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Baja calidad educativa y gasto creciente

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 México es uno de los países de la Organización para la Cultura y el Desarrollo Económico (OCDE) que destina mayor proporción de su gasto programable a educación, 23% (OCDE, 2007).

Según datos del estudio «Gasto en Educación: La eficiencia del financiamiento educativo en México», de fundación IDEA, el gasto educativo como proporción del PIB ha crecido considerablemente en los últimos 20 años, al pasar de 4.1% en 1990 a 6.7% en 2010.

Tan sólo entre 1995 y 2004 el gasto en educación en México se incrementó en un 47% en términos reales (OCDE, 2007); aunque en términos absolutos la situación es diferente, en el 2006, México gastó por alumno $1,650 dólares en primaria y en secundaria gastó $1,500. Esto contrasta con los $5,450 y $6,600 que se gastan en promedio los países de la OCDE en estos mismos niveles.

En educación media, México gastó $2,800 por alumno y en educación superior $5,800. En comparación con $7,582 y $11,200 que se invierten en promedio, en los países de la OCDE (OCDE, 2007).

La diferencia entre el gasto por alumno en México y en otros países desarrollados es notoria, si un alumno estudiara el ciclo educativo completo en escuelas públicas (incluyendo educación superior), el país gastaría $19,200 dólares en su educación, monto menor a lo que gasta Estados Unidos en un solo año de educación universitaria por alumno.

De esta manera, aunque en términos relativos el gasto público educativo podría ser considerado como alto, en términos absolutos México requiere todavía mayores inversiones en el sector educativo.

 

El estudio en mención centra su atención en la eficiencia del gasto educativo. La preocupación radica en que: si el gasto educativo en el país presenta importantes ineficiencias, aún a mayores niveles de gasto no se consigan los resultados esperados y destaca varias razones que podrían explicar eta situación:

1 Que casi la totalidad del gasto educativo está atado al gasto corriente, principalmente en sueldos de docentes y personal administrativo.

Este factor constituye un problema porque no existen mecanismos para sancionar o despedir a un maestro incompetente. Además de que un importante aumento en el gasto educativo tendería a ser absorbido por un incremento salarial el cual no está atado a ningún mecanismo de resultados que pudiera comprobar la eficiencia de dicho aumento.

2 El gasto remanente, el que se destina a inversión física, equipamiento, materiales, programas educativos, etc., está sujeto a reglas y procedimientos desarticulados y a una deficiente coordinación entre las distintas dependencias que lo ejercen.

No existe en el país una clara asignación de atribuciones y responsabilidades de los gobiernos federal, estatal y municipal en cuanto a la gestión y el uso de recursos. Además de que las acciones son aisladas, sin planificación ni coordinación entre ellas; lo que lleva a una desarticulación entre objetivos, actores y funciones que afecta negativamente el flujo de recursos y su potencial impacto. Y por último,

3 el país no tiene una cultura fuerte de rendición de cuentas y transparencia. Además, la gestión de recursos educativos no está orientada a resultados.

Las escuelas reciben algunos de sus insumos primordiales como infraestructura y materiales didácticos de manera inestable y son de baja calidad. Lo anterior aunado a una desinformación generalizada sobre el estado de los principales recursos educativos (docentes, infraestructura, equipamiento, etc.) tiene como consecuencia que no se pueda determinar la efectividad del gasto ni su impacto sobre la equidad del sistema.

México con pocos doctores

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México, con una población de más de 105 millones de habitantes, a penas tiene 170 mil estudiantes inscritos en posgrado y se gradúan 2 mil doctores al año, según datos de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC). Lo anterior significa que se tiene una tasa de 2 doctores por cada millón de habitantes.

Brasil forma 12 mil doctores al año, España 9 mil, Alemania 24 mil y Estados Unidos casi 50 mil.

Es tal la brecha entre los egresados de doctorados de estos países en referencia y los de México que, para alcanzarlos se debe incrementar más de 10 veces el número actual de doctores en el país.

Es en el nivel de doctorado (desde luego en programas de calidad) donde se generan los aprendizajes complejos para las innovaciones tecnológicas y las aportaciones científicas, sin embargo el gasto de becas de doctorado es bajo en el país, ya que se gastan 0.4% de su Producto Interno Bruto (PIB) en este aspecto.

La falta de doctores no solamente se debe al poco impulso que se da al país a programas de calidad y al poco recurso destinado a becas, otro factor que ayudan a disminuir el número de egresados en este nivel es el campo laboral.

Tener un doctorado, con frecuencia, es un impedimento para encontrar trabajo, por la sobrecalificación para los puestos.

El campo laboral para un doctor en México se restringe a universidades o centros de investigación.

Faltan investigadores en México, apenas hay 1.2 por cada mil empleados

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La educación superior en México será relevante sólo cuando el gasto público sea adecuado y los científicos competentes, dice la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

En el 2007 México se comprometió a aumentar el gasto en investigación y desarrollo a 1 % del producto interno bruto (PIB), sin embargo, según un reporte dado a conocer por la OCDE en septiembre de este año, se muestra el bajo número de investigadores con los que cuenta México, 1.2 por cada mil empleados, lo cual lo sitúa sólo por encima de India y Brasil, dentro de los países miembros de la organización. Esta cifra es 10 veces menor que el promedio de los países. A pesar de ello se aprecia un incremento a partir de 2003, cuando sólo se tenía 0.9 investigadores por cada mil.

