Género, machismo y violencia, los malentendidos de las redes sociales.

Luis Alberto Martínez Álvarez

inside

La consolidación y refinamiento de las redes sociales digitales como medio de comunicación masiva han permitido que cada individuo que accede a ellas tenga un potencial espacio de participación, opinión y amplificación que además le  brinda la posibilidad para interconectar con otras personas a partir de sus gustos, pasiones, emociones y preferencias.  En individual, pero principalmente en colectivo tiene grandes posibilidades de generar un impacto.

Internet y las redes sociales han dado un gran paso para democratizar la información y la opinión; estos medios le han restado poder a aquellos tradicionales que por años privilegiaron sólo una verdad, la de los grupos dominantes.

Se multiplicaron las posibilidades de participación y lograron construir nuevos espacios de interacción, se potencializó el intercambio y la conexión de intereses, y al mismo tiempo que se fortaleció la organización colectiva local o regional, también se amplió el espectro de interconexión global.

Así al mismo tiempo que estamos conectados con nuestro grupo de vecinos del mismo barrio o colonia, también podemos estar en contacto con personas con las que compartimos aficiones o intereses aun cuando estén en Dubái o Bogotá.

Esta virtud tecnológica permitió el surgimiento y empoderamiento de diversos grupos, desligados de los centros tradicionales de poder (sindicatos, asociaciones, partidos políticos, religiones, clubes, etc), grupos de personas con intereses, causas y problemáticas comunes que se han reconocido y encontrado. Las posibilidades de organización social ahora son infinitas, si consideramos como uno de los principales obstáculos la comunicación y aglutinamiento de personas afines.

Uno de estos colectivos, es el feminista, aquel al que todos los días se suman, más y más voces exigiendo equidad entre hombres y mujeres en aspectos políticos, económicos, sociales, familiares, etc. Utilizando las ventajas anteriormente expuestas para encontrarse y sumarse a una lucha que por décadas iniciaron miles de mujeres – y hombres- a costa de mucha sangre y violencia. El mimeógrafo, las cartulinas con engrudo, los megáfonos y las radios comunitarias buscaron comunicar los esfuerzos y sumar causas de activistas cuya voz era no sólo acallada por sus propios contextos personales de opresión sino también por medios de comunicación insuficientes o inalcanzables.

Sin embargo, aún a pesar de las barreras comunicacionales derribadas y las enormes posibilidades de los últimos tiempos, se viene dando un fenómeno que lejos de coadyuvar a las legítimas luchas a favor de la equidad de género, vienen a desdibujarlo y a colocarlo incluso en una suerte de banalización y autocensura que a ratos lo presenta como incongruente, violento e intolerante. A este fenómeno al que hoy podríamos llamar el “Hembrismo-Digital”

Esta  lucha hembrista-digital ha caído en un simplismo de espectaculares dimensiones que gracias a las redes sociales, la cultura del “like”, y el coscorrón colectivo se ha impuesto por encima de los análisis o discursos de mayor complejidad. El “patriarcado” dejó de ser un término referente a un sistema económico-político-social y se convirtió en una guasa común entre militantes y detractores de las causas feministas.

El foco de estas causas se concentra en linchamientos constantes y masivos a episodios o hechos “cotidianos” (sin normalizarlos, ni minimizarlos) como el acoso callejero de hombres a mujeres, las miradas lascivas, responsabilizar a víctimas por su forma de vestir o actuar, o la falta de un lenguaje incluyente y equitativo en donde la equis se sustituya por cualquier palabra con referencia de género. “Todxs”. Se ha reducido a una guerra de sexos en donde todos ellos son unos “machos opresores” y todas ellas unas “víctimas del patriarcado”

Facebook y Twitter primordialmente son a diario centro de encarnizadas críticas o polémicas que giran en su mayoría en torno a una publicación políticamente incorrecta, en donde tal persona, pública o no, realiza un acto que pueda ser automáticamente censurado o considerado un acto de provocación y de discriminación o inequidad.

Como lo señala Jesús Alcántara, Director de SapiensBox: “La obsesión por la corrección política también tiene sus bemoles, y puede estar empezando a producir resultados no sólo indeseables, sino absolutamente contraproducentes”

En Puebla, un taxista compartió en redes sociales un video con una pasajera en inconsciente y visible estado de ebriedad haciendo un llamado –en buena fe o no- a concientizar a las jóvenes sobre los riesgos que estas pueden tener en esas condiciones. Las reacciones en su mayoría críticas llevaron la discusión y la polémica al derecho del conductor de exponer a su pasajera y de evidenciar su estado o de justificar un posible acto violento, victimizando a la pasajera.

En la página de Facebook La Correctora, que continuamente realiza ejercicios en donde se corrigen notas y encabezados periodísticos hacia un lenguaje inclusivo, se expuso tal situación, centrando y reduciendo el análisis a que el taxista “alardea no ser un violador y asesino mientas graba a usuaria sin su consentimiento” y generando con ello decenas de comentarios que condenan tal acto.

