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Mejores los alumnos de preescolar que los de primaria

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Los estudiantes mexicanos presentan retrocesos en sus habilidades en español y matemáticas conforme avanzan dentro del sistema educativo, como se desprende de los resultados de las evaluaciones aplicadas por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Mientras nueve de cada 10 alumnos de preescolar alcanzan el nivel básico en lenguaje y comunicación, así como pensamiento matemático, en primaria lo logran 8 de cada 10. Y en secundaria esta proporción se reduce a 7 de cada 10.

Lo anterior, según el estudio «El aprendizaje en tercero de preescolar en México«, dado a conocer por el INEE durante el mes de agosto y basado en los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativo (Excale). Dicho documento constituye el primero en su tipo para evaluar a gran escala el conocimiento que adquieren los alumnos. Para ello se aplicaron 10 mil 305 exámenes a estudiantes en todo el país, a 12% de niños de Cursos Comunitarios, a 23% de Escuelas Rurales públicas, 39% de escuelas Urbanas Públicas y 26% de Preescolares Privados.

Comparativo de las aplicaciones de Excale para preescolar, primaria y secundaria

Si bien las evaluaciones Excale no son totalmente equivalentes entre los tres niveles, el hecho de todas que midieran los dominios de español y matemáticas permite comparar los resultados.

Se observa, así, que 91% de los alumnos de preescolar alcanzan el nivel básico en español. En cambio, sólo 82% de los estudiantes de primaria logró este resultado y en secundaria el porcentaje se redujo a 67%.

En matemáticas, el fenómeno se repite: 91% de alumnos de preescolar alcanzan el básico, mientras que en primaria lo logran el 83 % y en secundaria sólo el 51%.

Aunque los alumnos de preescolar tienen mejores resultados que los de primaria y secundaria, en ese nivel ya se observan grandes brechas que caracterizan al Sistema Educativo Nacional, y son las que existen entre las escuelas privadas y las públicas; y dentro de esta segunda categoría, entre quienes estudian en escuelas urbanas y los que lo hacen en rurales y comunitarias.

Esta prueba midió qué tanto saben los alumnos y cuánto pueden aplicarlo respecto de dos de los seis campos formativos que contiene el Programa Nacional de Educación Preescolar establecido en 2004: lenguaje y comunicación, y pensamiento matemático.

Para evaluar lo anterior, se diseñaron reactivos acordes a la edad, que fueron contestados en forma verbal y escrita. Los evaluadores fueron educadoras en formación o en ejercicio, quienes interactuaron con reducidos grupos de alumnos, para responder a una variedad de reactivos.

Se aplicaron las pruebas en mil 91 escuelas de preescolar, de los estratos rural público, cursos comunitarios, urbano público y privado. No se incluyó a los alumnos de educación indígena ni de los Centros de Desarrollo Infantil (CENDI), porque el INEE consideró que no tiene las condiciones que garanticen la equidad en la evaluación de niños cuya lengua materna no necesariamente es el español.

Las brechas entre los estudiantes empiezan desde el preescolar. Los pobres empiezan rezagados, como se observa al comparar la educación privada con la de las escuelas rurales o cursos comunitarios. Mientras en el preescolar privado el 42% alcanzó el nivel de excelencia en lenguaje y comunicación, apenas el 5 % de cursos comunitarios lo hizo.

Los mejores resultados de aprendizaje se concentran en los grupos de educandos cuyas condiciones sociales y escolares son las mejores: en orden decreciente, las escuelas de los estratos privado, urbano-público, rural-público y cursos comunitarios.

En lenguaje y comunicación, las mujeres salen mejores que los hombres. En pensamiento matemático salieron más equilibrados. La diferencia es mínima. El mismo fenómeno se constata en los resultados en primaria y secundaria para la asignatura de español.

El estudio confirma lo ya sabido: las condiciones socioculturales en que se desarrollaron los estudiantes y en las que operan los centros educativos, inciden de manera directa en el rendimiento académico.

Los resultados también se ven afectados por el contexto familiar de los alumnos. La educación de la madre es un factor determinante en los buenos resultados: si una madre tiene estudios de licenciatura o posgrado, sus hijos tendrán más probabilidades de estar en la excelencia (38%), mientras que el 24% de los hijos de las madres que no fueron a la escuela no logran adquirir los mínimos aprendizajes. También fue evaluada la frecuencia con que los papás relatan historias a sus hijos. Esto mostró que a mayor interacción del padre o la madre, es mayor el aprendizaje de los estudiantes.

