Archiv para septiembre, 2007

Ansiedad y autoestima en jóvenes mexicanos

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En enero del presente año, la Fundación Implementación, Diseño, Evaluación y Análisis de Políticas Públicas (IDEA), publicó el estudio “La Educación Básica en México: clasificación estatal y recomendaciones“, en el que presenta el Índice de Calidad Educativa (ICE), que mide el desempeño de los sistemas educativos de las 32 entidades federativas de México:

Índice de Calidad Educativa- Primarias

De la gráfica destaca que Oaxaca es el estado con el peor ICE en nivel primaria, Puebla ocupa el decimoquinto lugar, y Tlaxcala el decimonoveno puesto, de los peores ICE.

Índice de Calidad Educativa - Secundarias

Tlaxcala se coloca como el estado con peor ICE, Oaxaca se coloca en el octavo puesto y Puebla se mantiene en el decimoquinto lugar, de los peores ICE en secundaria.

Los datos disponibles indican que el sistema educativo mexicano es de baja calidad pero que además, los estudiantes de la región Puebla-Tlaxcala-Oaxaca están rezagados en comparación con sus homólogos del país.

Uno de los elementos que más llama la atención es el comportamiento de Tlaxcala, que desciende del puesto decimonoveno, en primaria, al último en secundaria entre los estados de más bajo nivel de calidad en secundaria. Oaxaca se recupera al subir siete puestos, mientras que Puebla se mantiene en el decimoquinto lugar en ambos niveles.

Por otra parte, la aplicación reciente del examen estandarizado del Programme for International Student Assessment (PISA) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) indica que México se encuentra en los últimos lugares internacionales en aprovechamiento escolar.

La gráfica muestra cómo, de una calificación máxima de 800 puntos, México promedia menos de 400 puntos en matemáticas y lectura, muy por debajo de otros países evaluados.

¿Qué factores están asociados con este fenómeno? Las explicaciones son múltiples y de diverso orden. Factores como la ansiedad, los profesores que se enojan y el nivel de escolaridad de los directivos son sólo algunos de los elementos que pueden explicar este fenómeno.

Por lo que hace a las actitudes de los adolescentes mexicanos, la hipótesis es que las actitudes son predisposiciones, aprendidas para pensar, sentir, percibir y comportarse hacia un objeto en referencia, este comportamiento puede ser favorable o desfavorable.

Con referencia a las matemáticas, jóvenes mexicanos de 15 años, a través de los cuestionarios aplicados en la evaluación de PISA, muestran un alto grado de confianza en sí mismos. México obtuvo una de las más altas calificaciones (0.175), solamente superado por Estados Unidos (0.253) y Canadá (0.187).

El programa es trianual, y evalúa a, con énfasis en un dominio diferente. El primer ciclo de aplicación fue en el año 2000 (que evalúa lectura), la segunda aplicación en 2003 evalúa matemáticas con una muestra de 29 mil 983 estudiantes, distribuidos en 31 entidades (en Michoacán no se aplicó). En 2006 se evaluó ciencias.

A partir de los resultados de 2003, se estableció que la interacción de actitudes, motivaciones y afectos interviene en el desempeño académico y en el aprendizaje permanente de los individuos, por lo que estos factores tuvieron un tratamiento especial.

Como los resultados que se muestran son opiniones de los estudiantes, es decir valoraciones subjetivas sobre procesos relacionados con la autorregulación, lo que los estudiantes dijeron puede ser o no congruente con el nivel de desempeño obtenido en la evaluación. Por ejemplo, los estudiantes mexicanos obtuvieron un alto índice en motivación, sin embargo el nivel de desempeño global de matemáticas fue uno de los más bajos.

Las pruebas de PISA midieron el grado de ansiedad de los alumnos al enfrentarse a las matemáticas. La premisa del estudio fue: los estudiantes con un bajo nivel de ansiedad generalmente dedican mayor atención a la tarea, debido a la ausencia de distractores, a partir de lo cual rendirán más que los estudiantes con un alto nivel de ansiedad.

Si los estudiantes están confiados en sus habilidades y están muy motivados, los niveles de ansiedad deberían ser bajos; sin embargo, contrariamente a lo que se podría esperar, los estudiantes de Brasil (0.570) y México (0.471) son los que reportan mayor nivel de ansiedad, mientras que los estudiantes de Estados Unidos (-0.096) son los que reportan un menor nivel de ansiedad.

