Los hombrss que no amaban a las mujeres…

alejandrobonilla

Los hombres que no amaban a las mujeres eran torpes porque no comprendían que ellos eran ellas.

Los hombres que no amaban a las mujeres eran estúpidamente ciegos porque no se reconocían en ellas.

Los hombres que no amaban a las mujeres eran románticamente absurdos.

Los hombres que no amaban a las mujeres eran adictos a la bobería, al sinsentido.

Los hombres que no amaban a las mujeres eran, solo eran.

Los hombres que no amaban a las mujeres usaban cadenas y lazos y palos y palabras.

Los hombres que no amaban a las mujeres eran muchos y de todos los colores.

Los hombres que no amaban a las mujeres barnizaban sus palabras con colores tenues para que no fueran negras, opacas.

Los hombres que no amaban a las mujeres reconocían su belleza y su amor, su bondad.

Los hombres que no amaban a las mujeres eran férreos, críticos y consecuentes, coherentes.

Los hombres que no amaban a las mujeres subían a una escalera y se columpiaban entre jazmines.

Los hombres que no amaban a las mujeres también eran dignos y apacibles y buenos.

Me dejas sin palabras

alejandrobonilla

Siempre ha sido así. Me dejas sin palabras y misteriosamente, robas los pocos minutos que destino para soñar. Increíblemente apareces de entre los muertos, las sombras y te posas, sigilosamente sobre mi hombro izquierdo, ese que maneja la conciencia buena y mala.

Siempre tuve certeza de que te conocería, en algún lugar y momento, en ésta vida o en otra, pero ahí estarías, junto a mí. Apareces y reapareces y como el Ave Fénix, renaces en mi mente de la nada, cuando creí que todo era asunto de olvidar y ya. Sólo olvidar.

Cuando digo que me dejas sin aliento no es asunto menor. Que me robas el sueño tampoco lo es y sin embargo, lo haces. Eres y no eres, vives y no dejas vivir, amas y te dejas amar, sueñas y desesperas, brillas y haces sombra y sigues siendo tan tú, tan simplemente tú.

La verdadera pasión, la que nos hace estremecernos, llorar a ratos, brincar, reír, soñar, imaginar, esa eres tú y soy yo, por ti.

No se trata de falsos triunfalismos basados en mi ego, se trata solamente de vivir.

Renacer.

La esperanza es el sueño del hombre despierto, decía Aristóteles y reconozco que se convierte en un motor de vida que nos hace conectar, misteriosamente, a nuestro corazón, la mente, los pies, las manos, el dedo chiquito del pie izquierdo y hasta nuestra oreja; todo está conectado para que avancemos hacia esa utopía llamada amor.

Nunca la alcanzaremos, sin embargo, al caminar avanzamos un poco para llegar a ella y en un momento de nuestras vidas, estaremos juntos para, con la mirada fija en el alba, contemplemos por fin el espectáculo al que Dios nos ha invitado como espectadores principales.

Me dejas sin palabras.

Me robas el aliento…

Soñar

alejandrobonilla

De la noche al amanecer sólo hace basta cerrar los ojos.

Soñar y dormir.

Sólo dormir.

Todos quisiéramos que nuestros sueños fueran el reflejo fehaciente de nuestra vida diaria; todos quisiéramos que esas quimeras nos sucedieran en realidad; todos quisiéramos que la vida nos abofeteara con un suave remanso de paz, amor e ilusión, de esperanza.

Las ausencias que se manifiestan en nuestros sueños son el palpitar que nos dice que estamos vivos, sentimos, respiramos y que por nuestras venas circula esa fuerza intangible que los poetas llaman amor.

Ella soñaba. Él soñaba.

Además de los beneficios que dicen los científicos que tiene el dormir, las ventajas que nos da soñar no las brinda el maquillaje más caro o el tónico más innovador, no. Soñar nos permite volar por caminos te  nubes ataviados de pequeños elefantes rosados; nos otorga la posibilidad de rescatar a la princesa que se encontraba en manos del pirata malvado con pata de palo; llevarle a la persona que amamos un millón de flores y dejárselas en medio de un gran pastel de chocolate.

Soñar nos da cosas que son imposibles de tener o totalmente posibles.

Soñar es la posibilidad de planear nuestro día, nuestra vida o sólo un segundo. Soñar y volar hasta donde estás tú: tan tierna, delicada, apasionada, salvaje, triste, sonriente. Solo cerrar los ojos y soñar, simplemente soñar.

…El es papá del doctor

alejandrobonilla

¡En mi vive la pasión! Se repetía a cada instante el chico.