Un aspecto del contexto escolar que influye de manera negativa es la frecuencia con que la educadora falta a la escuela, independientemente de las razones que existan para tal conducta:

Las brechas de aprendizaje entre los alumnos de los diferentes estratos educativos, que se observan desde muy temprana edad, propician que, con el paso del tiempo, las distancias en el logro educativo se amplíen considerablemente, factor que debe ser considerado en el caso de los estados con mayor cantidad de población vulnerable.

Esta evaluación ratifica los hallazgos encontrados por sus antecesoras: que en los estados en donde hay alto nivel de población vulnerable (marcada en oscuro) —es decir en donde su matrícula registra un alto índice de población rural, comunitaria e indígena—, la educación se encuentra más rezagada.

No debe de extrañar, por tanto, que Puebla —que registra nivel medio alto de población vulnerable— tenga resultados de aprendizaje menores a los de aquellos estados en condiciones de menor desigualdad social.

Abia una ves un niño… *

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La acentuación es el error ortográfico más frecuente de los estudiantes de educación básica en México, 99 de cada 100 niños lo cometen, según el estudio “La Ortografía de los Estudiantes de Educación Básica en México” elaborado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y presentado el mes de octubre.

El estudio fue realizado con los resultados de 13 mil 797 estudiantes evaluados en los Exámenes de Calidad y Logro Educativo (EXCALE) de español, que en 2005 se aplicaron a estudiantes de 6º de primaria y de 3º de secundaria y en 2006 a los de 3º de primaria. Como parte de la evaluación, se pidió a los estudiantes redactar textos, los cuales fueron analizados y se ubicaron los principales errores que en ortografía se comenten.

Como es de esperarse, los casos más graves son los detectados en el 3º de educación primaria, en donde el 100 por ciento de los alumnos tienen problemas al acentuar.

Los porcentajes de palabras escritas incorrectamente son mayores para los estudiantes de escuelas rurales públicas (25.9%), seguidos de quienes estudian escuelas indígenas (23.8%), después en planteles públicos (23.3%) y, finalmente, en escuelas privadas (16.4%).

Cuando se comparan los resultados por sexo–tomando en consideración la modalidad educativa-, las diferencias son significativamente marcadas entre hombres y mujeres para quienes estudian en la modalidad urbana pública; sin embargo, en el resto de las modalidades se puede apreciar una diferencia menor. En la educación privada la diferencia no es significativa.

Las diferencias entre estudiantes de distinta edad son remarcadas para los estudiantes de escuelas públicas urbana y rural. En la educación privada la tendencia de los estudiantes en extraedad (los que han reprobado o que por alguna otra razón que se han retrasado en grado escolar) tienden a obtener un mayor porcentaje de palabras incorrectamente escritas.

Otro error muy común es el de la omisión, adición y sustitución de letras; así como la hiposegmentación (“poreso” en lugar de “por eso”) e hipersegmentación (“a probar el examen” en lugar de “aprobar el examen”).

Cuando se revisan los resultados en 6º de primaria y en 3º de secundaria, en acentuación, se puede apreciar que las mejorías no son muy marcadas o no son las que se podrían esperar después de transitar por toda la primaria y llegar a la secundaria (se pasa del 100 a 98, es decir hay una reducción de apenas 2 puntos porcentuales), aunque en uso de la “h” o mp, mb y nv, sí hay mejores resultados:

En resumen, la frecuencia de errores ortográficos es muy alta en los tres grados, debido principalmente a problemas de desatención y falta de revisión de lo que se escribe.

¿Qué se puede aconsejar ante este panorama poco alentador? Básicamente reflexionar y hacer ver a los niños y adolescentes sobre el cambio de sentido de las palabras con error ortográfico: no es lo mismo paso que pasó.

Promover estrategias de autorregulación, revisión y corrección de lo que se escribe.

Dudar sobre la escritura de una palabra puede ser la clave para resolver el problema. Siempre hay que resolver las dudas ortográficas, preguntarse cuál es la forma correcta, auxiliarse de diccionarios o en algunas otras herramientas últiles.

Trabajar con las palabras difíciles en su conjugación y en sonidos.

Atender las palabras que se escriben incorrectamente, siempre en contexto, dentro de una situación significativa.

* Parte del texto de un alumno de tercero de primaria.

