Las redes sociales que desperdiciaron los políticos en campaña. 1ra Parte

Luis Alberto Martínez Álvarez

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Expectativas y realidades de las redes sociales en las elecciones 2018

Primera parte: El bien, el mal y los sondeos digitales.

Aun cuando las redes sociales fueron protagonistas de las elecciones 2018, la mayoría de los políticos con sus malas prácticas desperdiciaron una gran oportunidad para hacer de ellas su principal aliado. Analizo los lugares comunes y desaciertos que la mayoría de políticos tuvo en sus estrategias de comunicación en redes sociales.

Las redes sociales, protagonistas de una elección histórica. El bien y el mal.

Nadie pondrá en duda que las redes sociales jugaron un gran papel en la elección más importante de la historia moderna de nuestro país. Generaron un espacio alternativo para conocer y comentar más de cerca las propuestas de todos los candidatos en los cientos de puestos de elección popular que buscaron. El seguimiento en redes sociales fue el mayor de la historia, los debates alcanzaron a millones de personas que incluso prefirieron este medio por encima de la televisión y la radio. Se abrieron espacios formales y respetuosos de análisis, de discusión y de proyección. También, permitieron evidenciar atropellos, abusos y trampas de los llamados mapaches electorales.

Desde otro enfoque las redes crearon mucha saturación para los usuarios mediante las malas prácticas  en el uso desmedido de los llamados bots que inundaron la red con descalificaciones, ataques, burlas y memes como parte de la guerra sucia entre adversarios por un cargo. Las fakenews fueron pan de todos los días, generaron desconfianza entre los usuarios que incluso llegaron a caer en sus trampas; afortunadamente diversos medios mexicanos se organizaron y crearon la iniciativa #Verificado que vino a ser un faro entre el gran mar de noticias falsas. Al final los usuarios quedaron insatisfechos con lo que las redes sociales les ofrecieron en estas elecciones, manifestando incluso una sensación de alivio en cuanto las campañas se acabaron.

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Del lado de los políticos y sus equipos de comunicación, se repitieron muchos lugares comunes y malas prácticas, que lejos de lograr una respuesta favorable por parte de las audiencias, abonaron a incrementar la percepción negativa sobre los políticos –con escasas excepciones-.

Hay que recordar que en esta elección es donde la mayoría de los equipos de campaña de todos los partidos y candidatos destinaron presupuesto y personal exclusivo para el manejo y operación de sus redes sociales además de invertir cuantiosas sumas de dinero en anuncios publicitarios en dichas plataformas. Así, y dependiendo de su presupuesto, los candidatos contrataron desde grandes agencias de consultores nacionales y extranjeros, hasta algún modesto chico que lo mismo hacia publicaciones, tomaba fotos y video, invertía en Facebook, o mandaba correos electrónicos. Las redes sociales ya son un área fundamental en la comunicación de una campaña política, tan importantes que los operadores digitales se han ganado un lugar en el llamado WarRoom de campaña.

Estas son algunas expectativas y realidades en esta ya nada nueva forma de comunicación política:

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Los sondeos de redes sociales, no son ningún indicador de preferencias electorales. Y las audiencias no deciden nada en función de ellos.

La mayoría de los sondeos de preferencia electoral, por partido o candidatos que los medios de comunicación lanzaron, ya sean en Facebook, Twitter o sus propios portales, son manipulados por los partidos políticos y equipos de los mismos candidatos, en el afán ingenuo de manipular una opinión pública digital cuyos patrones de comportamiento y consumo distan de los tradicionales.

Debemos recordar que de acuerdo a especialistas en el tema, la publicación de resultados de encuestas tradicionales (de casas encuestadoras, telefónicas, muestréales, de urna simulada, etc) generan en los electores tres posibles efectos:

El llamado bandwagon o apoyo al ganador, que los mueve a “subirse al tren” del que lidera las encuestas;

El llamado underdog o apoyo al perdedor en donde los electores dan la espalda al posible ganador apoyando al contrincante más fuerte.

Sin embargo en las redes sociales, los efectos de relajación o desánimo esperados, están condicionados a otros factores emocionales como memes, videos, descalificaciones, fakenews y un bombardeo constante de información aunado a una sobreoferta de las mismas encuestas en redes sociales  y la disparidad entre quienes las lanzan (muchos medios también suelen intervenir en las tendencias para complacer al candidato contratante o favorecido).

Así en estas elecciones se inyectaron cientos o miles de votos, al comprar(dependiendo del presupuesto) servicios de bots y votos masivos, o emplearon a decenas de operadores digitales capaces de manejar numerosas cuentas, o en el mejor de los casos, movilizaron a su red de simpatizantes y militantes mediante grupos de coordinación en WhatsApp o Telegram. Al final estos sondeos se vuelven una batalla para ver quién acarrea más votos o quién tiene mayor presupuesto.

Los políticos y estrategas desperdiciaron una gran oportunidad de usar las encuestas como indicadores de éxito en la campaña, desaprovecharon la gran capacidad de segmentación que tienen. Estos sondeos les pudieron permitir conocer la efectividad de su campaña en segmentos específicos de la población, en públicos claramente identificados con determinados medios de comunicación, permitiéndoles afinar sus mensajes y estrategias de publicidad y comunicación.

Los sondeos de redes sociales, deben ser vistos como herramientas de escucha, y no como mecanismos de promoción e incidencia en la opinión pública.

En la siguiente entrega, bots, trendtopics y opinión pública.

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