Estrategias contra la obesidad infantil en las escuelas

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Desde 1997 la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la obesidad una pandemia. En México la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 reveló que al menos 26.8 % de los niños de cinco a 11 años tiene sobrepeso, mientras que las niñas alcanzan 25.9 por ciento, con una clara tendencia al alza (La Jornada, 1 de abril de 2010).

Hasta 80 % de los niños obesos podrían seguir siéndolo en su vida adulta señala Consuelo Velázquez Alva, experta en nutrición infantil y catedrática de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), agregando que es importante tener una estrategia nacional con bases científicas para enfrentar la obesidad y el sobrepeso infantil en México, cualquier acción aislada será sólo una medida política (Idem).

Ante la gravedad del problema, en estos últimos días se ha intensificado la discusión en cuanto a la regulación de la “comida chatarra” que se vende en las escuelas, así como la importancia de la reglamentación de los 30 minutos diarios de ejercicios.

Por un lado se tienen las propuestas de los Diputados y por otro a las autoridades de la Secretaría de Educación Pública (SEP) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quienes se acusan mutuamente de frenar el dictamen de la ley que exige a las escuelas expender alimentos saludables para evitar la obesidad en los alumnos. (Reforma, 9 de abril 2010).

Ante todas estas acusaciones e indefiniciones, Fundación IDEA publicó el estudio: “Obesidad Infantil: Políticas Escolares para Combatirla y sus Resultados” (12 de Abril, 2010). En ese estudio se aborda el Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria (Secretaría de Salud, SS) como parte de la estrategia contra el sobrepeso y la obesidad, el que involucra la participación de los sectores social, académico y privado, para llevar a cabo medidas inmediatas.

Hay que recordar que a principio de año, la SEP se comprometió a:

  • Impulsar la realización de actividad física de los alumnos al menos 30 minutos diarios
  • Incentivar la igualdad de género en la práctica del deporte
  • Impulsar, a través del currículo escolar, el consumo de agua potable y el alfabetismo nutricional
  • Garantizar la instalación de bebederos en escuelas públicas
  • Promover y facilitar la disponibilidad de agua y bebidas no alcohólicas con bajo contenido calórico en colaboración con la industria alimentaria
  • Generar lineamientos para proveedores de alimentos escolares encaminados a disminuir el consumo de azúcares
  • Impulsar un Acuerdo Secretarial para el expendio de alimentos y bebidas en las tiendas o cooperativas escolares de los planteles de educación básica para una sana alimentación escolar

En el documento además se destaca el acuerdo signado –en 2008 y puesto en vigor en 2009– entre la SS y la Procuraduría Federal del Consumidor (PROFECO) con algunas compañías que venden comida dirigida a niños (que representan cerca del 70 % de la publicidad en México), el código PABI (Código de Autorregulación de Publicidad de Alimentos y Bebidas dirigida al Público Infantil), está siendo evaluado en su primer semestre de aplicación para medir su efectividad. En el acuerdo se puede leer:

• Se reconoce que el público infantil, como consumidor, tiene derecho a la información para la selección de alimentos y bebidas no alcohólicas y la adopción de hábitos saludables y merece un tratamiento especial.
• El escaso conocimiento, experiencia y madurez del público infantil para evaluar la credibilidad de la información y para discernir entre contenidos publicitarios, informativos y de entretenimiento requiere de una publicidad responsable.
• Se reconoce que la publicidad es una herramienta coadyuvante para la formación de consumidores responsables y atentos al cuidado de su salud, por lo que debe ser orientadora y educativa sobre las características y propiedades reales de los alimentos o bebidas no alcohólicas y la información sobre su uso.
• Es conveniente aprovechar los medios de comunicación y la fuerza publicitaria del sector privado para promover la adopción de estilos de vida saludables, basados en una cultura de la prevención y la promoción de la salud, que tiene como fundamento el equilibrio energético: el balance entre la ingestión de alimentos y bebidas y el gasto energético a través de la actividad física y el ejercicio diarios.

Sin embargo y a pesar de que el código representa un avance en la regulación del problema, tiene aún serias deficiencias como las que a continuación se enuncian:

• En sus objetivos sólo se menciona el sobrepeso y la obesidad sin basarse en el desarrollo de una nutrición adecuada y en la promoción de la actividad física como medios para prevenir el sobrepeso y la obesidad.
• Se aplica a todo tipo de comunicación comercial dirigida a niños menores de 12 años, en lugar de enfocarse a todas las formas de promoción (no sólo comunicación), para cubrir acciones como la colocación de productos, patrocinio, mercadotecnia, puntos de venta, etc.
• No hace referencia específica a la publicidad de alimentos con alto contenido calórico, alto contenido en grasas, alto contenido de azúcares o sal, en contraste con una propuesta hecha por el Consumer International en la que se especifica que es necesario seguir las recomendaciones alimenticias de la OMS, en lugar de las evaluaciones y clasificaciones hechas por las propias empresas productoras.
• Está enfocado a niños menores de 12 años, sin considerar a los adolescentes entre 12 y 16 años de edad también altamente vulnerables a la manipulación de los mensajes publicitarios.
• La implementación del Código es monitoreada por el Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria (CONAR) formado por el propio sector privado.
• No existe ninguna multa o sanción considerable y seria por violaciones a lo establecido en el Código.

Para concluir este estudio señala, además del problema de la obesidad, tiene efectos negativos para el niño, tanto en términos de salud como de rendimientos escolares.

Después de revisión de literatura especializada y analizar diversas estrategias para combatir este problema en algunos países, se señala que ellas se ponen en marcha en las escuelas, por ser ahí donde se concentran los niños durante varias horas. Estos programas se enfocan en reducir la disponibilidad de alimentos “chatarra”, especialmente los refrescos o bebidas carbonatadas, reducir la publicidad de dichos alimentos e incrementar las actividades físicas realizadas por los alumnos.

Sorprendentemente una de las conclusiones es que se sabe muy poco sobre sus resultados de estos programas. Aunque hay algunos estudios que sí encuentran efectos positivos, en general la evidencia sugiere que reducir la disponibilidad de comidas “chatarra” en las escuelas no está fuertemente asociado con una disminución en la obesidad infantil (medida por índice de masa corporal). Tampoco lo están los impuestos a dichas comidas, a menos que los impuestos sean significativos.

Lo que sí parecen estar asociadas con la disminución de la obesidad infantil es el aumento en las actividades físicas en los alumnos.

Por todo esto, hay que evitar propuestas de combate a la obesidad infantil centradas únicamente en la reducción de la disponibilidad de comida chatarra, y sí exigir propuestas más integrales.

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