Los investigadores se definen como profesionales vinculados a la concepción y creación de nuevo conocimiento, productos, procesos, métodos y sistemas. Con base en esto, el número de investigadores entre los países miembros de la OCDE, refleja la calidad de su sistema de investigación y desarrollo.

Fuente: Departamento de Investigación y Desarrollo de la OCDE

El Análisis temático de la educación terciaria – México, apunta que un gasto de 0.44 % del Producto Interno Bruto (PIB) como el que el país destinó en 2003 es muy desfavorable en relación con otros países de la OCDE cuyo promedio es cercano al 2.5 % del PIB en estas actividades. En tanto que Brasil y Chile gastaron 0.98 % y 0.60 % del PIB, respectivamente.

En la educación superior México destina poco presupuestos para actividades de investigación porque la mayor parte de los fondos se dedican a la docencia y al mantenimiento. A pesar de ello, entre 1996 y 2004, los aportes científicos aumentaron más del doble, de tal manera que los estudios mexicanos representan el 0.76 % de la OCDE.

En tanto en la industria, a diferencia de las tendencias internacionales, en el país cada vez hay menos financiamiento a la ciencia y la tecnología. Menos del 10 % de los investigadores mexicanos trabaja en el sector empresarial (incluidas las de propiedad del Estado), es decir, emplean una proporción insignificante de investigadores.

Si se considera, como la OCDE señala, que el número de investigadores refleja la calidad de su sistema de investigación y desarrollo, en México “estamos fritos”.

México es el país que menos gasta en recreación y cultura, según la OCDE

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En cifras dadas a conocer en agosto por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), resulta que México es el país cuya población gasta menos en recreación y cultura, destinando para ello el 2% del Producto Interno Bruto (PIB).

Pese a que en El Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, de Felipe Calderón señala que durante su gobierno se incluirían estrategias y líneas de acción para revertir esta situación, señalando al área como una de las principales, al dedicarle 3 objetivos, con sus correspondientes estrategias, los avances no son palpables:

El Gobierno de la República prestará especial atención a las políticas públicas que inciden en el arte, la cultura, el deporte y la recreación, al considerarlas actividades centrales para la salud y vitalidad de la sociedad.

Objetivo 21
Lograr que todos los mexicanos tengan acceso a la participación y disfrute de las manifestaciones artísticas y del patrimonio cultural, histórico y artístico del país como parte de su pleno desarrollo como seres humanos.

ESTRATEGIA 21.1 Impulsar la apreciación, reconocimiento y disfrute del arte y las manifestaciones culturales por parte de la población.

ESTRATEGIA 21.2 Apoyar a los centros comunitarios fortaleciendo su capacidad educativa y de difusión de las artes y la cultura, para que la educación artística y los bienes y servicios culturales alcancen a un mayor número de mexicanos.

ESTRATEGIA 21.3 Realizar un extenso programa cultural con motivo del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución que aliente la participación de artistas, intelectuales, científicos, instituciones culturales y educativas de toda la nación.

Objetivo 22
Impulsar la creación de múltiples opciones para la recreación y el entretenimiento para toda la sociedad mexicana.

ESTRATEGIA 22.1 Promover la apertura y operación de espacios de entretenimiento sano, en los que distintos grupos sociales y de edad encuentren actividades atractivas para su entretenimiento y recreación de acuerdo con gustos compartidos, para el uso de su tiempo libre.

Objetivo 23
Fomentar una cultura de recreación física que promueva que todos los mexicanos realicen algún ejercicio físico o deporte de manera regular y sistemática.

ESTRATEGIA 23.1 Estimular la formación y consolidación de una cultura deportiva entre todos los grupos sociales y de edad, en todas las regiones del país.

ESTRATEGIA 23.2 Propiciar el desarrollo de infraestructura deportiva y aprovechar espacios públicos abiertos para la construcción de canchas deportivas como un medio eficaz para promover la práctica de los deportes.

Entre los países pertenecientes a la organización, los porcentajes de PIB que se gastan en recreación y cultura se correlacionan positivamente con el ingreso per cápita: de esta manera, entre más rico el país, mayor es el gasto en cultura y recreación. Los gastos van desde las compras de equipo audiovisual, fotográfico e informático, instrumentos musicales, libros, campers, equipo deportivo, juguetes, mascotas, plantas e instrumentos de jardinería, entradas a eventos deportivos, cines, teatros, lotería, hasta paquetes vacacionales.

Este, junto con otros indicadores, explica los resultados que México obtiene en las evaluaciones académicas –que son las últimas posiciones- llevadas a cabo la organización ¿Cómo tener un país de lectores cuando no se destinan recursos para la compra de libros?