Maestros de México: ganan más, pero enseñan peor, por culpa del SNTE

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A pesar de que México ya destina al sector educativo el 7.07 % del Producto Interno Bruto (PIB), la educación en nuestro país sigue siendo inequitativa y de baja calidad. 

El promedio de 7.0 del PIB rebasa el 6 % recomendado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y, a pesar de ello, persisten problemas graves de deserción, bajo nivel de aprovechamiento, entre otros.

En educación primaria la cobertura es de casi 100% y en preescolar de 70% aproximadamente. Pero no ocurre lo mismo con los demás niveles.

Además, pese a tales niveles de cobertura, la deserción es severa. En primaria, abandonan 22 de cada 100 alumnos. En el paso de la primaria a la secundaria, el número aumenta a 32; pero, además, de los 68 que siguen estudiando sólo egresa la mitad. Al ingresar a bachillerato desertan otros 10 y, si lo hacen a la preparatoria, el promedio de abandono es de 16; de tal forma que de los 100 iniciales sólo 24 completan el nivel medio superior. De éstos, 21 alumnos llegan a la universidad, pero sólo 14 la terminan.

Por otra parte, existen grandes rezagos en el aprendizaje de español y matemáticas, ya documentados ampliamente tanto la Secretaría de Educación Pública (SEP) como por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), a partir de los resultados de la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (Enlace) y de los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativos (Excale) y los resultados de PISA (analizados por Consultoría Contracorriente en trabajos anteriores).

Los recursos destinados a la educación en México son incluso mayores que en España y Canadá (según los Indicadores del Sistema Educativo Nacional 2006). Sin embargo, el problema principal radica en que casi la totalidad se destina al gasto corriente. 

De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mientras otros países destinan 8.2% de su presupuesto educativo a infraestructura (salones, baños, bancas, laboratorios, y otros apoyos), México sólo canaliza 2.8% (denominado gasto de inversión). Del total de gasto corriente, 90.8% se va a compensaciones del personal (que incluye tanto salarios base como compensaciones adicionales que se dan a los profesores), dejando para otros gastos, como materiales educativos, el 6.4 sólo en el caso de primaria.

Según la directora adjunta de la secretaría general de la OCDE, Gabriela Ramos, todo esto genera una debilidad estructural porque no hay un equilibrio en los gastos educativos; además, se carece de un sistema para detectar a los mejores maestros y premiarlos; finalmente, el incremento presupuestal no se refleja en mejores resultados.

De acuerdo con el anuario 2005 de la OCDE, los salarios de los profesores mexicanos, en términos nominales, son los más altos de los países registrados en la organización. Pero en relación con el poder adquisitivo de nuestro país, están entre los más bajos.

Por otra parte, no existen evaluaciones sobre el desempeño del profesorado en México, porque sólo se mide a los alumnos y los programas. Pero la evaluación del programa Enciclomedia —a la cual tuvo acceso Consultoría Contracorriente— reveló que 6 de cada 100 profesores de primaria no tuvo noción de lo que es una escala, sólo 16 de cada 100 pudo interpretar información contenida en una tabla y 29 de cada 100 supo el significado de una fracción.

Con motivo de la presentación de los resultados de la evaluación de Enciclomedia a 131 mil docentes, Gilberto Guevara Niebla, director del Centro de Investigación Educativa y Actualización de Profesores señaló que nuestro país tiene maestros de “mediana calidad”. 

El profesor se encuentra en el centro del aprendizaje, pero en el caso de México no tiene los incentivos para apoyar a que los alumnos tengan mejores logros. Si bien se reconoce que los docentes han elevado, de manera importante su escolaridad, sólo 60% cuenta con licenciatura, cuando en casi todos los países pertenecientes a la OCDE la totalidad tiene este grado.

Los maestros no son los únicos responsables del consumo del presupuesto en educación y de su mala calidad, tenemos también al sindicato. El SNTE privilegia los criterios políticos por encima de los educativos.

Prueba de la gran fuerza política del SNTE es que de los 152 mil millones que se canalizan a la Secretaría de Educación Pública (SEP), 61 mil millones (40.13%) se utilizan para “servicios personales”, según el Presupuesto de Egresos de la Federación 2007.

El SNTE es la organización sindical más grande de Latinoamérica con un millón 200 mil agremiados, comandados por la maestra Elba Esther Gordillo. Su importancia política ha quedado de manifiesto en diversos comicios como los de Baja California, así como en las últimas elecciones federales. De hecho han creado su propio partido político: Nueva Alianza.

