Archiv para marzo, 2013

Universidad pública, alianzas políticas y el regreso al aceite hirviendo

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En búsqueda del fuego

 

Domingo 10 de marzo. Por la noche, en una calle oscura de San Cosme Tezintla, en los alrededores de San Pedro Cholula. Se miran plenas las estrellas.  Hace frío, pero están pegados al fuego, son sus alimentadores. Los dos jóvenes acarrean desde una galera repleta de aserrín el combustible para uno de los más de 100 hornos ladrilleros que hay en la comunidad. Un único foco amarillo mal ilumina la escena, abre sombras profundas contra la pirámide trunca que encierra y en la que se queman más de treinta mil ladrillos comunes, del rojo que todavía buscan los comerciantes con sus camiones rabones para llevarlo a Morelos, a Hidalgo, a donde lo compren. El humo negro, espeso, contrahecho, sale a tropezones, calado por el frío. Con un tambo de cartón van y vienen y no paran hasta llenar la tolva que descarga por gravedad la madera pulverizada hasta las tres bocas del horno al que abastecen desde las nueve de la mañana. Llevan doce horas en esta chamba y no descansarán hasta mañana a mediodía. El fuego a estas alturas recuerda esos infiernos que todos imaginamos: arden los pecados, los sueños, las angustias, las esperanzas, los pasados irremediablemente perdidos.

Los dos muchachos se toman descansos de diez minutos, quince, mientras la tolva se descarga ayudada por un mecanismo eléctrico que arroja un aire caliente por tres mangueras delgadas hacia las bocas. Arde el viento, se incendia la arcilla. Los ladrilleros se asoman de tanto en tanto por los visillos dispuestos arriba de cada boca, cuidan los tabiques, valoran el color intenso de la llama, escuchan, atisban el más mínimo crujido como seña de un posible colapso de la cimbra. Que no se pase de fuego, que no le falte. Es el sueño por el ladrillo rojo.

Dos jóvenes.  Uno estudia Derecho en una escuela particular en Puebla, de esas que no suenan, de las que la SEP de cuando en cuando califica de “universidad patito”, y por eso atiende al horno, para pagar la colegiatura. El otro terminó el año pasado la prepa, pero ahora su mirada está en Nueva York, en el recuerdo de su hermano, en las fotos enviadas por internet, en la azotea de algún rascacielos aislando el techo contra la lluvia de primavera.

Los dos hicieron el examen de ingreso a la universidad pública, y los dos fueron rechazados por los calificadores digitales de la BUAP. “No alcanzamos los puntos”, me dicen.

 

fuego - copia

 

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Domingo 10 de marzo. Por la mañana. Antorcha Campesina ha hecho bien su trabajo logístico y ha llenado totalmente el estadio universitario. Sí, en el que juegan los Lobos de la BUAP. Apenas hace dos semanas el rector Agüera y Aquiles Córdava han firmado una alianza interinstitucional, la universidad y el partido. Por lo pronto el paso que han dado es político: el rector informa a quién tiene de su lado; la organización da un golpe en la mesa con la masa que ha llenado el estadio, para que no quede duda quién en el PRI tiene organizado a lo que los antiguos manuales denomibanan “el sector popular”. ¿Alguien recordará que alguna vez existió la CNOP? El viejo maestro está feliz, aunque no hay sonrisas en su discurso, y sus imágenes no dejan de ser sonoras, encendidas, como la figura de la tea en movimiento que identifica a este partido político que contra todos los augurios sigue cobijado en la piel del PRI. “La gente no es idiota –grita, y desata la idea que tiene de los ciudadanos mexicanos, los que votaron por el añejo partido del Estado–: la gente volvió a votar por el PRI porque la vida le demostró que se había equivocado.”