Los estudiantes que sienten ansiedad cuando estudian matemáticas tienden a no interesarse ni a disfrutar con ellas, por tanto, la ansiedad puede actuar como un impedimento para el aprendizaje eficaz de las matemáticas, por lo que los estudiantes pueden tender a evitarlas y no cursar carreras que impliquen el estudio de las mismas.

En la evaluación de PISA 2003 se les preguntó a los estudiantes hasta qué punto se sentían desesperanzados y bajo estrés emocional al trabajar las matemáticas. Los efectos de la ansiedad en esta materia se derivan de lo que los estudiantes pensaban de las afirmaciones que se presentan en el cuadro: 

Como puede observarse, los porcentajes de México son superiores a los de la OCDE en cuatro de las cinco afirmaciones, en las opiniones “completamente de acuerdo y de acuerdo”. Estas cuatro proposiciones indican que los estudiantes en México se sienten más preocupados, tensos o nerviosos cuando aprenden matemáticas que el promedio de estudiantes de la OCDE.

También en un porcentaje alto (73.3 por ciento), los estudiantes en México se sienten capaces de resolver problemas de matemáticas, inclusive en un porcentaje mayor que el promedio de estudiantes de la OCDE (71.1 por ciento). Esta afirmación denota que al momento en que el estudiante enfrenta un problema de matemáticas siente ansiedad por la percepción que tiene sobre esta materia (las matemáticas son difíciles) y no por la falta de capacidad para resolver los problemas matemáticos.

Al examinar las diferencias del índice de ansiedad en matemáticas en cada entidad, respecto a la media nacional (0.471), se detectó que las entidades que presentan diferencias significativas, como de mayor ansiedad, son Tlaxcala (0.691), San Luis Potosí (0.620), Zacatecas (0.584) y Durango (0.558).

Según la fundación IDEA, uno de los factores más significativos en los resultados bajos, particularmente en secundaria, es el fenómeno de maestros que se enojan cuando sus alumnos les preguntan sobre contenidos de las lecciones. Los alumnos obtienen entre 16 y 21 puntos menos en las pruebas de español y matemáticas. En este sentido tenemos que Puebla tiene un promedio de profesores que se enojan al ser interrogados del 1.33, Oaxaca 1.34 y Tlaxcala 1.35, mientras que la media nacional es de 1.38 , es decir, que en esta región se enojan un poco menos que el promedio del país.

Además de los maestros enojones, otros de los factores considerados fue el nivel de estudio de los directores de los planteles. Oaxaca se colocó en último lugar en ese rubro, con un promedio de 4.3 años de estudios superiores, mientras que en Colima fue de 8.9 años.

Si relacionamos estos factores con otros indicadores podemos explicarnos por qué la calidad educativa es tan baja.

Si los elementos hasta aquí considerados se toman como síntomas y no como un hecho, es imprescindible que éstos sean considerados en consideración para desarrollar acciones que procuren mejorar el desempeño académico y el clima en el aula. Resulta imperante, por parte del sistema educativo nacional, realizar investigaciones para identificar los factores que impiden a los alumnos desempeñarse eficientemente, calcular la magnitud del efecto de tales factores y, con base en ello, establecer prioridades para la toma de decisiones que ayuden a mejorar la calidad de la enseñanza.

¿Escuela segura?

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Violencia asociada a las escuelas primarias y secundarias

En entrevista que concedió al periódico Excélsior el 6 de junio pasado, Gabriel Romero Vázquez, director del Programa Escuela Segura de la Secretaría de Educación Pública, afirmó: “en el camino de la la escuela a la casa, siete de cada diez alumnos han sufrido robos, insultos, golpes o alguna otra agresión y los puntos de venta de drogas se han multiplicado”.

Además, agregó que según la Encuesta Nacional sobre Inseguridad 2005, 2.3 % de los adolescentes entre 10 y 19 años de edad reportaron haber sufrido daños a la salud por violencia. El 25 % fue atacado en la escuela y 59 % en el transporte o en la vía pública.

En este sentido, el presidente Felipe Calderón en febrero pasado, presentó el programa Escuela Segura, con el cual se pretende fomentar valores de prevención entre los alumnos por medio de instrumentos didácticos y pedagógicos, con el fin de que sepan cuidarse de lo que les genera peligro en su proceso educativo.