Educación en México muy mal, según la OCDE

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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en los últimos años, se ha convertido en referencia internacional obligada para discutir los logros y los desaciertos de la educación, cuyos informes y recomendaciones son noticias ampliamente difundidas en México (quien se adhirió a este organismo en 1994).
En esta organización destacan los informes correspondientes al Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), trianuales y los Panoramas Educativos (Education at a Glance) anuales.
Este último caso, el Panorama Educativo 2008 fue dado a conocer 9 de septiembre del presente año, en el cual se anexa la «Nota para México», la que a semejanza de los reportes de años pasados, reitera que nuestro país ocupa las últimas posiciones en los indicadores sobre el desempeño del sistema educativo:
Se señala que a pesar de que México tiene uno de los mayores promedios de gasto público destinado al sector educativo –de 1995 a 2005– en relación con el producto interno bruto (PIB), el gasto promedio por alumno (de primaria a bachillerato) apenas alcanza los 2 mil 405 dólares al año, mientras que el promedio de los miembros de la organización es de 7 mil 527, lo que coloca al país en la última posición (Estados Unidos destina 12 mil 788 dólares por alumno, que encabeza la lista). En primaria se destinan mil 964, mientras que el promedio de la OCDE es 6 mil 252 dólares. En secundaria, se destinan sólo mil 838 por estudiante, en contraste con los 7 mil 437 que en promedio invierte el resto de los estados miembros.

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Tabla B1.1. Gasto anual en las instituciones educativas por estudiante de educación primaria a educación terciaria (2005)
En equivalente a dólares americanos

Ocupa, también, el último sitio en cuanto a alumnos egresados de secundaria, ya que sólo 41 % de los inscritos en ese nivel educativo concluyen sus estudios, se ubica por debajo de Turquía, que tiene 51%. Se ubica en el segundo nivel más bajo en egresados de preparatoria al ser sólo el 39 %, de los mexicanos entre 25 y 34 años, quienes la han concluido. La educación de los jóvenes de 15 a 19 años, sigue siendo preocupante, menciona el informe, ya que tiene una de las tasas más bajas de cobertura educativa, pues 45.1 % no asisten a la escuela. De éstos, 62 % tiene empleo y el 38 % restante no estudia ni trabaja -¿Qué hacen con su tiempo libre tantos jóvenes? ¿Será por eso que los fenómenos de la migración y la delincuencia se están desarrollando tan rápidamente? Para tener una mayor agravante entre esta población, su tasa de inscripción sólo alcanza 48.8 %, mientras la media de los miembros del organismo es de 81.5%, lo que ubica al país en el penúltimo lugar de la lista de 30 países, sólo por arriba de Turquía (con 45.2 %).

En cuanto al nivel universitario, se señala que de 1995 a 2005 el gasto por alumno se incrementó 13 % en términos reales –uno de los más elevados de la OCDE–, una proporción importante de estudiantes de este nivel no concluye sus programas educativos satisfactoriamente, pues sólo 61 % de los que ingresan logra terminar sus estudios, cifra inferior al promedio del organismo, que alcanzan una media de 69%.

Ha aumentado en el país la participación de los particulares en la enseñanza superior, pero las colegiaturas son muy altas, en promedio 11 mil 359 dólares, cifras consideradas “muy altas”, comparadas con otros países de la OCDE. En bachillerato el gasto se incrementa a 2 mil 853 dólares, las naciones integrantes de la OCDE destinan 8 mil 366, y en el nivel universitario la erogación por estudiante en México es de 6 mil 402 dólares, cuando en el nivel promedio del organismo alcanza 11 mil 512 dólares.
México mantiene uno de los “más grandes déficit” entre el gasto por alumno de primaria y el nivel universitario, pues este último triplica la inversión destinada al gasto por estudiante de enseñanza básica. A pesar de que en la mayoría de las naciones de la OCDE se gasta más en el nivel universitario que en primaria, en el caso de México dicha relación está fuera de equilibrio.

Los resultados de PISA han revelado también que la relación en los países entre los recursos invertidos en educación y los resultados del aprendizaje, en el mejor de los casos, es moderada; eso indica que el dinero es un requisito previo necesario, pero que no basta para una buena calidad en los resultados del aprendizaje. Los países que están inmediatamente arriba de los resultados de México, tienen un nivel de bienestar económico, medido por el ingreso nacional bruto per cápita, inferior al de México. En algunos casos la diferencia es sustancial como en Indonesia que está muy cerca de México en los resultados de PISA (mil 226 de México contra mil 177 de Indonesia) pero muy lejos en ingreso (7 mil 890 de México contra mil 420 dólares de Indonesia, para el 2006).
En cuanto al salario docente, a pesar de que en el país las percepciones de los maestros son altas, si se comparan con el PIB nacional, se compensa con grupos más grandes y mayor carga de horas de instrucción.
Estos resultados no dicen algo nuevo, porque si se revisan estos reportes, desde hace varios años indican que en México la educación no anda nada bien. El año pasado dijeron lo mismo.
Hemos transitado de un extremo a otro: hace años la evaluación era desdeñada y ahora evaluamos todo –hasta parece una obsesión-; sin que los resultados sean valorados en su justa dimensión, no han ayudado a identificar tanto lo que se hace mal como lo que se hace bien, con el fin de encontrar medidas que permitan mejorar los resultados.
Es hora de que se haga algo con esos resultados, ¿de qué sirve saber que el sistema educativo en México está mal si no se cambia? Hacen falta propuestas razonables, estrategias y acciones concretas que permitan reducir las brechas que separan a México de otros países, cuya educación es buena.

La educación en Puebla reprobada, según últimos indicadores

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Puebla presenta severos rezagos en educación básica, con índices de aprovechamiento por debajo de la media nacional en aspectos que afectan incluso el desarrollo de los alumnos en los niveles educativos superiores, como son los casos del porcentaje de ocupados sin educación básica, la cobertura de educación secundaria, el nivel de lectura de docentes, el porcentaje de niños con padres analfabetas y los promedios obtenidos por los alumnos en asignaturas como español, matemáticas y geografía dentro de las pruebas nacionales.
 
