Bajos desempeños pero satisfechos

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Mientras 85% de los costarricenses y 84% de los venezolanos están satisfechos con sus sistemas de educación pública, sólo 66% de los alemanes y 67% de los estadounidenses están conformes con los suyos, según la encuesta «Calidad de vida: Más allá de los hechos«.

Esta encuesta del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), con base en datos de la Organización Gallup (realizadas a 40,000 personas en 24 países de la región y complementadas con entrevistas en profundidad en cinco países), revela que los latinoamericanos están mucho más satisfechos con sus sistemas educativos que los estadounidenses, los alemanes o los japoneses, a pesar de que los países latinoamericanos figuran entre los últimos puestos en desempeños educativos, a nivel internacional.

El estudio muestra que la calidad de vida (en las que se incluye la educación) no es sólo el producto de las condiciones «objetivas», es decir los aspectos de la vida de los individuos que son observables externamente. La forma como los individuos perciben esas condiciones y la evaluación que hacen de sus propias vidas también son dimensiones centrales de la calidad de vida.

De esta manera se explica que los resultados en educación que tienen los países no correspondan con niveles altos de desempeños. Por ejemplo si se revisan los resultados de PISA, se encuentra que mientras los estudiantes de Hong Kong, China, sacan un promedio de 550 puntos en matemáticas, los de Corea del Sur 542 puntos y los de Estados Unidos 483 puntos, los estudiantes de Brasil, México, Argentina, Chile y Perú sacan un promedio de 400 puntos, y en otros países latinoamericanos mucho menos.

En la opinión de los latinoamericanos algunas de las cosas que más importantes para su satisfacción con la vida son: poder costearse los alimentos, tener amigos a quienes poder acudir, tener buena salud y tener creencias religiosas.

El valor que asignan a estas condiciones subjetivas, en algunos casos, puede ser mucho mayor que su propio ingreso. Por ejemplo, si un latinoamericano se queda sin amigos a quienes poder acudir, tendría que recibir un ingreso de 7,6 veces el que tenía originalmente para poder recuperar su nivel inicial de satisfacción con la vida. Y si pierde su empleo, no bastaría con reponerle su ingreso: tendría que recibir un 60% adicional, pues el empleo no es sólo una fuente de ingreso, sino también de realización personal.

 

Estas opiniones llevan a la conclusión de que las percepciones están influidas por la realidad, pero no son su reflejo. De esta manera, las poblaciones más pobres y menos educadas tienen mejor opinión de las políticas sociales que los individuos más ricos o con mejor educación de sus mismos países.

Así, aunque las puntuaciones que logran los latinoamericanos en las pruebas internacionales de competencias académicas son muy bajas, entre la población predomina una opinión favorable sobre los sistemas educativos. Quienes tienen opiniones más críticas sobre los sistemas educativos de sus países son los más educados, cuyas aspiraciones y expectativas son mayores.

En general las opiniones de los padres de familia sobre la calidad del sistema educativo no dependen del desempeño académico sino de la apariencia de los planteles educativos, la puntualidad de los maestros o la seguridad de la zona en que están ubicadas las escuelas.

 

Si los latinoamericanos estamos satisfechos con la educación que recibimos -como lo muestra la encuesta- sin duda estamos en problemas. Nos vendría bien ser más críticos y humildes para aceptar que estamos mal.

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