La meta de Escuela Segura, en su primera etapa, es aplicar el programa en 9 entidades federativas; en el 2007-2008 se pondrá en marcha en 18 estados y abarcará a 45 municipios con mayor índice delictivo del país; y para el 2012 se atenderá a todas las escuelas públicas en donde el proceso educativo se haya alterado.

Pese a la gran importancia que actualmente se le ha asignado a este programa, hay que hacer recuento de su historia. El programa Escuela Segura, en su primera versión, fue instrumentado en el 2002, bajo el nombre de Escuela Segura, Sendero Seguro. El propósito era: “combatir la delincuencia y violencia en los entornos escolares, prevenir que los estudiantes porten armas o sustancias ilegales en las escuelas y, principalmente, fomentar la cultura de la legalidad entre la comunidad educativa”. Mientras que la nueva versión enfatiza que “El programa Escuela Segura tiene como objetivo construir una cultura de paz dentro de cada plantel, así como fortalecer una agenda de prevención contra la violencia, las adicciones y la delincuencia entre la niñez y la juventud”, dijo la secretaria de Educación Pública, Josefina Vázquez Mota, durante el acto de arranque de este programa.

En su versión original (la de 2002), constaba de tres componentes: Mochila Segura, que implica la revisión por parte de los padres de familia de las pertenencias de los estudiantes; Sendero Seguro, que refuerza la vigilancia de las calles aledañas al plantel, y Entorno Seguro que mejora el contexto escolar con mayor iluminación, retiro de ambulantes y vigilancia de personas sospechosas. Todo parece indicar que se conservarán estos componentes, pues en el discurso de inauguración se hizo referencia a acciones relacionadas con ellos, aunque no fueron mencionados explícitamente.

Hay que señalar que si bien este programa opera desde el 2002 — y durante el 2005 no le fueron asignados recursos—, no se cuenta con indicadores que hagan pensar que ha funcionado eficazmente o que podrá hacerlo en su nueva versión. ¿Qué hace pensar a la actual administración que el programa puede funcionar? ¿Qué datos pueden sustentar tal acción?

Al parecer es la percepción de los funcionarios, pues en el caso de Romero citado arriba, el funcionario jamás precisó la fuente de información. Hay que agregar, además, que aunque usó la Encuesta Nacional sobre Inseguridad 2005, ésta fue dirigida a la población de 18 años y más, que reside permanentemente en viviendas particulares dentro del territorio nacional, por lo que es muy difícil o imposible desagregar los datos por grupos de edad y poder correlacionar la información obtenida para abordar el tema de la violencia en las escuelas.

Insistimos: no existen criterios para medir la eficacia de este programa pese a que el subsecretario de Educación Básica, Fernando González, señaló en el foro de consulta “Los profesionales de la educación, análisis y perspectiva” que se tienen resultados del programa en las más de 1,175 escuelas que lo operan al mejorar el clima de convivencia — cabe destacar que aun cuando el Sistema Nacional de Indicadores señala la importancia de medir el clima de aula, aun no se cuenta con indicador alguno—: “El programa va bien, es un programa exitoso que tiene todavía mucho que enseñarnos, es un programa que como fenómeno educativo todavía tenemos mucho que aprender de los niños, de los maestros, del entorno, de la violencia, de la agenda de adicciones”.

El único estudio que se tiene hasta el momento sobre violencia en las escuelas, elaborado por alguna institución oficial, es del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE). Esta instancia se acercó al tema a través de los cuestionarios de contexto de los Exámenes para la Calidad y el Logro Educativos (Excale) 2005, y dado a conocer en el documento “Calidad de la Educación Básica en México. Informe Anual 2006” (publicado en 2007). Este estudio permitió abordar varias facetas de este complejo fenómeno, aunque destacan tres: la violencia recibida y la violencia ejercida por los alumnos, tanto desde su propia perspectiva como desde la de sus profesores; el consumo de sustancias nocivas a la salud entre los alumnos; y, de manera complementaria, los sistemas de disciplina en su relación con las dos primeras. No está de sobra señalar que aunque se trata de un estudio eminentemente exploratorio, cuyo valor principal radica en el alcance nacional de la muestra considerada (con un margen de error estándar menor al 1%), tiene la limitante de que los datos no se pueden desagregar por entidad federativa.