Así que Aquiles vio regresar al redil a las ovejas perdidas. Y el redil hoy es un escenario deportivo, el de la universidad pública, laica y gratuita, dispuesto sin el menor asomo de vergüenza para una actividad política partidaria. Veo en una foto publicada en e-consulta a los tres políticos que disputan la candidatura del rejuvenecido partidazo: Agüera, Chedraoui, Dójer. Ahí están los tres, supongo que necesitados del respaldo del dirigente de Tecomatlán y de su organización, la única que puede llamarse “estructura partidaria” en un partido que ha venido a la baja en la ciudad de Puebla, derrotado por el candidato de la izquierda en las elecciones federales y vapuleado por la derecha en las últimas municipales. El rector se puso la gorra antorchista; también lo hizo Chedraoui; el ex-rector no se quitó un sombrero de paja. Los dos últimos saben que el primero es el dueño de la cancha, pero están a la espera de su renuncia. Supongo que para sí se dicen “entonces nos veremos las caras.”

Y tuvo más figuras literarias Aquiles: “Con el voto a favor del PAN los mexicanos saltaron del aceite hirviendo para caer en el fuego.” Pero el pueblo no es idiota, sigo a Aquiles, al fin, doce años después, se decidió pescar del lazo que lo regresa a la sartén que sostienen en sus manos políticos como Agüera, Chedraoui y Dóger. ¿O son el aceite que no ha dejado de hervir, requemado y turbio?

 

aquiles

 

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Poco importa ahora eso. Por la noche iré a buscar la historia de los ladrilleros, otros sobrevivientes de la tierra. Encontraré a dos jóvenes que no alcanzaron los estándares académicos que les exige la universidad pública. Ninguno de los dos tiene idea de que existe Antorcha Campesina desde hace 39 años. Ni de Aquiles, el ya viejo líder de la organización política que más se parece al libreto del partido leninista, feliz con el regreso del partido de Estado. Menos saben de los personajes que buscan una candidatura, dos de ellos rectores de la universidad que los ha rechazado y que sin asomo alguno de pena presta sus instalaciones para un evento partidario.

No saben del sartén ni del aceite. Sí del fuego.

Vulnerables

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Vulnerables. Ese es el término utilizado para exponer un hecho simple: el periodismo en México se ejerce cada vez más bajo riesgo de muerte por ejecución a manos de bandas criminales.

 

El siglo de Torreón

 

Los ejemplos inmediatos: El Siglo Torreón, baleado en tres ocasiones la semana pasada; el periodista de Ojinaga, Chihuahua, Jaime Guadalupe González es asesinado  el sábado 3 de marzo  junto a un puesto de tacos en esa ciudad;  en la madrugada del miércoles 6 de marzo corren la misma suerte las oficinas del Canal 44 y El Diario de Juárez en esa sufrida ciudad fronteriza.

Pienso en algunos pormenores:

A Jaime Guadalupe González le dieron al menos diecisiete balazos de pistola. Sus ejecutores tuvieron la sangre fría de llevarse la cámara fotográfica del periodista.

En  el último ataque al El Siglo de Torreón el frente de sus oficinas recibió treinta impactos de cuerno de chivo. Un trabajador de una maquiladora murió en la balacera.

Y estoy atento a la ironía: Triunfo de la República… Así se llama la calle en la que se ubica el diario el periódico que cubre con valentía los amargos sucesos en la región de La Laguna.

Un grupo de medios en el país señala lo inocultable: la ineficacia gubernamental para impedir las agresiones a los periodistas. Dicen de lo sucedido en estos días: el hecho “exhibe la inacción de las autoridades federales y locales para dar seguimiento a las agresiones contra la prensa y castigar a los perpetradores, así como la falta de aplicación de protocolos adecuados para brindar protección a medios que son objeto de ataques en forma recurrente. Las medidas instrumentadas por el Estado han aumentado el nivel de vulnerabilidad del periódico El Siglo de Torreón.”

Es también un hecho que la ineficacia gubernamental va más allá de las agresiones a los periodistas. Hace tiempo que el agua llegó a los aparejos de la sociedad mexicana.

El buen periodismo quiere narrar las desgracias de todos. Y las alegrías.

Narrar la vida de los otros en un país en el que la vida no vale nada.