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La educación en números: Tercer Informe de Gobierno de Felipe Calderón

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Segunda parte

La deserción escolar en el nivel básico ha pasado de 5.5% en 2005, a 7.4% en 2008 y a 12% en 2009. En tanto que en el bachillerato sólo seis de cada diez alumnos que ingresan terminan sus estudios, siento este nivel el que registra la mayor deserción.

5.5 millones de mexicanos, mayores de 15 años no saben leer ni escribir, es decir el 8.4% considerando que esta población casi llega a los 68.8 millones, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI).

De este grupo de edad, 9.8 millones (14.3%) no tienen educación primaria y 14.6 millones (21.2%) no tienen educación secundaria.

En 2005 el porcentaje de personas –de 15 años o más– que no habían concluido la educación básica fue del 44.7% (33 millones de la población). Este rezago es más intenso entre la población rural quienes están en esta situación tres cuartas partes, y un tercio de la población urbana, lo que se refleja en el promedio de escolaridad: 8.4 años en los hombres y 7.9 en las mujeres.

Después de revisar algunas de las principales cifras de la oferta educativa, es muy fácil reconocer que los principales problemas de la educación se vinculan con el financiamiento –específicamente su forma de distribución–, la cobertura y, aunque en estas líneas no se abordó de manera directa, de la calidad (relacionada con logros académicos).

Teniendo este panorama, resulta evidente la atención a problemas como: erradicar el analfabetismo, combatir la deserción escolar, alcanzar la cobertura universal, incrementar los niveles de escolaridad.

Como se observa claramente, no ha habido cambios profundos en la educación en México y no se ve cómo se logrará el punto 3 del decálogo del presidente: “alcanzar una educación de calidad y superar el marasmo de intereses a fin de que la educación sea la puerta grande para salir de la pobreza”.

¿Cuánto dinero destinan las familias mexicanas a la educación?

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Las familias mexicanas sólo destinan el 9% de su ingreso anual a gastos relacionados con la educación, mientras que el 18% lo invierten en comida; 11% en vivienda y 11% adicional en el pago de deudas, según lo revela la Primera Encuesta sobre Cultura Financiera en México, que realizaron Banamex y la UNAM en el 2008.

El trabajo se llevó a cabo sobre una muestra de dos mil 49 hogares mexicanos (76.5% en zonas urbanas y 23.5 % en zonas rurales) y recopiló información sobre las características del hogar, la percepción del dinero y los gastos del hogar, el conocimiento de productos y el ahorro, el crédito y las fuentes de ingreso.

De acuerdo con la encuesta, en el país existe una prioridad en las necesidades inmediatas como alimento y vivienda, a la par de que las familias carecen de una visión de mediano a largo plazo y no saben planear financieramente.

Esta información es complementada con los datos de la encuesta de Seguros Monterrey New York Life y la firma Alduncín y Asociados, realizada en el mismo año. Según esta encuesta el 92.1% de los entrevistados piensa que los gastos de la educación profesional es responsabilidad de los padres. El 5.2% opina que este pago corresponde a los propios hijos, mientras que 2.7% piensa que es responsabilidad de otros miembros de la familia.

La educación es la mejor herencia que los padres pueden dejar a los hijos, según el 79.2% de los encuestados por Seguros Monterrey. En consideración, siguen las propiedades (11.5%) y el dinero (6.1%).

Las mujeres piensan más en la preparación académica que los hombres, ya que 8 de cada 10 lo considera una prioridad, contra el 7 de cada 10 de ellos.

Esta encuesta revela que el 49% considera que los padres de hoy ahorran para pagar la universidad de sus hijos cuando éstos sean grandes.

El 88% de los mexicanos considera que una carrera universitaria es un factor muy importante para el futuro, aunque sólo 6.3% tiene un seguro educativo.

El 77% de los mexicanos cree que un seguro educativo brinda el apoyo necesario para cubrir estos gastos; sin embargo no cuentan con él. Esta información es corroborada en la Encuesta realizada por Banamex-UNAM, en ella se muestra que a un considerable número de mexicanos (25% de los encuestados) piensa que, idealmente, es necesario tener un seguro en educación.

La inversión sigue siendo poca, ante los requerimientos de esta sociedad y en cuanto al aspecto del seguro de educación, es difícil en un país en donde hay que considerar primero en satisfacer las necesidades básicas inmediatas (alimentación y vivienda).

En educación, mucha lana y pocos resultados

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México, con un gasto educativo similar al promedio de los países integrantes de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), ocupa el lugar 30 dentro de esa organización, según los resultados de las pruebas de calidad educativa aplicadas a estudiantes.

 

Como se puede apreciar en los siguientes datos, México tiene mayores promedios de gasto, aunque es poco el dinero que realmente se destina a los alumnos:

De los 57 países participantes en las pruebas PISA 2006 (Programa Internacional para la Evaluación de los Estudiantes, aplicadas a los alumnos de 15 años en materia de ciencias), México ocupó el lugar 49 en ciencias, el 48 en matemáticas, el 43 en lectura y su puntaje general fue de 410 puntos. Finlandia, Canadá, Japón, Australia y Corea tuvieron los puntajes más altos.