La violencia en las escuelas

“Si bien la violencia escolar siempre ha existido, ahora los alumnos son más agresivos, y eso ocurre porque hay una mayor aceptación de la violencia en televisión, intenet, en la familia”, afirmó Lizbeth Flores, residente de la Clínica de Atención Integral al Niño Maltratado (Reforma 6 de junio 2007).

Declaraciones como ésta, sin embargo, carecen de sustento sólido, pues no tenemos información al respecto. Lo que se puede decir es que ahora tenemos más acceso a estas imágenes, como lo vemos a través de la convocatoria Primero tu imagen que el grupo Televisa ha realizado, en donde se han mostrado gran cantidad de videos de violencia afuera de las escuelas o a través de sitios de Internet (por ejemplo you tube) en donde los adolescentes pueden narrar sus experiencias de violencia o intimidación.

Algunos resultados significativos

Del estudio realizado por el INEE, el primer fenómeno analizado es la violencia ejercida, es decir cuando los alumnos han participado en actos de agresión en cualquier modalidad (física, burlas, robo, etc.). En este sentido, los resultados fueron los siguientes:

La violencia ejercida está ligada a factores personales, familiares y escolares. Pueden destacar los siguientes:

El género es un factor importante, pues en los reportes se observa claramente que los hombres participan y son víctimas de violencia en mayor medida que las mujeres.

Las agresiones son diferentes entre hombres y mujeres. Entre los hombres las agresiones son más de tipo físico, además de que se utiliza un lenguaje soez con más frecuencia. En las mujeres, las burlas y la marginación son las principales formas de violencia. Lo anterior no significa que estas formas de agresión sean exclusivas de uno u otro género.

La composición y dinámica familiar parecen también influir en las prácticas de agresión entre los alumnos. En este sentido, los de procedencia de familias monoparentales incrementan el grado de violencia, particularmente si la madre está ausente. Una conducta similar es observada en los alumnos que viven en hogares conflictivos y cuando los padres no están atentos a lo que sus hijos hacen fuera de la escuela.

El consumo de sustancias nocivas para la salud, como el alcohol, está asociado directamente a las conductas agresivas por parte de los alumnos. En este aspecto, el 15.9% y el 24.7 % de los alumnos de primaria y secundaria respectivamente, reportaron haber consumido bebidas alcohólicas alguna vez en su vida. Si bien los niveles no parecen ser muy altos, hay que destacar que la diferencia de casi 9 puntos porcentuales entre ambos niveles sugiere que el consumo aumenta conforme los alumnos crecen.

Los alumnos de primaria han incurrido en más actos de violencia que los de secundaria, fenómeno que se ve incrementado, como se mencionó, cuando está de por medio el consumo de alcohol o drogas, aspecto más recurrente fuera que dentro de las escuelas.

El segundo fenómeno investigado es el referente a la violencia sufrida, es decir cuando los alumnos son víctimas de la violencia. En este sentido, 46.4 % de los alumnos de primaria y 43.6 de secundaria han sido víctimas de robo, tanto dentro como fuera de la escuela. Más de 24 % ha sufrido burlas y uno de cada cinco ha tenido lastimaduras físicas y amenazas (18% respectivamente).

Un hallazgo importante es que los alumnos agredidos tienden a realizar actos agresivos, aunque se reporten más víctimas que victimarios. Las víctimas y los victimarios tienden a cambiar de roles, dependiendo de la dinámica que tengan los conflictos.

Los alumnos que presentan alguna condición personal desfavorable (como dificultad de desplazarse, ver, oír, obesidad, delgadez extrema, etc.), son objeto, con mayor frecuencia, de victimización por parte de sus compañeros.

Los datos obtenidos, sugieren que entre los alumnos que no se encuentran en situación de desventaja, como es el caso de las escuelas privadas, existe poca aceptación y comprensión hacia las diferencias, aspecto que seguramente contribuye a explicar que en educación secundaria este tipo de escuelas tengan el mayor índice de agresión.