Lo anterior se desprende del último informe del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) titulado Panorama educativo de México 2007: Indicadores del sistema educativo nacional, que muestra, como único logro importante la tasa de matrícula con avance regular (los estudiantes cursan el grado adecuado a su edad) entre los alumnos de preescolar (80.8 y el promedio nacional de 77.2). El estado con la menor cobertura en este nivel educativo es Chihuahua (59.8%) y la más alta es la de San Luis Potosí (87.8%).

En cambio, Puebla tiene una de las tasas de cobertura más bajas en educación secundaria (75.5% contra 80% del promedio nacional y el 99.9% del D.F.). Entidades como Oaxaca, Guerrero y Chiapas están por encima de Puebla en este indicador, con tasas de 70.3, 66.6 y 63% respectivamente.

Además, la entidad registra una de las más bajas tasas de matriculación con avance regular en los alumnos a partir de los 14 años, con 73.9%, contra el nacional de 77.3%. Esto quiere decir que, a mayor edad, aumentan los índices de deserción y reprobación, lo que genera rezagos en educación básica, mismos que se agudizan en los niveles medio superior y superior.

El documento destaca, como otra de las deficiencias severas del sistema educativo poblano, el porcentaje de hombres ocupados que no terminaron la educación básica (94.2%, a diferencia del 89.5% nacional). Entre las mujeres, esta tasa es más alarmante: 47.2% contra 37.7% en el país. Aunque este indicador se refiere a población adulta, demuestra que en Puebla el impacto social de la educación básica ha sido bajo, al no ser una condicionante para la inserción laboral de la población.

Por otra parte, el porcentaje de niños de entre 3 y 14 años con padres analfabetas es uno de los más altos del país: 21.3% en 2005, mientras el promedio nacional se encuentra en 13.5. El porcentaje más elevado lo tiene Chiapas, con 39.7, mientras que el más bajo lo registra el D.F. (2.8). Esto muestra que un considerable porcentaje de los alumnos de educación básica carecen de apoyo para realizar sus tareas elementales al tener padres analfabetas.

En cuanto a hábitos de lectura de los docentes, el informe destaca que seis de cada diez profesores poblanos de preescolar leen tan sólo un libro al año (el promedio nacional es siete de cada diez). El estado con mayor nivel de lectura en este nivel es Quintana Roo (9 de cada 10) y el más bajo es Tlaxcala (5 de cada 10).

A nivel de secundaria, este mismo indicador muestra que 7 de cada 10 docentes en Puebla leen un libro por año. El promedio nacional es 8 de cada 10. El estado donde leen más estos profesores es el D.F., con 9 de cada 10; y donde leen menos es Hidalgo (6 de cada 10). En el caso de primaria, 7 de cada 10 son lectores, muy semejante al promedio nacional.

En lo que se refiere a la calidad en los aprendizajes, el panorama no es más alentador para los poblanos. Si se toma como referencia los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativo (Excale), aplicados por el INEE, el porcentaje de alumnos de tercero de primaria que alcanza el nivel de logro educativo básico para matemáticas está dos puntos porcentuales abajo del promedio nacional al registrar 58%. En geografía se encuentra siete puntos abajo del promedio nacional al alcanzar tan sólo el 50%.

El porcentaje de alumnos de tercero de secundaria que alcanza el nivel básico de logro educativo para español es apenas del 64%, mientras que el promedio nacional es de 67%.

Una de las justificaciones que arguyen las autoridades educativas, para los bajos resultados, está en los factores de pobreza económica de la entidad, que repercuten en el desempeño de los alumnos. Sin embargo hay que señalar que, si se toma como referencia el Producto Interno Bruto (PIB) per capita, Puebla no es de las más pobres del país: está por encima de Chiapas, Guerrero, Nayarit, Oaxaca, Tabasco y Veracruz; y en el mismo nivel de Hidalgo y Zacatecas.

Incluso, algunas de estas entidades muestran mejores resultados que Puebla, como es el caso de Veracruz, cuyos promedios en los exámenes Excale son acordes a los nacionales.

En Finlandia: ni tan ricos, ni tan pobres pero aplicados

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En los resultados educativos de los países que participaron en las pruebas PISA 2006 (de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE), Finlandia se coloca en la primera posición. Pese a que su índice de Estatus Económico, Social y Cultural (ESCS por sus siglas en inglés) no es de los más altos a nivel mundial, sus logros educativos sí lo son.

El ESCS se calcula utilizando diversas variables al preguntar a los alumnos el nivel educativo alcanzado por sus padres, su prestigio profesional, el espacio que tienen los jóvenes para estudiar, los libros y recursos diversos. Los resultados de los jóvenes finlandeses se colocan encima de lo esperado en relación con su ESCS. Por otra parte, los mexicanos se ubicaron dentro de lo esperable a partir de éste índice.

Las pruebas PISA han demostrado que Finlandia ha obtenido los lugares más altos de los países participantes:

En la primera evaluación de PISA, 2000, Finlandia logró el primer lugar en lectura entre los 43 países participantes; 4to lugar en matemática y 3ro en ciencias. Mejoró su posición en PISA 2003 y 2006 al obtener el primer lugar en las tres materias evaluadas.

