Del voto corporativo al tuit corporativo. De burócratas a bots

Luis Alberto Martínez Álvarez

rsgovBurócratas al por mayor, se suman a una brutal campaña digital como ejércitos de aplaudidores en el proceso electoral más competido y mediático de la historia de México.  Un vistazo a las elecciones de estado…digital.

¿Qué imagina usted cuando escucha el término Gobierno Digital? Seguramente lo relaciona al discurso de modernidad, innovación y eficiencia, propio de gobiernos tecnócratas. Por supuesto hacer más eficientes trámites de gobierno, reducir tiempo en procesos burocráticos y aprovechar la tecnología del presente para estrechar la colaboración sociedad-gobierno, se observa como una empresa no sólo necesaria, sino obligatoria en este y cualquier país.

Sin embargo, este concepto ha sido el pretexto perfecto para financiar y sobre todo operar campañas digitales políticas desde las entrañas de la burocracia, sin que exista un marco regulatorio, ni mucho menos posibilidad de enfrentar tan tremenda maquinaria. Me explico:

Piense usted en un inteligente y muy hábil publicista experto en administración pública y comunicación política. Con mucha experiencia y conocimiento en gobiernos digitales y una sensibilidad tecnológica y al mismo tiempo política que le permite moverse en una y otra como pez en el agua.

Este “Midas” de la comunicación, se instala dentro de un gobierno estatal y logra convencer a sus jefes para apostar por un proyecto de  gobierno digital que no sólo los coloque como visionarios del futuro, sino que les permita obtener grandes dividendos políticos a largo plazo.

Así, el presupuesto gubernamental asigna millonarias cifras a reducir la brecha digital del estado, a operar y adaptar mecanismos para gestionar digitalmente trámites burocráticos, y a crear presencia digital de todas las dependencias públicas; vaya, hasta acá todo perfecto.

Se financian también decenas de cursos para burócratas de todos los niveles para que estos aprendan a operar Redes Sociales y usen la tecnología para conectar con los ciudadanos. Expertos de Google, Twitter, Facebook, y consultores internacionales, acuden a las oficinas de este gobierno a capacitar a miles de burócratas, principalmente a los jóvenes, a quienes ilusionan con prominentes futuros en la administración pública y los gobiernos electrónicos.

A todos ellos se les enseña cómo ser “Influencers”, cómo gestionar sus redes sociales o cómo crear campañas digitales desde sus oficinas, se les enseña a comunicar desde la mirada de la función pública, y sobre todo se les enseña a trabajar coordinados y disciplinados. Todo, dice él, para generar una agenda digital acorde a los nuevos tiempos, y usar la tecnología para acercar al gobierno con la sociedad.

Estos burócratas, como soldaditos digitales, crean campañas mediáticas en las redes sociales para promover logros del gobierno que los contrata y de sus dependencias; inundan las redes con imágenes del gobernador, del funcionario en turno, de las dependencias, todas acompañadas de slogans de programas gubernamentales convertidos en hashtags, que colocan en el Trending Topic de las redes sociales, difunden desde programas asistenciales hasta informes de gobierno; todo esto lo hacen desde la comodidad de sus escritorios, en sus horarios de trabajo y gracias a la coordinación y capacitación que les brinda el pretexto de los gobiernos digitales.

Son estos mismos burócratas los que, coordinados por un selecto equipo de trabajo de nuestro astuto estratega digital, operan las campañas políticas digitales a favor de la candidata, o candidato, del partido en el poder. Son los mismos burócratas, capacitados y coordinados que en horario de oficina desde sus dispositivos móviles y desde sus computadoras de trabajo se encargan al unísono de participar en campañas de apoyo a su candidata – o candidato- aplaudiendo y difundiendo todo lo que ésta – o éste- comparte en sus cuentas oficiales.

Ellos mismos participan en las llamadas campañas de contraste, ellos mismos se encargan de reproducir noticias negativas, falsos rumores y burlas en forma de memes hacia los adversarios de su proyecto político.

Como enjambre acuden a comentar en positivo todas las publicaciones de su candidata – o candidato- y a descalificar, insultar y comentar en negativo a sus adversarios. Aplauden y glorifican a los propios y atacan con uñas y dientes a los ajenos.

El chantaje emocional es importante, a los jóvenes se les recuerda el riesgo que su prominente futuro en la administración pública tiene en caso de perder las elecciones, se les invita a participar en estas dinámicas con pase de lista incluido, se les recuerda la fortuna que se ha gastado en su capacitación y las ventajas de pertenecer al equipo y se les emociona con el prometedor futuro que les espera si todo continúa como hasta ahora.

La operación territorial forzada, la asistencia obligatoria a mítines políticos y la coacción del sufragio derivada en voto corporativo, ha tomado un nuevo matiz, mucho menos detectable y más difícil de documentar y denunciar. ¿De qué forma se puede observar lo que un funcionario de gobierno hace desde sus computadoras conectadas a internet y desde sus dispositivos móviles? ¿De qué forma observar a las grandes dependencias, institutos y centros educativos gubernamentales que concentran gran cantidad de funcionarios y gobiernos, sobre la actividad política-digital que dentro de ellas se opera?

Si bien nuestro experto publicista no inventó el hilo negro, su implementación se constituye como una de las más efectivas para el aparato estatal y nacional buscando todos los días manipular a la opinión pública a favor de los intereses de su grupo en el poder.

¿Y cómo enfrentarlo?

Algunos partidos han creado sus propios ejércitos, el más viejo en el poder supo adaptar su estructura de cuadros seccionales a un esquema de cuadros digitales juveniles, a quienes no sólo con promesas sino con apoyos económicos, logra convencer para operar a su favor en las redes sociales. Utiliza también un sistema de “Cores”- Del inglés Core, núcleo-  centros de cómputo, en casas, locales o edificios repartidos dentro de un territorio determinado en donde se contrata a decenas de jóvenes para operar cientos de cuentas de redes sociales y enfrentar a sus contendientes.

En tanto, la izquierda en la última década ha tenido un gran impacto en las redes sociales de forma orgánica (sin pagar por ello). Sus simpatizantes son los que más argumentan, más participan y más comparten contenido digital, sin embargo no han logrado ser lo suficientemente efectivos ni contundentes al tener poca o nula coordinación.

Todas son iniciativas individuales, sectoriales o celulares, muy pocas veces extienden sus niveles de coordinación, mucho menos en una campaña electoral. Todos caminan por su propio lado, todos apuestan por su intuición y sus propios métodos. Pocos se capacitan, y cuando lo hacen,  pocos aplican los conocimientos obtenidos para trabajar coordinados.

La izquierda no está acostumbrada a obedecer,  se aferra a la asamblea, a la horizontalidad y a la resistencia aún en escenarios comunicacionales donde la jerarquía es pragmática, donde la disciplina es efectiva y la creatividad es obligatoria.

¿Al resto de mortales qué nos queda? Saturación, Insatisfacción y desconfianza en las redes sociales.

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