Su influencia, incluso, llega a esferas de gobierno, influyó en la designación de José Fernando González Sánchez, yerno de la maestra Gordillo, como subsecretario de educación básica, así como de otros tres directores generales de la subsecretaría en mención, los cuales mantienen una relación directa con el sindicato.

El gremio es uno de los que manejan la mayor cantidad de cuotas sindicales, mismas que son descontadas por la SEP del sueldo de los trabajadores sindicalizados, sin que ellos puedan oponerse.

Si se toma en consideración que cada trabajador aporta 1% de su salario mensual (se calcula una aportación de al menos 40 pesos al mes), podemos estimar que las cuotas sindicales (si sólo se tomara al nivel de primaria en el estado de Puebla, cuyo registro es de 23 mil 986 docentes, pertenecientes a escuelas públicas), asciende a casi un millón de pesos mensuales y 11 millones 513 mil 280 pesos anuales. A nivel nacional los cálculos son, por lo menos, de 40 millones de pesos al mes, es decir, 480 millones anuales.
En 2005, la SEP destinó a este gremio, por el concepto de “acuerdos”, 900 millones de pesos correspondientes a compensaciones y estímulos a la labor.

Este sindicato, tiene como privilegio la “repartición” (que en realidad son “ventas”) de más del 50% de las plazas de nueva creación en escuelas de educación básica. Además controla la gestión de créditos financieros o de vivienda ante las autoridades del Instituto del Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) o la SEP, cuyos montos no son cuantificables.

En suma, los profesores mexicanos de “mediana calidad” son responsables del consumo de la mayor parte de los recursos destinados a la educación, pero no son los únicos que consumen estos recursos económicos, pues una buena parte va al SNTE.

La perversidad de las evaluaciones

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La cobertura mediática hacia el tema de la evaluación educativa parece reflejar que, así como en el sexenio pasado, los grandes proyectos del área fueron Enciclomedia y Escuelas de Calidad, durante el presente lo será la evaluación.

Las evaluaciones que actualmente se hacen adolecen de falta de coordinación entre las diferentes áreas y «el modelo» aplicado es deficiente e incongruente: los reportes generados hasta el momento están basados en criterios poco claros y con propósitos de orden político más que académico.

Para poner sólo un ejemplo, es suficiente decir que a pesar de que desde el 2002 se definió «el modelo» de evaluación —expresado en un sistema nacional de indicadores que estableciera los criterios y los procedimientos para la evaluación— no es sino hasta el 2007 cuando se da a conocer la propuesta del sistema, que ahora sólo funcionará para la educación básica escolarizada, quedando pendientes los demás niveles, tipos y modalidades educativos que estaban incluidos en la propuesta original.

Las dos instituciones encargadas de evaluar la educación son el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE) y la Secretaría de Educación Pública (SEP), quienes han generado conjuntamente la propuesta del Sistema Nacional de Indicadores Educativos (Sininde), como modelo articulador y organizativo de las evaluaciones, entre cuyos componentes fundamentales está la medición del «logro de competencias y habilidades en educación básica».

Anterior a la propuesta del Sininde se realizan dos tipos de pruebas para obtener esas mediciones: los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativos (Excale) y la Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (Enlace). Ambas pruebas miden niveles de aprendizaje de los alumnos en algunos aspectos de las asignaturas de español y matemáticas.

Por un lado, Excale (elaborada por el INEE) trabaja con muestras de estudiantes, pero con el universo del curriculum (el total de contenidos educativos) con pruebas que implican 500 preguntas, lo cual conduce a que se realicen en distintas ocasiones, y a partir de muestras de estudiantes y de escuelas.

Por otro lado tenemos a Enlace (elaborada por SEP), que a partir de una muestra del currículo (la selección de algunos contenidos) construye una prueba que aplica al universo de estudiantes. Los propósitos de ambas pruebas son diferentes: la SEP aporta datos sobre cada alumno, plantel, zona, estado y país. Excale aporta aproximaciones, por lo que no tiene que hacer reportes de los alumnos de la muestra.

Si bien, ambas pruebas pueden tener cuestionamientos Escale resulta la más confiable y pertinente. No ocurre lo mismo con Enlace.

¿Qué sucede con Enlace?