Algunos de los factores que explican sus resultados son:

La diferencia de puntajes entre hombres y mujeres es mucho menor que en cualquier otro de los países participantes.

Con excepción de Islandia, los resultados de los finlandeses se comportan en forma similar que todos los países: las mujeres responden mejor a lectura, mientras que los hombres lo hacen en matemáticas. En Finlandia, en ciencias las mujeres responden tan bien como los hombres, a diferencia de los demás países.

Por otra parte, el impacto de las diferencias sociales de Finlandia sobre los resultados de los alumnos es el más bajo, pueden ser pobres pero no analfabetas. Los resultados no ponen en evidencia las diferencias socioeconómicas al situarse casi todos los alumnos en los niveles de aprovechamiento más altos.

Finlandia obtuvo la media de desempeño más alta; es el único país en el que los jóvenes de 15 años consiguen situarse en promedio en el Nivel 4. Esto significa que son capaces de explicar un fenómeno recurriendo a la ciencia y la tecnología; pueden seleccionar e integrar explicaciones de varias disciplinas y vincularlas a la vida cotidiana; además pueden reflexionar sobre sus acciones y comunicar decisiones mediante el uso del conocimiento y la evidencia científica.

La proporción de alumnos que obtuvieron bajos resultados en lectura es mucho menor en Finlandia que en cualquier otra parte (5 de cada 100, contra 20 de cada 100 que es la media de países de la OCDE). Este dato se relaciona con el hecho de que los alumnos finlandeses tienen una gran confianza en sus competencias y en su potencial de aprendizaje. El nivel de ansiedad relacionado con el aprendizaje de matemáticas aparece más bajo que en los otros países.

En el porcentaje de gasto respecto al PIB es notorio que Finlandia destina al menos 2% del PIB en el área de Investigación y Desarrollo Experimental (IDE). En promedio los países de la OCDE han invertido alrededor del 2.3% de su PIB. En México su inversión en IDE, no alcanza el 0.5 %, es la mitad de lo que gasta Portugal, Brasil o España y cinco o seis veces menor que los países con mayor nivel de gasto comparado. De hecho, es el país miembro de la OCDE que tiene el menor nivel de inversión: un porcentaje que es 4.5 veces menor que la inversión promedio de la OCDE.

Finlandia tiene el porcentaje más alto de personas que inician un doctorado y se gradúan. En el caso de México la tasa de graduados en doctorado es de 1 de cada 1,000, muy por debajo de la tasa de graduación de países como Brasil o España, que es casi 10 veces más alta.

El tamaño promedio de las escuelas primarias, en Finlandia, es de 300 a 400 alumnos y de 400 a 500 en las escuelas equivalentes a la preparatoria, lo que garantiza que el personal educativo conozca personalmente a todos los alumnos.

En Finlandia el niño empieza su aprendizaje de lectura a partir de 7 años. Antes de esto, en el jardín de niños (de 1 a 6 años) y en la educación preescolar (de 6 a 7 años) se pretende sobre todo despertar las aptitudes de los alumnos, sus habilidades, su curiosidad. Cada día es dedicado a una disciplina: música, deporte, actividades manuales o artísticas, lengua materna, matemáticas.

Así, los aprendizajes iniciales se logran sin violencia, sin tensión y sin presiones. Si un niño muestra disposiciones particulares, se le dará la oportunidad de aprender a leer precozmente (6 años). En contraparte se puede dejar a un alumno hasta los 8 años si no está listo para la lectura.

A los profesores finlandeses no les está permitido reprobar a los alumnos, aunque se organizan grupos de apoyo para los niños con dificultades de aprendizaje. Además de que se envía a un auxiliar para apoyarlos en la clase.

La jornada de trabajo se organiza cuidando respetar los ritmos biológicos del niño y de evitar todo cansancio inútil.

Se realiza una detección precoz de las desventajas y desórdenes del aprendizaje y se les proporciona ayudas específicas.

A partir del nivel 7 (13 años), los finlandeses empiezan a tener libertad de elección al introducir algunas materias opcionales, diferentes según los colegios.

Hasta los 9 años los alumnos no son calificados con notas. Sólo a esa edad son evaluados por primera vez, pero sin emplear cifras. Después se les vuelve a evaluar hasta los 11 años. Las notas expresadas en cifras aparecen en el 6º año, cuando los niños alcanzan la edad de 13 años.

En Finlandia se realiza una selección exigente para los candidatos a profesores. Todos los docentes deben titularse de una maestría, que es complementada con estudios de pedagogía. Tienen una formación continua claramente determinada.

En síntesis, los finlandeses han construido un sistema caracterizado por un alto grado de organización pero conservando flexibilidad en la aplicación del currículo, algo que no ocurre en México.

En educación, mucha lana y pocos resultados

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México, con un gasto educativo similar al promedio de los países integrantes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), ocupa el lugar 30 dentro de esa organización, según los resultados de las pruebas de calidad educativa aplicadas a estudiantes.

 

Como se puede apreciar en los siguientes datos, México tiene mayores promedios de gasto, aunque es poco el dinero que realmente se destina a los alumnos:

De los 57 países participantes en las pruebas PISA 2006 (Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes, aplicadas a los alumnos de 15 años en materia de ciencias), México ocupó el lugar 49 en ciencias, el 48 en matemáticas, el 43 en lectura y su puntaje general fue de 410 puntos. Finlandia, Canadá, Japón, Australia y Corea tuvieron los puntajes más altos.