Un tercer fenómeno que aquí nos interesa resaltar del informe del INEE es el referente a la percepción de los profesores sobre la violencia dentro y fuera de la escuela. Al respecto veamos las opiniones:

Un dato relevante es la diferencia de opinión entre alumnos y docentes respecto a la magnitud de los problemas de violencia. Por un lado, los maestros tienden a minimizarlos, por otro, los alumnos perciben que no son atendidos cuando se enteran de ellos, particularmente si se trata de expresiones de agresión sutil o menos visibles como la burla.

En el estudio se revela que las características específicas de las modalidades escolares y la población que se atiende son determinantes. Para el caso de primarias, la modalidad que más ha ejercido y ha sido víctima de la violencia es la indígena; mientras que en el caso de las secundarias, son las privadas quienes presentan los índices más altos. Lo que sugiere que el fenómeno de la violencia no se asocia sólo a contextos socioeconómicos desfavorables como lo afirman las visiones simplistas.

El mayor grado de violencia en las primarias indígenas puede llevarnos a suponer dos cosas: que los alumnos indígenas por sus patrones culturales, pueden sentirse más libres para hablar del tema, o que efectivamente son los que presentan los índices más altos. Mientras que en el caso de las secundarias, que presentan menores índices, se puede tratar de que los alumnos se sientan inhibidos para hablar de que han sido agresores.

Con respecto a la disciplina, resulta interesante notar que cuando los estudiantes y los profesores perciben que en su escuela hay exigencia académica y la disciplina es razonablemente estricta, las manifestaciones de violencia son menores. El uso de sanciones constituye un mecanismo escolar para controlar las conductas violentas, pues es notorio que cuando el índice de violencia ejercida es alto, las sanciones son más utilizadas. Dato que se corrobora al identificar que las escuelas en donde los alumnos perciben poca disciplina o exageradas medidas de control, los índices de violencia se incrementan.

Se pueden encontrar algunos patrones de los agresores. Los aspectos coincidentes son:

• Género: masculino
• Edad: de mayor edad en relación con sus compañeros de grupo (en muchos casos en situación de extraedad)
• Trayectoria escolar: irregular y/o con calificaciones promedio bajas, repetidores y los que han experimentado cambios más o menos frecuentes de escuela

Hay que destacar que la magnitud de las manifestaciones de violencia en las instituciones educativas mexicanas es relativamente baja y se ajusta a los rangos registrados en otros estudios (Victimización en las escuelas. Ambiente escolar, robo y agresiones físicas; Disciplina, violencia y consumo de sustancias en escuelas primarias y secundarias de México; El clima educativo en los centros de enseñanza media: factores relativos a profesores y estudiantes. Uruguay en el Programa PISA; Consumo de drogas en la población escolar de Chile. Resultados del estudio de 2001; “La violencia es un fenómeno creciente en los planteles educativos” Debate educativo 11. Violencia escolar; “Procesos y prácticas de disciplina y convivencia en la escuela. Los problemas de la indisciplina, incivilidades y violencia” en Acciones, actores y prácticas educativas. La investigación educativa en México 1992-2002). Sin embargo, se identifican casos en los que el problema alcanza dimensiones mayores, como en el D. F., que resultan preocupantes. Por lo que se hace necesaria una reflexión en torno a lo que diversos ámbitos del sistema educativo pueden hacer.

El caso del D. F., llama la atención, pues a pesar de obtener los mejores indicadores en calidad educativa (que incluyen infraestructura y condiciones socioeconómicas de los estudiantes), se enfrenta con la problemática de violencia, adicciones y desobediencia, de acuerdo con los reportes obtenidos.

Para finalizar, ahora tenemos datos concretos de la violencia asociada a las escuelas, sin embargo no contamos con estudios anteriores que nos pueda hacer saber si la violencia aumentó, se mantuvo o incluso disminuyó. La interrogante central de si ¿aumentó la violencia? es respondida únicamente por la percepción que tenemos, dada por los reportes de la televisión, los periódicos, etc.; por tanto ¿cómo confiar en el programa Escuela Segura, que parte de elementos subjetivos como las percepciones?

Escuela Segura resulta más una medida política para justificar el cerco policiaco, la mercadotecnia política o las medidas de vigilancia y punición que se está viviendo en el país, que un programa basado en mediciones objetivas, con criterios claros de partida y desarrollo que termina siendo, en muchos casos, otra forma de violencia contra los alumnos al realizar cateos y revisiones como medidas vejatorias.