celestiales sino a condiciones de vida. Y si tienen información fortalecerán su decir en que el estado de Puebla está en el fondo, pegadito a Chiapas, Oaxaca y Guerrero, si se trata de marginación en el campo.

Así que no hay catastrofismo que valga.

Insolentes, violentos, los muertos campesinos acosan la indiferencia de la ciudad. Y rompen nuestros tímidos amarres con la civilización y el progreso.

 

Dejo aquí los enlaces a ese reportaje sobre el dolor reflejado en el agua contaminada por las industrias en las asequias campesinas.

http://mundonuestro.e-consulta.com.mx/index.php/cronica/item/cronica-hostorica-colera-en-puebla-julio-1991

http://mundonuestro.e-consulta.com.mx/index.php/cronica/item/cronica-hostorica-colera-en-puebla-julio-1991-copy

Habrá consulta en Tetela. SEMARNAT condicionó a Carlos Slim

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foto niños

 

 

Sí condicionó SEMARNAT  el proyecto minero en Tetela. Y habrá consulta pública, tendrá que llevarla a cabo la propia empresa minera de Carlos Slim en los términos que establezca la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, la CNI.

 

El gobierno federal exigió a la empresa minera FRISCO, representada por Minera Espejeras, una consulta pública en Tetela de Ocampo, tal y como lo establece el  “Convenio 169 Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes”, establecido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), del que México es signatario.

 

Finalmente SEMARNAT publicó el día de ayer lunes en su portal de internet el resolutivo sobre la Manifestación de Impacto Ambiental presentado por la empresa FRISCO para los trabajos de exploración en Tetela de Ocampo, y contra todo lo especulado en los últimos días, condicionó su desarrollo a la realización de una consulta pública.

 

Y funda su resolución en el hecho aportado por la base de datos de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI): “Se encontró que la población indígena del municipio de Tetela de Ocampo es mayor al 40 por ciento, por lo que, de conformidad con las recomendaciones 37/2012 (recomendación Quinta) y 56/2012 (recomendación Segunda) emitidas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos a la SEMARNAT y el Convenio 169 de los Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo, el desarrollo del proyecto amerita la consulta a los pueblos indígenas.” (Página 17 del Resolutivo).

 

Con fecha del 1 de Octubre del 2013 y número de oficio SGPA/DGIRA/DG 07048, El comunicado de la SEMARNAT establece que a pesar de que el Estado mexicano no ha desarrollado un mecanismo para llevar a cabo la consulta a los pueblos indígenas, la empresa Espejeras (FRISCO) deberá acudir a la CDI para que ahí se determine el mecanismo para la realización de la consulta.

 

Y dice más: “Para que sean las mismas comunidades quienes definan su identidad indígena; y si dicho proyecto interfiere de alguna manera con ellas, deberá preservar su derecho a ser consultados ante proyectos y programas que los involucren.”

 

El resolutivo, contenido en 36 páginas, y por el que se autoriza el proyecto de exploración minera en la zona de La Cañada, en el municipio de Tetela de Ocampo, con una vigencia de dos años, es un extenso documento que expone con gran detalle todos los elementos involucrados en la manifestación.  Al final presenta seis condicionantes, entre ellas la tercera, que a la letra dice:

 

“En estricto apego a lo establecido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en sus artículos 1 y 2; a lo previsto en los numerales 6 y 7 del Convenio 169 de los Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes de la Organización Internacional del Trabajo, así como a las recomendaciones 37/2012 (recomendación Quinta) y 56/2012 (recomendación Segunda) emitidas por la Comisión Nacional de Derechos Humanos, considerando que el proyecto incide sobre el territorio en el que habitan comunidades indígenas del municipio de Tetela de Ocampo, estado de Puebla, y que a la fecha de la emisión del presente no existe constancia de que se haya realizado a esas comunidades la consulta previa respecto del proyecto de mérito, la promovente derivado de los señalado en el considerando XX deberá presentar antes DGIRA previo al inicio de cualquier obra y/o actividad, el Acuerdo firme yu definitivo que celebren la promovente con la comunidades antes señaladas, en el que expresamente conste el consentimiento, previo, libre e informado, que esas comunidades otorgan para la ejecución del proyecto, con la finalidad de informar a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos sobre al avance en el cumplimiento de las Recomendaciones antes señaladas.”