No era demasiado diferente que el resto de sus amigos y compañeros de aventuras: moreno, pequeño y frágil; apenas probaba alimento por las mañanas: un poco de pan remojado en una mezcla que simulaba ser atole y una tortilla endurecida por el tiempo y el frío que calaba hasta las entrañas, hasta el alma.

Salía a caminar con la mente puesta en ser un prominente doctor, como el del pueblo, que  llegaba ataviado de ropa bonita, en un auto que parecía ser el de un príncipe y que siempre tenía una respuesta para cada pregunta, siempre. La escuela le parecía sorprendente y encontraba en ella una respuesta a todas las preguntas que se hacía.

Charcos de lodo, basura, pobreza, muerte por enfermedades curables, todo eso se borraba de su paisaje cuando imaginaba como llegaría al pueblo en unos años:

-¡El doctor ha vuelto! Gritaban las señoras emocionadas y corrompidas por la envidia.

De tajo, se dio cuenta que los sufrimientos de sus padres, los esfuerzos, el trabajar y estudiar en la noche, todo había valido la pena: era un doctor; sus conocimientos y estudios referentes al cáncer estaban revolucionando al mundo de la medicina: Boston, Chicago, Houston, Paris, La Habana, Londres, en todos lados querían escuchar su ponencia.

¿Su familia? Jamás olvidó de donde venía. Nuestro doctor era difícil de seducir por las mieles del éxito, del poder. Fundó una pequeña clínica en su pueblo que financiaba y operaba con algunos médicos amigos que logró contagiar de la pasión por ayudar a los que carecen de cosas mucho más importantes que la salud: la esperanza, la fe.

Su madre, que jamás abandonó las labores del campo, no cabía en la emoción de ver como su hijo, su único varón, había conseguido su sueño; su padre presumía en el pueblo y caminaba, incluso de manera muy altiva, como sabiendo que murmuraban: “él es el papá del doctor”.

Una fuerte tormenta se impactó sobre el pueblo. Las casas de cartón parecían no resistir. Lluvia, lodo, basura y madera corría por las improvisadas calles que se tragaban todo a su paso. El doctor, nuestro doctor, despertó sabiendo que mañana no iría a la escuela, tal vez pasado mañana tampoco. Sabía que a veces, nuestros sueños, son lugares paradisiacos, de los que nunca, deberíamos de despertar.

Una navidad cualquiera

alejandrobonilla

Las fiestas decembrinas comienzan a verse a la vuelta de la esquina y con ellos los clásicos abrazos, apretujones, apapachos, muestras de cariño con la compañera de trabajo que no soportas, con el compañero que aseguras tiene ese puesto porque es recomendado.

Si, las fiestas vienen llegando. Los mejores disfraces internos de pastores, borreguito, burrito (algunos hasta evidente es), María, José y cuanta cosa que venga en el nacimiento es utilizada.

¿Tiene piquete el ponche? ¡Saca la cubita! Repiten incansablemente los “chistosos” del grupo. Te pones el sueter rojo tejido por la abuelita hace 27 años para tu hermano mayor y que antes, bajo ninguna circunstancia te hubieras puesto. Sales a la calle, con un pinche frio cabrón, pero son una sonrisa basada en el hecho, inequívoco, de que vas a darle en la madre a las tarjetas de crédito, aún estas terminando de pagar lo que compraste en la navidad del 2008 y ya vas a endeudarte hasta el 2019 ¡Muy bien, campeón!

En el centro comercial te encuentras a personas que abrazas, aunque tenga años que no veías y que, realmente no te da gusto ver: ¡hay que vernos, amiga! (nunca pasará, lo sabes). Comprar, de eso se trata: ¡compra! ¡compra! ¡compra! (unas botas que nunca usaras, la camisa de cocoles que tu papá aborrecerá o el chor para hacer ejercicio, que tú amiga con sobre peso, juró que usaría en enero).

Ahora viene la envoltura de obsequios ¡oh problema! Si no tuviste la suerte de hacer tus compras en tiendas que te dan las bolsas coquetas ¡Y A  T E  C H I N G A S T E! porque vas a tener que pararte en la “Papelería, Mercería y Regalos Mary” de la esquina de tu casa y tener que comprar el bonito pliego de papel de osito con sombreo de santa, triste el envoltorio. Forra, mide, corta diurex, tijeras, ¡las tijeras! Chíngate a agacharte para cortarlo con la boca porque ya lo habías puesto en el papel, dolor de espalda seguro.