Un recorrido rápido por la OCDE

No se pueden establecer patrones similares para los países de alto ni de bajo rendimiento porque no existen coincidencias entre sus políticas educativas y sus resultados.

Corea y México tienen políticas educativas muy centralizadas (el Estado concentra las decisiones y existe un currículo único para todos los estados o provincias) pero sus niveles de desempeño son diferentes. Estos dos países tenían hace 40 años promedios de desempeño similares. Sin embargo, Corea ha tenido un desarrollo vertiginoso en los últimos 30 años al ocupar el lugar 11 de la lista general de PISA 2006, en tanto México no ha mejorado sus resultados en ninguna de las tres emisiones de esas pruebas: ocupa el lugar 48 de la lista general.

Finlandia, Suecia y Bélgica tienen un sistema muy abierto: los alumnos tienen posibilidad de elección para algunas materias optativas, además de que las decisiones se encuentran a nivel de las municipalidades. Pero los primeros dos países tienen resultados muy altos, mientras Bélgica se encuentra en un lugar poco decoroso. La diferencia en el desempeño no parece depender de que el sistema sea centralizado o muy abierto.

Finlandia y Suecia decidieron conservar la educación privada pero se empeñaron en evitar una educación desigual, así que nacionalizaron el financiamiento de la educación privada básica sin expropiar las escuelas, que podían seguir siendo propiedad privada, pero sin cobrar colegiatura. Con esta medida se intentó salvar las ineficiencias de las escuelas públicas.

El gobierno otorga un subsidio por estudiante; de tal manera que el dinero sigue al niño: si se va a una escuela pública, el recurso va a la misma institución; si cambia de la pública a la privada, el dinero lo hace de la misma manera. Así que las escuelas privadas se empeñan en mantener una buena calidad educativa para atraer más alumnos y, en lugar de cobras las colegiaturas a los padres, las cobra al Estado.

En Corea, Japón o Hong Kong no sucede lo mismo. Los padres de familia deben hacer una solicitud de inscripción donde incluyen 30 escuelas, en orden descendente, para que el niño sea admitido y, mediante un programa complejo, el Estado decide a qué plantel ingresa el alumno.

Las condiciones materiales tampoco explican las diferencias. Los checos, con una economía débil (que en 2003 destinó 85 mil 438 millones de dólares de PIB a la educación, mientras en el mismo año México destinó 626 mil 080 millones de dólares), tienen algunos planteles donde las condiciones son muy malas y sus resultados en la evaluación de 2003 es realmente sorprendente, pasaron de su promedio de 510 puntos, en 2000, a 527 en 2003; es decir, subieron 17 puntos en tres años, conservándose en 513 en 2006 (la media de la OCDE, en las tres emisiones, ha sido de 500 puntos).

Contrario a lo que se piensa, los países asiáticos como Japón, Corea y China, no invierten alta tecnología en las escuelas. Tienen algunos planteles para sus estudiantes sobresalientes pero, en general, las escuelas son muy similares a las que existen en México: carentes de alta tecnología (sólo después del 2005 empezaron a equipar las aulas con computadoras), muy inferiores en este sentido a los niveles medios de las escuelas europeas, y los grupos escolares tienen alrededor de 40 a 45 estudiantes. Esto tampoco explica la diferencia.

Países que invierten lo mismo que México y Brasil, como la República Checa, Polonia y Hungría, tuvieron altos resultados, lo que comprueba que no hay una relación directa entre inversiones y buenos resultados.

La calidad educativa tampoco depende de las evaluaciones, como se puede constatar en Irlanda e Inglaterra, que examinan y evalúan todo lo evaluable y, sin embargo, no están entre los mejores lugares.

La segmentación y la calidad educativa tampoco están directamente asociadas. Hay países como Alemania y Suiza que dividen a sus estudiantes desde edades muy tempranas. Los suizos tienen un examen terminal de primaria para asignarlos a tres diferentes categorías de secundaria: regular, real y de trabajo. Los alumnos son clasificados de acuerdo con los resultados y predeterminados para el resto de su vida. Sin embargo, si vemos sus resultados, Suiza tuvo un avance de 17 puntos entre 2000 y 2003 (pasaron de 496 a 513), mientras Alemania se mantiene apenas alrededor de la media de la OCDE: alcanzó en 2003 507 puntos.

Los salarios de los maestros tampoco tienen incidencia directa en los buenos desempeños de los alumnos. En México, éstos son bajos con respecto a los estándares absolutos (un poco más de la mitad del promedio de la OCDE) pero se encuentran dentro de los más altos de la organización cuando se comparan a partir del PIB per capita. El rango de los salarios de un profesor con 15 años de experiencia comparados con el PIB per capita, para México, en la educación primaria y en la secundaria se encuentran respectivamente en 1.58 y 2.01, por encima del promedio de la OCDE de 1.28 y 1.30.

Además, desde 1996 los maestros mexicanos han recibido el segundo aumento de salarios más significativo, con percepciones, para un profesor con 15 años de experiencia, del 34% en el nivel de primaria y del 40% en secundaria. Los ingresos de los profesores mexicanos, en dólares, están más o menos en los niveles de los de Finlandia, de Nueva Zelanda y de Suecia, pero los resultados son muy diferentes.