La primera aplicación fue realizada en junio de 2006 y la segunda del 23 al 27 de abril del 2007. En ella se pretende evaluar a alumnos de 3° a 6° grados de primaria (de escuelas privadas y públicas; en esta última categoría a escuelas rurales, urbanas, indígenas y cursos comunitarios) y 3º de secundaria (privadas, generales, técnicas y telesecundarias).

Las problemáticas que presenta esta prueba son múltiples y de diverso orden.

Primero:

Esta prueba no tiene sustento para establecer rankings.

Si fueron evaluados todos o cuando menos la mayoría de los alumnos de educación básica en México, la cifra supera a los 100 mil alumnos. Un conocimiento elemental de estadística nos indica que si una escuela ocupó el lugar número 10 y otra el 1500 la diferencia entre las dos no es significativa: están colocadas en el 2% de las mejores, aunque la cantidad entre ambas parezca enorme. Y lo mismo pasa entre la 1 y la 5000: forman parte del 5% de «los mejores planteles», con todas las reservas del caso.

Pese a lo anterior, la percepción en la mayoría de la población es que ahora contamos con el top ten de escuelas que beneficia a las privadas como instrumento de mercado. Nos encontramos ahora con alumnos de primera, de segunda y de tercera; maestros que serán los chivos expiatorios de los malos resultados. Seguramente la SEP no ha valorado las repercusiones que puede desencadenar la prueba Enlace.

La actual administración de la SEP afirma que la evaluación no es comparativa, pero en los hechos se ha convertido en eso. Con ello se le ha otorgado al sistema privado un valor agregado, porque actualmente, además de anunciar que estas escuelas tienen infraestructura adecuada y que ofrecen idiomas, se presume que son las mejores de Enlace.

Resulta incorrecto e injusto hacer comparaciones, pues no puede tratarse como iguales a los desiguales: es como comparar peras con manzanas.

Estudios realizados por el INEE demuestran que en la primaria, entre 70 y 80 % del aprendizaje se debe a las condiciones socioculturales que viven los niños en su casa. Normalmente, los alumnos que acuden a escuelas privadas tienen mejores resultados que los de planteles públicos, pero no porque estos últimos sean de calidad inferior, sino porque los niños que van ahí tienen peores condiciones socioeconómicas, lo que repercute en el proceso de aprendizaje. No se pueden esperar los mismos resultados en un niño que acuda a una escuela en San Pedro de los Garza García en Nuevo León, que otro de San Nicolás de los Ranchos, Puebla. Con esta prueba lo que se hace es imponer una homogenización a realidades particulares.

Segundo:

Con Enlace se regresa a una situación que, según los múltiples discursos educativos, se pensaba superar: el conocimiento memorístico. Además se prepara a los alumnos para que sean capaces de responder todo tipo de exámenes, olvidando una parte importante de la evaluación: la formación. Se les prepara ahora para que identifiquen cuál es la respuesta correcta o cuál es la distractora. Si los alumnos logran identificar la lógica en la construcción de la prueba, ya ni siquiera hace falta estudiar. Con estos ejercicios se logra que los alumnos aprendan a resolver pruebas y no a adquirir conocimientos.

Tercero:

Errores de logística. En este sentido, hay que mencionar que la primera aplicación fue hecha en junio del año pasado, no en el 100 % de los planteles, como estaba anunciado. Como la misma SEP reportó, en el caso de Oaxaca, Michoacán, Nuevo León y Baja California Sur, no fue aplicada la prueba al 100 %. Y con una falta de rigor en el aula que pone en duda la credibilidad de los resultados

La fecha de aplicación del primer levantamiento, del 5 al 9 de junio, fue una falla relevante, pues además de que se empalmó con el fin de ciclo escolar, con otras evaluaciones y con los exámenes regulares, muchas escuelas, sobre todo privadas, no fueron examinadas, pues ya estaban de vacaciones, aunque la SEP estableció la prueba como obligatoria. Durante la segunda aplicación este error ha sido corregido, sin embargo hace falta esperar los resultados.

En algunos planteles fueron evaluados sólo uno o dos estudiantes. En casos extremos, incluso, los evaluados no pertenecían al grado que se calificó.

Además, los errores en los nombres fueron un problema mayor. La prueba estaba etiquetada con los nombres de los estudiantes, sin embargo cuando llegaron a los planteles estos no se correspondían, porque las listas de los alumnos no las tiene la SEP en el D. F., las tienen los estados, como lo explicó Lucrecia Santibáñez, integrante del comité técnico de Enlace, por lo que esto se convirtió en un gran problema para la aplicación.