 

Puedes consultar este resolutivo en el sitio de Trámites de SEMARNAT:

 

http://app1.semarnat.gob.mx/dgiraDocs/documentos/pue/resolutivos/2012/21PU2012MD070.pdf

 

2 de Octubre: horror y tentación del mal absoluto

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díaz ordaz

 

Horror y tentación. Insuperable el abismo de la noche de Tlatelolco. Un nuevo 2 de octubre recordado, ahora 45 años después. Tenía entonces 13 años de edad, pero a mis ojos jóvencitos llegó el rumor incontenible como una ola que arrasa todo propósito de silencio:

“El ejército mató a los estudiantes en Tlatelolco.”

Fue una imagen que llegó sin sonidos.

Luego llegaron las olimpiadas. La sociedad arrasada se envolvió con el manto del olvido. La televisión vivió su primer evento masivo, y a ella nos montaron sin remedio apenas diez días después desde el mismo estadio universitario  bautizado “México 68”.

Después, en 1971, llegó el libro de Elena Poniatowska. Lo leí a mis 17 años. Y entonces llegaron los sonidos. Escojo uno, entre cientos de testimonios:

Un niño de cinco o seis años que corría llorando, rodó por el suelo. Otros niños que corrían junto a él huyeron despavoridos pero un chiquito como de seis años se regresó a sacudirlo: “Juanito, Juanito, levántate.” Lo empezó a jalonear como si con eso fuera a reanimarlo: “Juanito ¿qué te pasó?” Seguramente no sabía lo que es la muerte, y no lo iba a saber nunca, porque sus preguntas ya no se oyeron, sólo un quejido, y los dos pequeños cuerpos quedaron tirados sobre el asfalto, el uno encima del otro. Yo lo vi todo. Quería arrastrar al pequeño hasta la zanja donde me encontraba. Le grité varías veces pero como las balas silbaban por todas partes no me atreví a ir por él. Me limité a gritarle: “¡Niño, niño, ven acá, niño!”, pero estaba demasiado ocupado en revivir a su amigo. ¡Hasta que le dio la bala! Sé que soy un cobarde, pero sé también que el instinto de conservación es terriblemente egoísta.  Jesús Tovar García, estudiante de Ciencias Políticas de la UNAM.

 

niño 2 de octubre

 

 

No olvidar, nos hemos dicho desde entonces. Así lo propuso Elena Poniatowska en ese fundamental para nuestra historia ejercicio periodístico editado por Era tres años después:

 

En su mayoría estos testimonios fueron recogidos en octubre y en noviembre de 1968. Los estudiantes presos dieron los suyos en el curso de los dos años siguientes. Este relato les pertenece. Está hecho con sus palabras, sus luchas, sus errores, su dolor y su asombro. Aparecen también sus “aceleradas”, su ingenuidad, su confianza. Sobre todo les agradezco a las madres, a los que perdieron al hijo, al hermano, el haber accedido a hablar. El dolor es un acto absolutamente solitario. Hablar de él resulta casi intolerable; indagar, horadar, tiene sabor de insolencia. Este relato recuerda a una madre que durante días permaneció quieta, endurecida bajo el golpe y, de repente, como animal herido —un animal a quien le extraen las entrañas— dejó salir del centro de su vida, de la vida misma que ella había dado, un ronco, un desgarrado grito. Un grito que daba miedo, miedo por el mal absoluto que se le puede hacer a un ser humano; ese grito distorsionado que todo lo rompe, el ay de la herida definitiva, la que no podrá cicatrizar jamás, la de la muerte del hijo. Aquí está el eco del grito de los que murieron y el grito de los que quedaron. Aquí está su indignación y su protesta. Es el grito mudo que se atoró en miles de gargantas, en miles de ojos desorbitados por el espanto el 2 de octubre de 1968, en la noche de Tlatelolco.

No olvidar, hemos dicho ya por casi dos generaciones. No olvidamos que esa matanza sigue impune. Que los políticos y los militares que los respaldaron nunca fueron juzgados a pesar de todos los señalamientos. Y que de ese Estado de justicia insolvente venimos. El Estado autoritario que cayó en la tentación y nos metió en el horror.

Hoy, en medio del mayor horror vivido por los mexicanos desde la guerra civil guardada en la Revolución Mexicana, con decenas de miles de muertos guardada en esa otra guerra incomprensible que denominamos “la guerra del narco”, nos volvemos a preguntar ¿por qué? ¿Qué sociedad es esta la que contiene su alarido?

soldados y estudiantes en tres Culturas