¿Y dónde queda la educación?

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El relevo que el secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, ha hecho en la Secretaría de Educación Pública (SEP) y los 700 mil niños que abandonaron la primaria y la secundaria durante el último año por la crisis económica, han sido de las notas principales en los diarios durante estos días.

En lo que se refieren a los cambios en la SEP, se decidió relevar a los titulares de la Subsecretaría de Educación Media Superior y de la Unidad de Planeación y Evaluación de Políticas Educativas, profesionistas con perfil académico y experiencia en políticas públicas, para poner a dos personajes cuya virtud es tener trayectorias ligadas al PAN.

La medida es claramente política. Los funcionarios salientes son doctores: Székely obtuvo su licenciatura en el ITAM y se doctoró en la Universidad de Oxford (Desarrollo Regional). Santibáñez se graduó en Matemáticas en la Universidad Nacional y se doctoró en Estrasburgo. En tanto que Martínez Espinosa (ahora subsecretario de Media Superior), es licenciado egresado del ITESO y Ciscomani (para Planeación) es también abogado, de la Facultad Libre de Derecho de Monterrey. Se menciona esto del perfil porque según el Servicio Profesional de Carrera, los primeros calificarían sin problema para el puesto, en tanto los segundos tendrían que cumplir con mayores exigencias.

El panista Juan Alfonso Mejía López –ex coordinador de vinculación institucional del CEN del PAN–, será el responsable de operar las estrategias educativas en los estados, y entre sus primeras acciones ha solicitado la renovación de 8 de los 12 representantes de la SEP en los estados en donde este año habrá elecciones (Reforma, 18 de enero 2010).

En este momento Lujambio se encuentra sin un programa educativo que lo respalde y tratando de definir la estrategia político-electoral para sus pretensiones presidenciales, las cuales, según parece, se montará en la estructura de la SEP. En este marco, las nuevas autoridades parece que cumplirán con tareas políticas, más que educativas (La Jornada 18 de enero 2010).

Con estos cambios, el secretario de Educación ha logrado, por un lado quitarle los obstáculos al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), al mismo tiempo de conseguir que la estructura de la SEP le sirva como plataforma de su candidatura presidencial.

Estas decisiones de Lujambio han sido fuertemente criticadas por múltiples personalidades de la educación, entre ellas Etelvina Sandoval (profesora e investigadora de la Universidad Pedagógica Nacional) y Manuel Gil Antón (profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana); quienes coincidieron en señalar que la educación de este país no está para ser utilizada como un espacio para construir una candidatura presidencial (Idem).

Por su parte Pedro Flores, integrante del Consejo Consultivo para la Educación Básica de la SEP e investigador de la Universidad Iberoamericana señaló que Lujambio tiene derecho de jugar sus cartas políticas como quiera, pero se está olvidando de lo más importante que son los niños del país, ya que en ese escenario sólo importa su ascenso, promoción y consecución de un puesto político, al tiempo que advirtió lo que las medidas tomadas por el secretario de Educación conceden mayor espacio al SNTE para sus actividades clientelistas y acciones de corrupción. (El Universal, 19 de enero 2010).

Carlos Ornelas, investigador de la UAM-Xochimilco, advirtió que se vislumbra que el SNTE puede aprovechar estas intenciones presidenciales para sus propias aspiraciones (Idem).

Todo esto tiene si se liga con la noticia de que en México, debido a la crisis económica, 700 mil niños abandonaron la primaria y la secundaria durante el 2009, se tiene un panorama desastroso para la educación.

Las críticas son del todo fundamentadas: mientras que en un sistema en el que hay registrados 25 millones de estudiantes en educación básica, 700 mil quedaron fuera, sólo el año pasado, lo que equivale a que 1 de cada 35 niños salieron de la escuela; el dirigente de la instancias encargada de la educación está más preocupado por sus pretensiones políticas.

Por ello uno se pregunta ¿Dónde queda la educación de miles de niños mexicanos?

El problema de que las autoridades educativas se dediquen a cuestiones políticas es que descuidan sus funciones, trabajar en el diseño de estrategias que incluyan a los 700 mil niños que salieron durante el año pasado, así como considerar a los que ya se encontraban fuera desde antes.

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