Cuarto:

El nivel de copia fue muy alto. Según Francisco Martínez, consultor en evaluación y ex-director adjunto del INEE, en 4 de cada 10 planteles , los alumnos tuvieron un nivel de copia muy alto. Las explicaciones a este fenómeno son diversas, destacando dos: por un lado, se atribuye a la falta de aplicadores externos que vigilaran el proceso. Por otro lado, la necesidad, por parte de los profesores, a que sus alumnos obtuvieran calificaciones elevadas.

Quinto:

Enlace esté asociada a Carrera Magisterial. Esta situación genera dos situaciones: por un lado, los profesores pueden convertirse en los chivos expiatorios, pero por el otro, hay que observar que el resultado que obtiene el grupo significa puntos adicionales para el profesor en el programa de Carrera Magisterial. Esto conduce a que el docente pueda alterar —al permitir conductas de «copia» o «ayuda» a su grupo—su aplicación. Está en juego el dinero y el prestigio. No hay, dada la magnitud del ejercicio, formas de control en la aplicación, como sería la de supervisores independientes en cada salón. El modo de aplicar Enlace disminuye su confiabilidad.

Sexto:

Hacer públicos los resultados. En este sentido podemos mencionar que algunos países que hacen evaluaciones censales semejantes no dan a conocer los resultados de manera pública. Por ejemplo, en Chile el material de la evaluación educativa es resguardado con alta seguridad, incluso en sus primeros años el ejército lo custodió y distribuyó a los planteles. Además, cuenta con aplicadores externos profesionales.

¿Enlace puede ser útil? A pesar de sus limitaciones, se pueden reorientar estas pruebas de tal manera que los resultados que se obtienen de ella sirvan para tratar de mejorar la educación básica.

No se exagera al decir que se trata de una de las pruebas más amplias aplicadas en el mundo, que incluyó a varios millones de estudiantes con el mismo instrumento y en tiempos simultáneos. Lo que arrojó un inmenso conjunto de datos que puede desagregarse –es decir, darnos información de cada alumno, grupo, plantel, sector, entidad, región y país, así como realizar distintas maneras de agruparlos por tipos de escuelas (públicas y privadas; urbanas y rurales; de organización completas y multigrado).

¿Cómo sacarle fruto a estos datos para comprender mejor el sistema educativo? Resulta fundamental alejarse, radicalmente, de una estratificación simple y burda de las mejores o las peores escuelas.

Si se logra esto y se atiende a los distintos agrupamientos o subconjuntos ya señalados, en lugar de ordenar escuelas o alumnos según sus resultados, se podrían detectar varios aspectos importantes. Por ejemplo, en el caso de primaria tenemos al menos cinco modalidades: privadas, públicas urbanas, públicas rurales, indígenas y cursos comunitarios. Su comportamiento en Enlace (que seguramente arrojan resultados variables) puede asociarse a sus contextos socioeconómicos y culturales lo que nos permitirá averiguar el impacto que las condiciones del entorno tienen en el aprendizaje.

Con lo anterior se podría evitar la comparación de las escuelas en abstracto, como si viviéramos en un país equitativo que otorga igualdad de oportunidades a todos los alumnos. Lo que a su vez traería como consecuencia la obviedad de diseñar políticas diferenciadas de apoyo para compensar el impacto de las condiciones de desigualdad.

Se podría, además, ubicar las áreas del conocimiento esperado con más deficiencia, para incluir en las políticas acciones específicas que impulsen su mejoría.

Otro aspecto que se podría atender son los subgrupos conformados por las escuelas o alumnos que destacan o se desvían de lo esperado por el impacto de las condiciones de contexto. Podrían generar investigaciones que ayuden a explicar qué ocurre en ellos para no estar determinados por su origen.

Así empleados los resultados, podría justificarse el costo –económico y de esfuerzo- de la aplicación de Enlace. A pesar de sus limitaciones, orientaría sus resultados de mejor manera.

En este momento resulta imperante la separación de Enlace con Carrera Magisterial, a pesar del descontento que genere en el sindicato de maestros. De esta manera cada profesor podría utilizar los reportes para mejorar su trabajo en aquellas áreas más débiles según el examen, y también para cada plantel, dejando de lado la «tabla de posiciones» que ahora se tienen. Para cumplir con esto, los profesores no deberían ni siquiera estar en el salón en el momento de la aplicación.