Fuga de cerebros, fuga de capitales

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Primera Parte

Anualmente abandonan el país más de 20 mil mexicanos calificados, lo que le cuesta arriba de 100 mil millones de pesos a México, según datos dados a conocer durante el seminario “Fuga de cerebros, movilidad académica y redes científicas”, realizado durante el mes de marzo de este año en la ciudad de México.

En promedio, la mitad de los estudiantes que salen al extranjero a estudiar algún posgrado se queda en esos países, en busca de mejores ofertas laborales, salarios más elevados y mejores oportunidades de desarrollo profesional. A lo anterior hay que agregar que en el país priva un ambiente de falta de oportunidades, desempleo, carencia de infraestructura que acoja a esos mexicanos, escasez de plazas en las universidades públicas.

Los principales destinos de los emigrantes al extranjero, lo constituyen los Estados Unidos y Europa:

Por cada cinco personas con maestría y tres con doctorado que están en México, hay un mexicano en Estados Unidos y las tendencias indican que las cifras irán en aumento.

Según el subsecretario de Educación Superior, Rodolfo Tuirán Gutiérrez, la fuga de profesionistas mexicanos -aproximadamente 575 mil- cuestan al país la cuarta parte del presupuesto que se destina a la Secretaría de Educación Pública (SEP – 438 millones de pesos) y es cuatro veces mayor al presupuesto asignado a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM- 24 mil 337 millones 73 mil 934 pesos).

Los costos se calculan bajo la premisa de que un estudiante en México cuesta anualmente 45 mil pesos en una institución pública de estudios superiores (y una carrera tiene una duración promedio de cuatro años), a esta cifra hay que agregar los gastos de la educación básica y media superior.

Eso significa que el costo, por más de medio millón de profesionistas en el extranjero, es de unos 103 mil millones de pesos.

Así que la “fuga de cerebros” representa la pérdida de la inversión (capital económico) hecha en la formación de esos estudiantes, pero además constituye una fuga de capital humano también importante para el desarrollo del país.

Recientemente, con el fin de conocer el tamaño de la fuerza científica del país, se han realizado algunos estudios que miden el número de científicos activos, de proyectos en marcha, de publicaciones, de estudiantes graduados, entre otros; los resultados sólo ratifican lo ya sabido: México no invierte lo suficiente en ciencia.

Mientras en México sólo hay una persona trabajando en ciencia y desarrollo por cada 10 mil habitantes, en Alemania hay 20, en Japón 36, en Israel 40 y en Estados Unidos 42. Lo anterior puede ser leído que un científico mexicano es 20 veces más importante que en Alemania ó 42 veces más importante que en Estados Unidos.

Por lo anterior, podría suponerse que los científicos deben ser una prioridad y por tanto el problema de la “fuga de cerebros” ser atendido por las instancias gubernamentales a las que les compete, además de esperarse que los académicos llamaran la atención de las autoridades de México a resolver este urgente problema; pero la realidad es que esto no es así.

La política de México ante el problema de la “fuga de cerebros” ha transitado de la falta total de reconocimiento de su existencia al desdén por él. Sin embargo, el problema no sólo existe desde hace muchos años, sino que amenaza con acrecentarse.

Magdalena Fresán, rectora de la UAM-Cuajimalpa, señaló en el seminario, que es necesaria una política de migración y de atracción, porque en una década habrá un relevo generacional en la planta académica en las instituciones educativas, debido a que en la actualidad el promedio de edad de sus investigadores es de 55 años.

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