Programadores de sistemas: del rezago a la obsolescencia

Luis Alberto Martínez Álvarez

programador

Actualmente existen varios problemas a los que se enfrentan los programadores de sistemas: salarios dispares, falta de capacitación continua, sobre demanda de especialistas calificados, desorganización, competencia desleal, etc. A todo ello vale la pena hacer un análisis y un repaso de los orígenes que podrían ser factores en esta problemática.

Desde hace ya casi 25 años, comenzó a popularizarse e integrarse en la dinámica económica de nuestro país, una nueva disciplina, un nuevo tipo de profesionistas y prestadores de servicios que con el paso de los años fueron insertándose en casi todas las áreas productivas, educativas y comerciales del país: los programadores de sistemas.

Desde entonces, esta disciplina se ha visto como auxiliar en la industria, el comercio y la administración pública, pero no es hasta los últimos años, con el salto a la sociedad de la información, la producción en masa de equipos de cómputo y sobre todo con la explotación masiva de internet que se generalizó y se dio una sobredemanda de profesionales de sistemas e informática. Casi toda empresa, institución, área de gobierno, universidad o industria precisa los  servicios de un programador, ya sea de planta o contratado por proyectos específicos. Este es el inicio de una serie de problemáticas a las que se enfrentan los desarrolladores actualmente.

Rezago y confusión formativa

El fenómeno de sobre demanda hizo parecer durante un tiempo a las carreras relacionadas con el área como “la carrera del futuro”, miles de estudiantes se inscribieron en las ofertas públicas y privadas, saturando las aulas, esperando que tras su titulación una lluvia de ofertas de trabajo bien pagado les esperara. Sin embargo la complejidad y exigencia de la disciplina computacional así como la confusión en los perfiles de ingreso y egreso de las mismas detonó un fenómeno de deserción temprana que redujo la eficiencia terminal de las carreras.

Esta situación derivó en otra problemática. La demanda de conocedores de sistemas no distingue entre profesionales o técnicos, ya que este nuevo tipo de aplicación del conocimiento resulta nuevo para la sociedad civil que no siempre fue capaz de distinguir entre un profesionista o un técnico. Surgieron cientos de institutos, centros y colegios que, por un lado dieron cabida a todos aquellos que desertaron de las carreras universitarias de sistemas y por otro dieron una nueva opción de integración al área productiva en calidad de técnicos programadores o asistentes administrativos.

Aunque el contraste entre ambas ofertas de estudio, la profesional y la técnica, es muy alto en los niveles de exigencia cognitiva y formación, el mercado no distinguió entre una y otra al momento de fijar los salarios, surgiendo así una de las problemáticas más comunes en la disciplina, la competencia injusta y los salarios bajos.

Centralismo y localismo

Es bien sabido entre programadores que los mejores salarios y las mejores ofertas de trabajo se encuentran en la capital del país o en ciertas ciudades como Guadalajara o Monterrey. De inicio resulta claro que en las ciudades donde se concentran las empresas o industrias con la mayor exigencia de mano de obra calificada, serán las que mejores incentivos den a la inversión, mejores servicios, transporte, comunicación, etc. Es claro que se encontrarán en las principales ciudades del país, lejos de analizar porqué están ahí y no en la periferia o analizar por qué los salarios son mejores, vale la pena revisar algunos factores que hacen que en la periferia no se den las mismas condiciones.

Los gobiernos locales prefieren dar empleo a empresas centralizadas que además de tener la experiencia e infraestructura suficientes, por el volumen, pueden bajar sus costos en comparación con empresas locales.

Los empresarios locales, sabedores de esta situación y consientes que su margen de utilidad está en riesgo compiten bajando los sueldos de los programadores reduciendo los gastos operativos al mínimo.

Los programadores en aras de una vida mejor, migran a las ciudades centrales para obtener un beneficio económico mayor, y aunque no necesariamente cuentan con las mejores condiciones de trabajo, sus salarios y algunas prestaciones les resultan más atractivas que en sus ciudades de origen.

Algunos programadores y profesionistas se asocian, generan iniciativas innovadoras se colocan en el mercado, sin embargo en la mayoría de los casos, la falta de conocimiento administrativo, constancia y la aparición de competencia similar termina por vencer a estas nuevas empresas que con tal de subsistir repiten los mismos patrones, baja de sueldos, prestaciones, etc.

 

Formación continua y capacitación

Por un lado muchos programas de estudio a nivel universitario, aunque son exigentes para el estudiante resultan ser obsoletos o incongruentes con la dinámica actual del mercado. Algunas universidades suelen aplicar tarde o de forma insustancial correcciones a sus planes de estudio con la intención de colocar más egresados en el mercado laboral.

Tener un título de Ing. en Sistemas no basta, se requiere una constante capacitación, sin embargo el programador una vez más se enfrenta a varios problemas:

No siempre cuenta con las bases formativas para realizar una correcta actualización, el sistema educativo nacional no le enseñó a ser autodidacta o a seguir un método correcto de formación continua.

No disponen siempre de la información suficiente para actualizarse o desarrollar nuevos conocimientos, pues esta resulta a veces acaparada por las empresas certificadoras que han hecho de la capacitación y la calificación de personal un interesante y muy fructífero negocio.

Aunque no están obligadas, las empresas, principalmente las locales, no brindan opciones de capacitación o desarrollo a sus empleados, pues con la intención de optimizar sus gastos operativos reducen o anulan la capacitación y formación pues esta no es vista como una inversión sino como un gasto que además puede conllevar el riesgo de preparar personal que podría salir de la empresa.

Los desarrolladores trabajan jornadas completas de trabajo en las que el empleador exige los mayores resultados posibles para optimizar su inversión, anulando o dejando sin posibilidad al desarrollador de crear nuevas ideas y prepararse para ellas. Se entra entonces en el círculo vicioso común del profesionista (de casi cualquier disciplina): no capacitarse por trabajar mucho, trabajar mucho sin promocionarse por no capacitarse mejor.

Existen muy pocos espacios en donde los programadores egresados o profesionistas puedan compartir conocimiento. Pese a ser una de las áreas con más opciones para interconectarse y más información para compartir en congresos, estos se siguen orientando en su mayoría a los estudiantes. Los profesionistas, aquellos que ejercen no acuden o acuden poco a congresos y encuentros.

La falta de conciencia gremial

Por último uno de los factores más preocupantes y que deriva en la continuidad de las problemáticas de los desarrolladores y programadores es que aún no se consideran un gremio y no actúan como tal. Existen pequeñas tribus de programadores orientados a tareas muy específicas pero no existe realmente una representatividad y sobre todo una intención aglutinante que permita a los programadores analizar estos factores.

La mayoría de los programadores son ajenos a los problemas sociales, mantienen toda su atención en la información relacionada a su disciplina desde el lado tecnológico pero no desde el lado social. Existen salarios dispares porque un conjunto de programadores permite que le paguen poco. El programador no asume responsabilidades sociales o políticas, no participa con otros en la construcción de un camino común. En cuanto tiene un empleo bien remunerado se olvida de los demás a quienes únicamente ve como competencia o como colegas.

Para finalizar es necesario acotar que aun cuando existen actualmente miles de recursos en la rede que permiten a los desarrolladores actualizarse y adquirir nuevos conocimientos, estos son inconexos, no carecen de una formalidad y por tanto no siempre son válidos para todos los empleadores.

 

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