Esperas la cena de navidad y presionas a la familia para abrir los regalos antes de cenar. Por fin, el momento que esperaste ha llegado: la apertura formal de los regalos; de fondo
los villancicos navideños de Mijares, Yuri o Lorenzo Antonio ¿tiene villancicos Lorenzo Antonio? Seguramente sí.

Le das, con una sonrisa abierta y unos brazos apapachones, el regalo a mamá, Doña Lupe. Los segundos entre los que te da besos mojados y llenos de amor (bien pudiera expresarlo sin tanta saliva) y el momento que pide bolsa para tirar la basura y cuchillo para guardar la caja –para el año próximo, dice-, son eternos. Lo abre y su sonrisa comienza a transformarse: ¡un monstruo aparece en su cara! ¿Una batidora, mijo? ¡Siempre quise una batidora con 17 velocidades y limpiado fácil!

¿Para eso me maté peleando por el nuevo modelo? ¿Para eso utilicé mi monedero electrónico? Si, para eso.

Así son las navidades, de casi todos.

Dios me perdonará

alejandrobonilla

La noche se tornaba intensa. El día le había obsequiado un ramillete de sueños, de trazos que imaginó solo en su memoria,  tan reales, que pensó algo o alguien le estaba jugando una broma.

Se detuvo afuera de una casa cualquiera y fijó su mirada en el número de la entrada. El 71 no le decía nada, pero lo sentía particularmente familiar; continuó su camino hasta llegar a su apartamento, una vieja construcción ajena al desarrollo y el cambio vertiginoso de la ciudad. Tomó las cosas que había comprado por la tarde en el supermercado, un poco de pan, vino tinto, aceitunas y un pica hielos.

Ya en su apartamento, prendió  incienso, unas velas y pensó que lo único que faltaba en aquella atmósfera era música, primero sintonizó algo alegre, pero sintió que no iba con el ambiente, entonces puso el Concierto de Aranjuez en el reproductor y con el primer acorde de la guitarra, sintió como si algo le doliera en el alma, sin embargo, se sentía feliz, plena.

Se despojó de sus zapatos, primero, de la cinta que le detenía el cabello después; destapó la botella de vino y decidió romper con su manía de orden y tomó de la botella, sin remordimientos.

Con cada sorbo, se sentía más libre y, mientras continuaba la música, su corazón llegaba a un lugar muy extraño, lleno de paz. Pasaba de las lágrimas a la risa exagerada, del dolor por algo que no sabía qué era a la alegría desbordada y, aun así, era profundamente dichosa. Brindó con nadie, por nada, y su sonrisa brillante alumbró la suave penumbra. Recordó cuando su madre la llevó por primera vez a la escuela, cómo lloraba al ver su partida y cómo su madre, lloraba también, haciéndose la dura. Vio claramente como su padre le pegó con el viejo cinturón por robar unas monedas del bolso de su madre y mientras hacía esto, su papá soltaba lágrimas, él que siempre era tan firme y estricto.

Recorrió con la mirada su viejo apartamento, y sus ojos enfocaron, casi de manera inmediata, un viejo portarretrato, era su abuelo, aquel que le enseñó la importancia de decir la verdad y no traicionarse a sí mismo como base del éxito, sus lagrimas volvieron a salir cuando recordó como no pudo ir de niña al entierro de una de las personas más importantes de su vida; su corazón parecía detenerse y sin embargo, ya había perdonado a su madre por no llevarla, pasaron más de 10 años para que esto sucediera, pero lo pudo hacer, ayudada por la fuerza incorpórea de su abuelo. Los paseos por el campo, las pláticas en sus piernas, los dulces, los recados en el pizarrón de su vieja casona, eran los recuerdos que atesoraba.

La noche continuaba avanzando, implacable. Recordó la casa que observó de camino a la suya y no entendía el significado. Al paso de las horas, remembró nuevamente a su abuelo y cómo le contaba de su infancia, de lo que hacían los niños de esa época, a pesar de las carencias económicas, su abuelo hablaba de su niñez con una nostalgia increíble y siempre, con una sonrisa en la boca. Y vino un comentario de su abuelo, parecía que lo tenía a lado, como si se lo susurrara al oído: “el día más triste de mi vida, fue cuando nos tuvimos que salir de la casa donde pasé los mejores años de mi vida, el número 71 de la avenida central, enfrente del parque más hermoso que he visto”, justo ahí, comprendió la familiaridad de la casa, la casa era increíblemente conocida y nunca había estado ahí.