Un recorrido rápido por la OCDE

No se pueden establecer patrones similares para los países de alto ni de bajo rendimiento porque no existen coincidencias entre sus políticas educativas y sus resultados.

Corea y México tienen políticas educativas muy centralizadas (el Estado concentra las decisiones y existe un currículo único para todos los estados o provincias) pero sus niveles de desempeño son diferentes. Estos dos países tenían hace 40 años promedios de desempeño similares. Sin embargo, Corea ha tenido un desarrollo vertiginoso en los últimos 30 años al ocupar el lugar 11 de la lista general de PISA 2006, en tanto México no ha mejorado sus resultados en ninguna de las tres emisiones de esas pruebas: ocupa el lugar 48 de la lista general.

Finlandia, Suecia y Bélgica tienen un sistema muy abierto: los alumnos tienen posibilidad de elección para algunas materias optativas, además de que las decisiones se encuentran a nivel de las municipalidades. Pero los primeros dos países tienen resultados muy altos, mientras Bélgica se encuentra en un lugar poco decoroso. La diferencia en el desempeño no parece depender de que el sistema sea centralizado o muy abierto.

Finlandia y Suecia decidieron conservar la educación privada pero se empeñaron en evitar una educación desigual, así que nacionalizaron el financiamiento de la educación privada básica sin expropiar las escuelas, que podían seguir siendo propiedad privada, pero sin cobrar colegiatura. Con esta medida se intentó salvar las ineficiencias de las escuelas públicas.

El gobierno otorga un subsidio por estudiante; de tal manera que el dinero sigue al niño: si se va a una escuela pública, el recurso va a la misma institución; si cambia de la pública a la privada, el dinero lo hace de la misma manera. Así que las escuelas privadas se empeñan en mantener una buena calidad educativa para atraer más alumnos y, en lugar de cobras las colegiaturas a los padres, las cobra al Estado.

En Corea, Japón o Hong Kong no sucede lo mismo. Los padres de familia deben hacer una solicitud de inscripción donde incluyen 30 escuelas, en orden descendente, para que el niño sea admitido y, mediante un programa complejo, el Estado decide a qué plantel ingresa el alumno.

Las condiciones materiales tampoco explican las diferencias. Los checos, con una economía débil (que en 2003 destinó 85 mil 438 millones de dólares de PIB a la educación, mientras en el mismo año México destinó 626 mil 080 millones de dólares), tienen algunos planteles donde las condiciones son muy malas y sus resultados en la evaluación de 2003 es realmente sorprendente, pasaron de su promedio de 510 puntos, en 2000, a 527 en 2003; es decir, subieron 17 puntos en tres años, conservándose en 513 en 2006 (la media de la OCDE, en las tres emisiones, ha sido de 500 puntos).

Contrario a lo que se piensa, los países asiáticos como Japón, Corea y China, no invierten alta tecnología en las escuelas. Tienen algunos planteles para sus estudiantes sobresalientes pero, en general, las escuelas son muy similares a las que existen en México: carentes de alta tecnología (sólo después del 2005 empezaron a equipar las aulas con computadoras), muy inferiores en este sentido a los niveles medios de las escuelas europeas, y los grupos escolares tienen alrededor de 40 a 45 estudiantes. Esto tampoco explica la diferencia.

Países que invierten lo mismo que México y Brasil, como la República Checa, Polonia y Hungría, tuvieron altos resultados, lo que comprueba que no hay una relación directa entre inversiones y buenos resultados.

La calidad educativa tampoco depende de las evaluaciones, como se puede constatar en Irlanda e Inglaterra, que examinan y evalúan todo lo evaluable y, sin embargo, no están entre los mejores lugares.

La segmentación y la calidad educativa tampoco están directamente asociadas. Hay países como Alemania y Suiza que dividen a sus estudiantes desde edades muy tempranas. Los suizos tienen un examen terminal de primaria para asignarlos a tres diferentes categorías de secundaria: regular, real y de trabajo. Los alumnos son clasificados de acuerdo con los resultados y predeterminados para el resto de su vida. Sin embargo, si vemos sus resultados, Suiza tuvo un avance de 17 puntos entre 2000 y 2003 (pasaron de 496 a 513), mientras Alemania se mantiene apenas alrededor de la media de la OCDE: alcanzó en 2003 507 puntos.

Los salarios de los maestros tampoco tienen incidencia directa en los buenos desempeños de los alumnos. En México, éstos son bajos con respecto a los estándares absolutos (un poco más de la mitad del promedio de la OCDE) pero se encuentran dentro de los más altos de la organización cuando se comparan a partir del PIB per capita. El rango de los salarios de un profesor con 15 años de experiencia comparados con el PIB per capita, para México, en la educación primaria y en la secundaria se encuentran respectivamente en 1.58 y 2.01, por encima del promedio de la OCDE de 1.28 y 1.30.

Además, desde 1996 los maestros mexicanos han recibido el segundo aumento de salarios más significativo, con percepciones, para un profesor con 15 años de experiencia, del 34% en el nivel de primaria y del 40% en secundaria. Los ingresos de los profesores mexicanos, en dólares, están más o menos en los niveles de los de Finlandia, de Nueva Zelanda y de Suecia, pero los resultados son muy diferentes.

