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Casi 9 de cada 10 profesores mexicanos quieren recibir más cursos y talleres, el promedio más alto de la OCDE

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Casi 9 de cada 10 profesores mexicanos (85.3%) desean mayor desarrollo profesional, según los datos dados a conocer durante el presente mes de junio por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Este dato coloca a México como el país con el más alto porcentaje.

TALIS es la primera encuesta internacional sobre enseñanza y aprendizaje (TALIS, por sus siglas en inglés), fue realizado –durante el 2007 y 2008– a 70 mil maestros y directores de secundarias de 23 países de la OCDE y siete naciones más. México y Brasil son los únicos países latinoamericanos que participaron.

Según esta encuesta la mayoría de los maestros mexicanos señaló que le gustaría haber recibido más formación profesional en los últimos meses y que con frecuencia no se sienten suficientemente preparados para enfrentar a las dificultades en su trabajo ante el grupo.

Como se observa, el promedio de la OCDE, la mitad de los profesores encuestados deseaba tener mayor desarrollo profesional. El rango va desde el más bajo, 31% en Bélgica, hasta los porcentajes más altos, arriba del 80%, en Malasia, Brasil y en México.

Otro dato destacable señala que el porcentaje de maestros mexicanos cuya escuela reporta una falta de maestros calificados (según los directores) como un factor que dificulta el aprendizaje es casi dos veces el promedio de los países (64% frente al 38% del promedio de TALIS). Una diferencia similar se muestra en los reportes de los directores para la falta de técnicos de laboratorio (65% de los maestros, contra el 33% de la media de la OCDE), y en menor medida con respecto al personal de apoyo educacional (65% frente al 48% para el promedio del TALIS) y otro personal de apoyo (69%).

En México, la asistencia a “Cursos y talleres” (94%) fue la principal forma para fomentar el desarrollo profesional de los maestros, a diferencia del resto de países que señalaron como primera opción el “Diálogo informal para mejorar la enseñanza”, con 93%.

El porcentaje de maestros mexicanos que reportan haber tomado un curso de desarrollo profesional durante los 18 meses anteriores al estudio es relativamente alto en México (92% en comparación con el promedio de la OCDE de 89%).

México también tiene más de dos veces el promedio de días que los maestros invierte en su desarrollo profesional (34 frente a 15 del promedio del TALIS). Aunque también destaca que son los maestros más preparados quienes reciben más cursos, por ejemplo, los maestros con maestría o algún grado académico recibieron casi el doble de cantidad de días de cursos que aquellos que no tienen licenciatura.

Los maestros que dan clases en los pueblos, en promedio tomaron 8 días menos que aquellos que viven en una pequeña comunidad o en una gran ciudad.

A partir de esta información se pretende proporcionar una oportunidad para que maestros y directores den su aportación en el análisis educativo y en el desarrollo de políticas en algunos de los principales ámbitos de la política. Pretende que las experiencias que tienen los profesores en diferentes partes del mundo, sirvan para enfrentar los retos similares y aprender de otros enfoques de política.

Fuga de cerebros, fuga de capitales

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Primera Parte

Anualmente abandonan el país más de 20 mil mexicanos calificados, lo que le cuesta arriba de 100 mil millones de pesos a México, según datos dados a conocer durante el seminario “Fuga de cerebros, movilidad académica y redes científicas”, realizado durante el mes de marzo de este año en la ciudad de México.

En promedio, la mitad de los estudiantes que salen al extranjero a estudiar algún posgrado se queda en esos países, en busca de mejores ofertas laborales, salarios más elevados y mejores oportunidades de desarrollo profesional. A lo anterior hay que agregar que en el país priva un ambiente de falta de oportunidades, desempleo, carencia de infraestructura que acoja a esos mexicanos, escasez de plazas en las universidades públicas.

Los principales destinos de los emigrantes al extranjero, lo constituyen los Estados Unidos y Europa:

Por cada cinco personas con maestría y tres con doctorado que están en México, hay un mexicano en Estados Unidos y las tendencias indican que las cifras irán en aumento.

Según el subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán Gutiérrez, la fuga de profesionistas mexicanos -aproximadamente 575 mil- cuestan al país la cuarta parte del presupuesto que se destina a la Secretaría de Educación Pública (SEP – 438 millones de pesos) y es cuatro veces mayor al presupuesto asignado a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM- 24 mil 337 millones 73 mil 934 pesos).

Los costos se calculan bajo la premisa de que un estudiante en México cuesta anualmente 45 mil pesos en una institución pública de estudios superiores (y una carrera tiene una duración promedio de cuatro años), a esta cifra hay que agregar los gastos de la educación básica y media superior.

Eso significa que el costo, por más de medio millón de profesionistas en el extranjero, es de unos 103 mil millones de pesos.

Así que la “fuga de cerebros” representa la pérdida de la inversión (capital económico) hecha en la formación de esos estudiantes, pero además constituye una fuga de capital humano también importante para el desarrollo del país.

Recientemente, con el fin de conocer el tamaño de la fuerza científica del país, se han realizado algunos estudios que miden el número de científicos activos, de proyectos en marcha, de publicaciones, de estudiantes graduados, entre otros; los resultados sólo ratifican lo ya sabido: México no invierte lo suficiente en ciencia.

Mientras en México sólo hay una persona trabajando en ciencia y desarrollo por cada 10 mil habitantes, en Alemania hay 20, en Japón 36, en Israel 40 y en Estados Unidos 42. Lo anterior puede ser leído que un científico mexicano es 20 veces más importante que en Alemania ó 42 veces más importante que en Estados Unidos.

Por lo anterior, podría suponerse que los científicos deben ser una prioridad y por tanto el problema de la “fuga de cerebros” ser atendido por las instancias gubernamentales a las que les compete, además de esperarse que los académicos llamaran la atención de las autoridades de México a resolver este urgente problema; pero la realidad es que esto no es así.

La política de México ante el problema de la “fuga de cerebros” ha transitado de la falta total de reconocimiento de su existencia al desdén por él. Sin embargo, el problema no sólo existe desde hace muchos años, sino que amenaza con acrecentarse.

Magdalena Fresán, rectora de la UAM-Cuajimalpa, señaló en el seminario, que es necesaria una política de migración y de atracción, porque en una década habrá un relevo generacional en la planta académica en las instituciones educativas, debido a que en la actualidad el promedio de edad de sus investigadores es de 55 años.