Se detuvo un instante y tomó la fotografía de su abuelo, la miró con una mirada triste, pero con una sonrisa alucinante, la dejó nuevamente sobre ese mueble rojo, y se dirigió a la cocina, tomó con la manos, temblando, el pica hielos y se dirigió nuevamente a la sala; sus pies rozaban como nunca lo frío del piso y eso le generaba un estado de bienestar, de una profunda calma; se detuvo a ver un viejo abanico que su madre le regaló antes de morir… Al sentarse de nuevo y oír por enésima vez la misma canción, se dio cuenta que a cada momento, el Concierto de Aranjuez le generaba diferentes emociones y parecía siempre nueva.

De un sorbo, bebió la última gota de vino, sus ojos estaban llenos de lágrimas y sintió como sus piernas se quebraban…

Lo colocó justo sobre el centro de su corazón… No hubo lágrimas… En su mano había un rosario, tal vez la certeza de que Dios la perdonaría, quizá un pica hielos ensangrentado.

La tristeza es pasajera

alejandrobonilla

A tus casi 103 años de vida…

La tristeza es pasajera y eso lo entendió siempre. Su vida transcurrió entre las balas de una Revolución que le parecía ajena y una virginidad obligada con hijos y casi 80 años de triste abandono.

Como no reconocerse en el olor a tierra mojada, entre mazahuas que llegaban a vender sus productos, entre padres franciscanos que predicaban con oropeles, con la pesada carga, pero liviana, de sopesar las vicisitudes que le traían sus hijos y las habladurías de un pueblo y el amor y la soledad y la vida misma.

¡Que afortunada eres! Lo único que te llevas es el cariño de hijas, nietos, bisnietos y hasta tataranietos. Tu vida fue una fiesta llena de tristeza y agonía. Desde que tu papá te escondía de las tropas zapatistas, pasando por la muerte de que cada uno de tus hijos y hoy, ya postrada sobre una fría cama, ves tu vida pasar ¡qué fuerte eres Mary!

No le debes nada a la vida, es ella la que te debe a ti por estar más de 100 años peleando, es ella la que te debe de premiar conduciéndote al lugar que mereces, al sitio que está reservado para las personas que a su manera, amaron por encima de todo, que protegieron a los suyos y que como tú, nos proteges con tu amor infinito.

Si, ahí estarán muchas de las personas que más amaste y que más te amaron: Vicente, Lupita, Vicente chico, Fernando, Chucho, y los demás desde aquí te vemos partir, radiante como yo te recuerdo, fuerte, decidida, hermosa, cariñosa, dura, exigente, tierna.

¡Dios te está esperando Mary!

Desde aquí vemos tus alas abrir hacia la eternidad.

Vale Pues.

Abril 2013

Miedo a que nadie nos lea y a que nos lean

alejandrobonilla

A veces no es fácil decidir tomar un camino u otro. No es fácil creer que somos verdaderamente buenos en algo. Ahí está la clave: hacerlo.

Todo el tiempo nos topamos con historias y personajes dignos de ser descritos, cada quien por medio de su arte, y ser saludados por la eternidad. Sentados en un café, en una plaza de una ciudad cualquiera, ante nuestros ojos aparecen seres maravillosos, rebeldes, poco o nada sumisos, irreverentes y ellos/as son, artífices de grandes obras musicales, literarias e incluso, escultóricas.

Vamos a hacerlo. A escribir, escribir, escribir y ser un bálsamo inagotable de creación artística ¿Se van a encontrar al mejor escritor del mundo? probablemente no, pero probablemente si. Existimos escritores para todo tipo de gustos ¿a todos/as les gusta Benedetti o Saramago? ¿todos sufren con Kafka o se imaginan Macondo con García Márquez? Pues no, de eso se trata.

Soy mexicano, más que por nacimiento, por elección, porque en éste país sufro, me rio, gozo, canto, chillo y bailo. Soy mexicano porque mis venas están enraizadas en lo más profundo de la tierra y porque quiero y me da la gana, rezaba La Llorona. Hoy me proclamo como escritor, de los que piensan que escribir es bailar, es ir al gimnasio; de los que encuentran en el arte de escribir una pasión desbordante.

Todo lo que lean aquí será verdad. Todo será mentira.

Es pues, un ensayo a dos manos, un cigarro y una vida.

Es una forma, contradictoria, de entender mi pasado, reconciliarme con el presente y caminar, paso a paso y de la mano, con e futuro.

Inventándonos y des-inventándonos. 

Conociéndonos y reconociéndonos.

Y sin duda, creando, siempre creando.

Vale pues.

Puebla, México. Noviembre 2013