La educación en Puebla reprobada, según últimos indicadores

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Puebla presenta severos rezagos en educación básica, con índices de aprovechamiento por debajo de la media nacional en aspectos que afectan incluso el desarrollo de los alumnos en los niveles educativos superiores, como son los casos del porcentaje de ocupados sin educación básica, la cobertura de educación secundaria, el nivel de lectura de docentes, el porcentaje de niños con padres analfabetas y los promedios obtenidos por los alumnos en asignaturas como español, matemáticas y geografía dentro de las pruebas nacionales.

Lo anterior se desprende del último informe del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) titulado Panorama educativo de México 2007: Indicadores del sistema educativo nacional, que muestra, como único logro importante la tasa de matrícula con avance regular (los estudiantes cursan el grado adecuado a su edad) entre los alumnos de preescolar (80.8 y el promedio nacional de 77.2). El estado con la menor cobertura en este nivel educativo es Chihuahua (59.8%) y la más alta es la de San Luis Potosí (87.8%).

En cambio, Puebla tiene una de las tasas de cobertura más bajas en educación secundaria (75.5% contra 80% del promedio nacional y el 99.9% del D.F.). Entidades como Oaxaca, Guerrero y Chiapas están por encima de Puebla en este indicador, con tasas de 70.3, 66.6 y 63% respectivamente.

Además, la entidad registra una de las más bajas tasas de matriculación con avance regular en los alumnos a partir de los 14 años, con 73.9%, contra el nacional de 77.3%. Esto quiere decir que, a mayor edad, aumentan los índices de deserción y reprobación, lo que genera rezagos en educación básica, mismos que se agudizan en los niveles medio superior y superior.

El documento destaca, como otra de las deficiencias severas del sistema educativo poblano, el porcentaje de hombres ocupados que no terminaron la educación básica (94.2%, a diferencia del 89.5% nacional). Entre las mujeres, esta tasa es más alarmante: 47.2% contra 37.7% en el país. Aunque este indicador se refiere a población adulta, demuestra que en Puebla el impacto social de la educación básica ha sido bajo, al no ser una condicionante para la inserción laboral de la población.

Por otra parte, el porcentaje de niños de entre 3 y 14 años con padres analfabetas es uno de los más altos del país: 21.3% en 2005, mientras el promedio nacional se encuentra en 13.5. El porcentaje más elevado lo tiene Chiapas, con 39.7, mientras que el más bajo lo registra el D.F. (2.8). Esto muestra que un considerable porcentaje de los alumnos de educación básica carecen de apoyo para realizar sus tareas elementales al tener padres analfabetas.

En cuanto a hábitos de lectura de los docentes, el informe destaca que seis de cada diez profesores poblanos de preescolar leen tan sólo un libro al año (el promedio nacional es siete de cada diez). El estado con mayor nivel de lectura en este nivel es Quintana Roo (9 de cada 10) y el más bajo es Tlaxcala (5 de cada 10).

A nivel de secundaria, este mismo indicador muestra que 7 de cada 10 docentes en Puebla leen un libro por año. El promedio nacional es 8 de cada 10. El estado donde leen más estos profesores es el D.F., con 9 de cada 10; y donde leen menos es Hidalgo (6 de cada 10). En el caso de primaria, 7 de cada 10 son lectores, muy semejante al promedio nacional.

En lo que se refiere a la calidad en los aprendizajes, el panorama no es más alentador para los poblanos. Si se toma como referencia los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativo (Excale), aplicados por el INEE, el porcentaje de alumnos de tercero de primaria que alcanza el nivel de logro educativo básico para matemáticas está dos puntos porcentuales abajo del promedio nacional al registrar 58%. En geografía se encuentra siete puntos abajo del promedio nacional al alcanzar tan sólo el 50%.

El porcentaje de alumnos de tercero de secundaria que alcanza el nivel básico de logro educativo para español es apenas del 64%, mientras que el promedio nacional es de 67%.
 
Una de las justificaciones que arguyen las autoridades educativas, para los bajos resultados, está en los factores de pobreza económica de la entidad, que repercuten en el desempeño de los alumnos. Sin embargo hay que señalar que, si se toma como referencia el Producto Interno Bruto (PIB) per capita, Puebla no es de las más pobres del país: está por encima de Chiapas, Guerrero, Nayarit, Oaxaca, Tabasco y Veracruz; y en el mismo nivel de Hidalgo y Zacatecas.

Incluso, algunas de estas entidades muestran mejores resultados que Puebla, como es el caso de Veracruz, cuyos promedios en los exámenes Excale son acordes a los nacionales.

Gasto corriente absorbe 99% de presupuesto educativo

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A pesar de que el gobierno federal destina 25% de su gasto total a la educación (519 mil millones de pesos en 2007), la mayor parte de estos recursos (el 99.6%) se utiliza para sueldos y prestaciones del magisterio y la burocracia, por lo que los gastos de operación e inversión, las innovaciones pedagógicas y de investigación se quedan prácticamente sin presupuesto.

Esto explicaría que, a pesar del monto destinado a educación por el gobierno federal (que supera incluso a los de Canadá y España), el rendimiento de los alumnos mexicanos resulte insatisfactorio, como lo mostraron los últimos resultados de la prueba PISA o los obtenidos por las evaluaciones del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y la propia Secretaría de Educación Pública (SEP).