¿Es realmente el foco de atención de las causas feministas la acción del taxista?

¿El foco de atención es entonces la suposición de que el taxista es “un machista que está culpando previamente a la víctima ante un posible escenario de violencia”?

Dicha publicación circuló en medios locales y en las redes sociales, y la observación y análisis arrojado principalmente por mujeres claramente identificadas con las luchas feministas, fue siempre la misma, una condena y linchamiento colectivo al taxista.

En ningún foro, en ningún comentario alguien buscó dar un análisis más profundo de la situación, como por ejemplo las razones y condiciones por las que, como ella, cientos de jóvenxs (con equis) se abandonan al “desmadre” sin asumir consecuencias.

Si bien fue un acto responsable tomar un taxi y no manejar (bravo, apláudanle, ya hubiera sido el colmo), dejar su integridad física en manos de factores externos, un taxista, un poste, una pared, una alcantarilla abierta, el estado, la policía, es un acto irresponsable.

Tampoco se analizan las condicionantes familiares, culturales y sociales que sentaron a un menor de 20 años en el asiento trasero de ese taxi y que han enarbolado la “cultura de la caguama” y la inducción cada vez más a temprana edad de ingesta de alcohol desmedido como droga legal. Sólo se asumió la libertad de la chica para estar ebria cuando sea y donde sea sin analizar la carga social que ésta representa para quien se la encuentre.

Si usted hembrista-digital encuentra un varón ebrio tirado en la calle ¿lo cuida o llama a la policía? ¿Y si es mujer?

Por décadas, la cultura –ahora sí machista- del alcohol ha asumido que las mujeres, por el simple hecho de estar ebrias estarán disponibles para el acto sexual, por su fragilidad e inconciencia. Entre varones existe una frase que suele decir “las mujeres como los zapatos, aflojan con alcohol” y un pobre taxista que busca hacer un llamado de conciencia – en su particular forma de entenderlo- es acusado de violador arrepentido, o macho protagonista.

No se trata de una defensa moralina sobre la ingesta de alcohol, se trata de asumir consecuencias a los actos. Internet y las redes sociales están plagadas de videos graciosos de personajes ebrios, en su mayoría varones a los que nadie pidió tampoco permiso de grabar y a los que la cultura y normalización social del alcoholismo se les ha dotado con una especia de heroicidad-ridícula convirtiéndoles en personajes “entrañables” como el “fuaaa” el “kanaca” el “ferras” o el “ni mergas”, sin contar la escasa solidaridad de género por parte de las hembristas-digitales a “Lady 100 pesos” de la que nadie cuestionó si dio o no permiso de ser expuesta.

Se victimizó a una “anónima borracha” por su legítimo derecho de beber sin control y trasladar  la responsabilidad de su integridad física a un perfecto extraño. En efecto, nadie tiene derecho sobre su cuerpo en esas condiciones de auto-abandono, como tampoco nadie tiene derecho sobre las posesiones ajenas y no por ello dejas abierta la ventana de tu casa en la colonia más insegura de tu ciudad.

En Puebla, como en la mayoría del país se vive actualmente un clima de inseguridad y violencia provocado mayormente por la corrupción e impunidad y por la ineficiencia de nuestras autoridades y gobernantes para enfrentarlo; cientos de  asociaciones, medios y activistas luchan todos los días por exigir y proponer soluciones que atajen un problema que está costando miles de vidas, principalmente de mujeres por herencias culturales aún no abolidas, y parecemos ocupar todas nuestras fuerzas en linchamientos grupales inútiles.

El acoso, las miradas lascivas, la ropa provocadora, el lenguaje no inclusivo y los “viejos cochinos” van a acabar en cuanto se realicen acciones colectivas contundentes que abonen a una transformación cultural desde la educación garantizando su acceso para todXs (otra vez la equis), mientras se busque impulsar una transformación económico y social que permita ya no sólo un salario equitativo para ellos y ellas, un salario digno para todos; donde la riqueza no se concentre en unos pocos ( y pocas) y la pobreza en millones (y millonas).

La corrupción y la impunidad se han internalizado y asumido sin distinción de género. La mordida, la trampa, la desidia, la tranza no distinguen el tipo de cromosomas –las mujeres parecen estadísticamente menos corruptas por su histórica inaccesibilidad e inexperiencia en el poder-.

Mientras las hembrista-digitales censuran a los machos opresores, falo-centristas del patriarcado y los “machines” critican a las “femi-necias”*  por cerradas, ridículas y extremistas. Existe un grupo allá afuera, perfectamente homogéneo de hombres y mujeres (más hombres que mujeres) muy bien coordinados que les venden alcohol y pornografía a unos, botas, faldones y pulseras a otras, series de Netflix a todos y les brinda la hermosa ilusión de estar haciendo algo por su causa. Aunque hace años se les olvidara cuál es.

*me convencí de jamás usar el otro término ni en citas.

"Trackback" Enlace desde tu web.

Deja un comentario