Consultas, encuestas y sondeos. Manipulación y simulación que trasciende ideologías

Luis Alberto Martínez Álvarez

#Eurekazo

“Él usa las estadísticas como un borracho utiliza las farolas: para el apoyo en lugar de para la iluminación.” Andrew Lang

#DeUnoenUno

Las consultas ciudadanas se inducen previamente y buscan ser el gran instrumento legitimador a los designios del presidente.

Los precandidatos de Morena se han hecho encuestadictos, se alivianancon unos jalones de puntos porcentuales.

Con sondeos, los medios y detractores acomodan verdaderas madrinas medíaticas a los alcaldes incómodos de Morena.

En las encuestas de redes sociales se vale de todo, menos ahorrarse los bots, los troles y los acarreados digitales.

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Preparar una clase es siempre el pretexto perfecto para desempolvar conceptos y aterrizarlos con ejemplos actuales. Con mis alumnos de Opinión Pública revisamos las encuestas, los sondeos y las consultas como elementos fundamentales en la construcción de, precisamente, la opinión pública. Así, salieron a flote tres temas de la última semana: La consulta ciudadana para la operación de la planta hidroeléctrica de Huexca en Morelos, las encuestas de preferencia electoral de cara a las alecciones extraordinarias de gobernador en Puebla, y la percepción ciudadana sobre el desempeño de la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco en la capital poblana.

En los tres casos, aunque existe un interés honesto por conocer el parecer de un determinado sector de la población sobre un tema relevante, se perciben grandes vicios normalizados por parte de los actores involucrados.

Consultas ciudadanas, la democracia participativa vuelta bisutería

Mis alumnos, en constante y unánime repudio a las políticas del presidente López Obrador vociferan su rechazo total a las consultas ciudadanas.

Para eso una mayoría votó por él, para que no nos esté preguntando –dice uno.

Le preguntan a la gente cosas que no entiende, que no le interesan –dice otro.

Esas consultas están manipuladas por los ciegos seguidores de AMLO–sentencia aquel.

Y así cada uno de sus argumentos. Trato entonces de equilibrar la balanza, no puedo.

Si bien estoy totalmente convencido de que a medida que los ciudadanos sean más participativos en su realidad social, será más difícil para los gobiernos imponer su voluntad, creo que hasta ahora las consultas ciudadanas han sido simples adornos que emulan una democracia participativa inexistente.

Me explico. No existen mecanismos que permitan garantizar que dichas consultas se realizan con total imparcialidad, con protocolos y métodos que den certeza a la elección de una determinada mayoría. Los temas propuestos en las consultas ciudadanas que van desde la construcción del nuevo aeropuerto hasta la operación de una termoeléctrica han estado llenos de polémica por los pocos recursos técnicos o empatía de los ciudadanos con dichos temas.

En repetidas ocasiones el presidente busca influir en dichas consultas, se vuelve juez y parte; usa todos los medios posibles para convencer a la población por ejemplo de que el nuevo aeropuerto es un gasto innecesario, que la Guardia Civil es fundamental para recuperar la seguridad en el país o que la operación del Tren Maya o la hidroeléctrica de Huexca, lejos de atentar contra los recursos naturales, benefician directamente a los mexicanos.

Las consultas ciudadanas entonces se reducen a dos polos: apoyar o no al presidente; es una decisión con él o contra él, una decisión con los mexicanos, o contra ellos. Una decisión que sólo responde SI o NO a preguntas generales. Es entonces la legitimación de los designios del presidente escudadas en una muy manoseada decisión popular.

La adicción a las encuestas de preferencias electorales no distingue colores

No pocos amigos y conocidos coincidimos en reconocer en la 4T la voluntad de hacer las cosas de manera diferente. Conozco a muchos que ahora desde el ejercicio del poder están buscando el cambio de paradigmas y les admiro. Desde el brigadeo, desde el activismo, desde el saloneo, hablamos siempre de hacer las cosas mejor, de pensar diferente. Morena fue el resultado de repensar otra realidad para México. Al menos así se vendió, así lo vendimos, y así lo compramos.

Algo entonces no anda bien cuando vemos a los tres precandidatos en el proceso interno aventarse los unos a los otros datos y estadísticas que los ubican en primer lugar de las preferencias. Cuando se siente en peligro, cada uno acude a sus propias encuestas, les da una fumada a los puntos porcentuales y se relaja; se inyectan fotos de multitudes, se beben likes y retuits.

El famoso “mostrar músculo” sigue siendo la práctica común junto al acarreo, el pase de lista, el espaldarazo, el apoyo. Algunas, encuestas de reconocidas firmas de prestigio, son magnificadas, publicitadas, replicadas por todos los canales posibles, se invaden los noticieros con ellas, se les envían a líderes de opinión, se comparten entre militantes una y otra vez. Otras encuestas, las poco confiables, las de dudosa metodología, pasan igual por el mismo tratamiento, no importa la metodología o la confiabilidad, importa el resultado, en el caso de algunos, mandado a hacer a la medida.

Y si a un medio de comunicación, se le ocurre asomar la cabeza con una pregunta, con un sondeo en redes sociales que alimente esa adicción, de inmediato son convocados los seguidores, los militantes, los acarreados, los bots, los troles, o lo que sea para dar la batalla. Y entonces, los ciudadanos desinteresados e incluso los equipos de los mismos interesados, pierden la oportunidad de medir la preferencia real sobre alguno u otro, es una guerra de destreza, de ver quien convoca más y mejor en sus grupos de WhatsApp, de ver quien coopera con unos cuantos votos automatizados, de quien pone a trabajar más operadores.

Los alcaldes apaleados con sondeos

Los medios de comunicación no se escapan ni se resisten a la seductora manipulación de la opinión pública. En medio de un linchamiento mediático casi unánime contra la alcaldesa Claudia Rivera Vivanco, tras su viaje a Viena, los periódicos y sus directores (principalmente aquellos acostumbrados al convenio publicitario de miles de pesos, negado por la actual administración) han usado los sondeos ciudadanos como macanas sistemáticas para apalear una y otra vez a Rivera Vivanco (o a cualquier alcalde ajeno a sus proveedores o aliados).

El mecanismo es sencillo. Según el tema del momento, un reportero acude cámara en mano a un determinado lugar para realizar preguntas inducidas como:

“Luego de ocho asaltos a transporte público este día (cuenta de asaltos de todo el estado, no de la ciudad), ¿Usted cree que la inseguridad ha aumentado?”

“La alcaldesa está de viaje en Viena ¿Usted piensa que debería quedarse a trabajar en vez de andar viajando?”

El arranque de la alcaldesa ha ido con varios tropiezos y sinsabores –muchos ajenos a la actual administración–, pero se han utilizado los sondeos a modo para amplificar percepciones de inseguridad en la capital y fustigar como única responsable a la titular municipal, para achacarle problemas heredados de viejas problemáticas como los ambulantes o las elecciones municipales.

Si bien la administración municipal habría podido actuar con mejor talante ante no pocas circunstancias, el linchamiento mediático se ha convertido en un gran factor.

Las encuestas, los sondeos y las consultas son herramientas fundamentales para conocer las exigencias y pensar de una sociedad, sin embargo, estas se han convertido en ejercicios anecdóticos dentro de una dinámica de comunicación política basada en la simulación, que se resiste a una transformación, incluso entre los que se autonombran transformadores.

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#DerechalaFlecha

Las encuestas, sondeos, y consultas ciudadanas se han convertido en el instrumento favorito, incluso de los morenistas para manipular a la opinión pública y así legitimar todos los designios divinos de la 4T.

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