El valor de la reputación en internet

Luis Alberto Martínez Álvarez

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Vivimos en 2 mundos paralelos: el virtual y el físico, y brincamos de uno a otro durante todo el día, una transacción virtual genera un resultado físico, una operación física genera un resultado virtual; estas interactuaciones son el origen de todo tipo de implicaciones a nivel no sólo tecnológico, sino económico, cultural y social. Cuando compramos en la red, por ejemplo mediante Mercado Libre y pagamos mediante transferencia desde nuestra banca personal, efectuamos una acción puramente virtual que se transforma irremediablemente en un resultado físico al obtener el producto en la puerta de nuestra casa. Por otro lado cuando, por ejemplo, corremos algunos kilómetros acompañados de nuestra aplicación móvil de entrenamiento, estamos convirtiendo un movimiento físico en un resultado virtual. De esta forma, estos dos mundos viven en constante interacción y lo que sucede en uno puede perjudicar o beneficiar al otro en grandes escalas.

Al estar tan relacionado lo virtual con lo físico y al existir una relación de influencia entre uno y otro, lo que sucede en internet puede afectar personalmente a los usuarios y por ello estos deben cuidar su reputación en la red.

La reputación en internet no es privativa de las grandes empresas, o de los políticos, de los grandes empresarios y de los miembros de la farándula. Es un tema que atañe a cualquiera, desde aquel estudiante de preparatoria que comparte videos y fotografías de su artista preferido, hasta aquel profesionista que en sus ratos libres publica sus posturas políticas, pasando por aquellos que comparten “memes” y le mientan la madre a su equipo de futbol preferido; todo esto mientras también aspiran a un mejor empleo, a un mejor puesto o a una proyección profesional.

Sin darle un sentido estrictamente comercial, debemos entender que como individuos dentro de internet somos una marca y que por tanto, nuestra presencia y nuestra interacción, en redes sociales principalmente, contribuye de forma activa a moldear esta marca hasta darle un carácter único.

Al interactuar y dejar rastro en internet, estemos de acuerdo o no con ello, somos nuestra propia marca ya sea como resultado de una estrategia totalmente premeditada por nuestra parte, o solamente por la acumulación de conversaciones, recomendaciones, imágenes, videos, mensajes y todo tipo de comunicados que realizamos principalmente en las redes sociales, foros y blogs.

Congruencia

Un usuario de redes sociales, un participante de algún  foro o un bloguero debe partir siempre de la congruencia entre su personalidad “real” y su personalidad ficticia. Es cierto que con toda premeditación y objetivos muy particulares, muchos construyen personajes totalmente ajenos a su persona; sin embargo, la mayoría no lo hace así, la mayoría establece un personaje en internet muy parecido o casi igual al que mira en el espejo.

El riesgo, lo reitero, está en la incongruencia, aquélla que puede acabar con la reputación de cualquier persona. Esa persona que por ejemplo comparte fotografías, enlaces y reflexiones en torno a su amor por México y el orgullo de ser mexicano, pero tira basura en la calle, mira para otro lado cuando ve una injusticia, da sobornos y mordidas, etc., o aquellos que, por ejemplo en la coyuntura actual, comparten estados de solidaridad con los damnificados de Guerrero, publican fotografías entregando víveres o se indignan contra la falta de ayuda, pero le cierran groseramente la puerta a la pobre anciana empapada que les pide una moneda en algún crucero.

Principalmente nuestra reputación está construida en función de lo que aparece en dos elementos clave de internet, el buscador y las redes sociales.

¿Qué pasa cuando digitas tu nombre completo en Google?

Digitar tu nombre en Google es uno de los primeros ejercicios para conocer tu reputación en internet; recordemos que, el 93% de los usuarios no pasan de la primera página de los resultados, así que si tu nombre no aparece en esta primera página, eres un perfecto desconocido, pero si al contrario éste se muestra en la primera página será necesario prestar atención a lo que aparece puesto que ello define tu reputación.

En el caso de que existan resultados sobre tu nombre se pueden dar dos escenarios, el primero, que existe una estrategia bien planteada en torno a tu imagen en internet; el segundo, que no se tiene el interés o el conocimiento para tenerla y los resultados simplemente salieron de manera circunstancial.

Sobre el primer escenario entonces encontrarás muy probablemente tu página o blog personal, seguida de tus perfiles de redes sociales como Facebook, LinkedIn, Twitter, Youtube, Google+, etc. como también noticias o artículos que hablan de ti en portales digitales de relevancia.

En el segundo escenario, sólo aparecerán referencias inconexas, algunas opiniones o comentarios de terceros dentro de redes sociales, reseñas o participaciones en foros o resultados que ni siquiera hacen referencia a tu nombre, sino a palabras clave similares u homónimos.

 

La red social y tu reputación masiva

El presente actual de internet y las herramientas de redes sociales están ligados a un nuevo concepto de democracia de comentarios y opiniones. Cualquiera con las competencias mínimas en materia digital puede emitir críticas, valoraciones y reseñas sobre cualquier persona, sobre cualquier marca, organización o empresa; muchas de estas críticas con dolo y desde el anonimato. Todos estos comentarios son visibles de forma inmediata en redes sociales y foros.

Nosotros somos lo que decimos y somos más lo que publicamos, al menos cuando se trata de una identidad profesional. Así como las grandes empresas cuidan la imagen de su producto y la asocian a ideas y sentimientos, las personas también lo hacen inconscientemente. Ejemplos hay muchos, y todos perfectamente ligados al discurso y la imagen. Una persona que comparte frecuentemente estados e imágenes entorno a la parranda, las fiestas y “las chelas” nunca podrá generar una idea de responsabilidad y seriedad. Aquellos que mañana, tarde y noche comparten estados de pereza, flojera y hastío durante su jornada, están muy lejos de reflejar la llamada pro-actividad.

Todo lo anterior está determinado en función de la importancia que le damos a este medio digital dentro de nuestra vida y al nivel de influencia que queremos tener: de nosotros para la red y de la red para nosotros.

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