A esto se agregaría la falta de criterios objetivos del propio gobierno federal para asignar las partidas presupuestales a los estados, pues no existe correspondencia entre los fondos destinados a cada entidad federativa y su población escolar, lo que implica una distribución discrecional de los recursos.

A pesar de que el gobierno federal destina 25% de su gasto total a la educación (519 mil millones de pesos en 2007), la mayor parte de estos recursos (el 99.6%) se utiliza para sueldos, prestaciones del magisterio y la burocracia, por lo que los gastos de operación e inversión, las innovaciones pedagógicas y de investigación se quedan prácticamente sin presupuesto.

Aportaciones federales y estatales vs. calidad en el desempeño

En 2007, el 5.44 % del Producto Interno Bruto (PIB) se destinó a la educación con 519,023 millones de pesos, del cual 63.1% corresponde a educación básica, 19.2 % a la educación superior y 10.2% al nivel medio superior, el porcentaje restante (7.5) se destina a otros servicios educativos (según información del INEE. En las cifras estimadas a partir del 1er informe de gobierno de Felipe Calderón el porcentaje es de 6.9).

Si se compara el gasto de inversión que hace México con otros países, para el año 2004 (última información disponible en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, Indicadores 2006-2007) es equiparable al de Chile, superior al de Canadá y España e inferior al de Corea y Estados Unidos (todos estos países con resultados de aprovechamiento escolar superiores a los obtenidos por México).

El gasto público educativo de cada entidad federativa se compone por recursos federales, a través del FAEB, así como estatales y municipales. En el periodo 2000-2006, el grueso de recursos de origen federal fue de 77.9%, mientras que la participación promedio de las entidades fue de 22.1% (fuente: a-regional).

Tanto la asignación de recursos federales como la participación son diferenciadas. Las cinco entidades que mayores recursos recibieron de la Federación, en el ciclo escolar 2006-2007, fueron:


 

Las entidades con la mayor aportación al gasto educativo fueron el estado de México, Baja California, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco, Sonora, Tabasco, Sinaloa, Guanajuato, Yucatán, Durango, Puebla y Michoacán (superior a 35%). Oaxaca no participó y Baja California Sur aportó menos del 2 por ciento.

Pese a las inversiones en educación, no se ha logrado elevar la calidad. Los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes (PISA) 2006 que realizó la OCDE muestran que el Distrito Federal, Querétaro, Aguascalientes, Nuevo León, Coahuila, Colima, Chihuahua, Sonora y estado de México son las entidades del país mejor evaluadas al ocupar las primeras posiciones. Los estados con peores desempeños fueron Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Guerrero, los cuales permanecen en ese orden en los últimos lugares de la prueba PISA 2006 en lo que se refiere a ciencias.

De los datos anteriores es posible clasificar a las entidades en cuatro grupos:

1.- Con promedios altos de asignación y resultados deficientes en las pruebas PISA, como es el caso de Veracruz, quien ocupa el tercer lugar en asignación federal y ocupa el lugar 29 en las pruebas PISA. En este grupo, Puebla se encuentra en el noveno puesto de asignación federal, con una participación estatal por arriba del promedio, pero ocupa el lugar 21 en el desempeño en PISA.

2.- Entidades en donde hay correspondencia entre recursos y buenos desempeños. Es el caso del Distrito Federal, con la puntuación más alta en PISA, además de tener la asignación más alta de recursos federales, aunque sus aportaciones estatales son bajas. El estado de México, que tiene una de las aportaciones federales más altas y cuya participación estatal está por arriba del promedio, obtuvo resultados superiores al promedio nacional.

3.- Las entidades en donde la participación estatal es baja y los resultados también. En este grupo sobresale Oaxaca, en donde no hay participación estatal y los resultados también son bajos. Baja California Sur posee aportación estatal baja y resultados que están por abajo del promedio nacional.

4.- Las entidades que tienen bajo recursos y buenos resultados: Aguascalientes, Colima, Nuevo León y Quintana Roo. Estos estados han tenido innovaciones pedagógicas e inversiones que van más allá del gasto corriente, factores que pueden explicar sus mejores resultados.

Matrícula vs. recursos

Sin fórmulas ni criterios objetivos para la asignación de los recursos, existen algunas incongruencias, como en el caso del estado de México que tiene la mayor matrícula del país con 2,557,116 alumnos y recibió un presupuesto de 17,290,483,689 pesos, es decir, que por cada alumno recibió 6,761.71 pesos, mientras que el Distrito Federal con una matrícula de 1,784,037 alumnos recibió 17,902,800 000 pesos, es decir 10,034.99 por alumno. En el caso de Puebla, recibió por alumno 5,876.83 pesos.

A partir de este análisis, se deduce que la mayor asignación de recursos no es condición suficiente para mejorar la calidad educativa. Primero se tienen que resolver los problemas del sistema a fondo y a continuación destinar los recursos.

Por otra parte, a mayor inversión debiera corresponder una mayor exigencia en cuanto a calidad, evaluación, rendición de cuentas y transparencia. Para mejorar la educación, el gobierno federal tendrá que optar por una fórmula transparente y criterios objetivos que no continúen con las inercias de temas financieros, además de soslayar una serie de trabas jurídicas que impiden hacer un gasto eficiente.