Diez razones para no volver a ser niño/a

alejandrobonilla

 

UNO. Los que tuvimos el placer de tener unos cachetes regordetes y rosados éramos víctima de tías solteronas y amigas de tu mamá que, so pretexto de: “que bonitos cachetes”, nos pellizcaban hasta dejar su uñas enterradas y de rosa, pasaba a morado.

DOS. No tenemos porqué aguantar que nuestras mamás te vistan con ropa ridícula que no te gusta y que genera que cuando ves fotos de adulto, seas la burla del respetable. Entiéndase con esto shorts hasta las rodillas y calcetín negro hasta la rodilla misma y camisa de retrasado mental, no importa que tú mamá te diga que te ves bonito ¡Nadie se ve bonito, en serio!

TRES. ¡Puedes peinarte como quieras! No hay porque aguantar que nos peinen de raya en medio y con limón ¡No más! Pareciera que nuestros padres toman curso de como peinarnos horribles; si eres niña las dos coletas con moño o listón en cada una. ¡Detestable!

CUATRO. Ahora, si rompes un pantalón de las rodillas por cualquier situación ¡No hay problema! No tenemos que aguantar el sermón de nadie explicándonos la importancia de “cuidar las cosas porque no las regalan”.

CINCO. Si decides que tu comida de hoy es pizza, refresco, papas y galletas ¡está bien!  No tienes que aguantar la papilla de chayote con ejote y papa horrenda, ni los litros de sopa de verdura antes de una rebanadita de pizza (invariablemente cuando terminas la sopa ya no tienes hambre para la pizza), ni los cinco vasos de agua de limón antes de un sorbo de refresco (pasa igual que con la sopa). 

SEIS. Si decides no saludar de beso a todos los presentes ¡no pasa nada! Con un “buenas tardes” a lo lejos es suficiente.

SIETE. No hay que participar en festivales de cualquier cosa solo porque a tu escuela se le ocurrió, eso incluye disfrazarte de niño héroe, del cura Hidalgo, de francés o bailar la danza de los viejitos, mientras tus papás y compañeros de prepa se burlan de ti ¡El bulinnn siempre ha existido, entiéndalo papás!

OCHO. Es aceptable meterte a bañar y solo remojarte ¡nadie entrará a supervisarte si te estas bañando o no! tampoco nadie de presionará para que te metas a bañar.

NUEVE. No tienes que esperar al domingo para tener algo de dinero. Ahora trabajas y te compras las cosas que quieres y cuando quieres (a veces).

DIEZ. Ahora jugamos a ser adultos y maduros, intentamos a toda costa sobrevivir en este mundo de rutina y lo logramos, más o menos.

DIEZ PUNTO UNO. Trabajamos y vivimos sin darnos cuenta de pequeñas cosas insignificantes que nos reconcilian con nuestro pasado y nos catapultan hacia adelante.

DIEZ PUNTO DOS. Aunque pudiéramos revolcarnos en la tierra, agarrar lombrices, trepar un árbol, jugar escondidillas, bote bateado, avioncito, trompo o yoyo, no lo hacemos desde hace mucho tiempo ¿Y si lo hacemos?

Añorar es forma triste de recordar el pasado y todo pasado siempre fue mejor, eso dicen.

Lo creo.

No perder la niñez, de eso se trata.

A MANERA DE POSDATA. Todas las mamás, todas, te exigen que traigas de regreso a casa el toper en el que te llevaste la fruta a la escuela ¿Por qué? Todas las mamaseses tienen toneladas de topers en casa y te madrean si pierdes uno, el más feíto (porque para la escuela nos dan el más feo y viejo). Ahora puedes decidir dejarlo en donde quieras sin el miedo a ser crucificado cuando vuelvas a casa sin el objeto singular y rectangular aquel.

 

 

(Crónica del Tercer Piso)… La fiesta infantil

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El fin de semana que recién terminó tuve la honrosa oportunidad de asistir a un cumpleaños infantil ¿el festejado? Hijo de un viejo amigo universitario.

Decidí comprarle un juguete que fomentara su inteligencia y creatividad, no quise llegar con la playerita de gualmart que saca del apuro, no. Fui a la juguetería y le compre una pelotota, amarilla con una sonrisa y que, por supuesto, era lo más barato ¡que pinchiiis caros están los juguetes!

Sin espacio en mi coche para meterla, tuve que desinflarla y envolverla en una caja con un papel común y sin tarjeta ¡que se chingue mi amigo a inflarla! Yo cumplí con el obsequio y no me la podrá mentar.

 Después de saludar al festejado que, sobra decir tenía puesto el traje de Iroman y la cara embarrada de dulce y algo que se asemejaba a un chicloso en el pelo, busque con la mirada una mesa con alguien conocido, soltero de preferencia para no hacer feo solo.

Ahí estaba un conocido que tenía años de no ver. Siempre era de aquellas personas que te encontrabas en los antros. No faltaba a ningún lugar.

Nos saludamos y me ¡zaz! Me presentó a su esposa. Una mujer bastante gachita de su face pero con una muy buena actitud, pintaba para ser una buena tarde. Ya con tres cervezas encima y ante la amenaza de iniciar el ritual de la piñata, me ofrecí a ser el que moviera el lazo, recordando que con semejante poder, bien puedes mover la piñata de tal manera que no le pegaran nunca.

Me quitaron el poder a los tres minutos ¡la suegra metiche!

Por fin le pegaron en plena entrepierna, al pobre Iroman. Su traje de metal sucumbió ante el fregadazo del chamaco ladilla, de esos que nunca faltan en las fiestas y que, en mi opinión, sus papás debieron darle una buena nalgada a tiempo.

Mis ojos, deslumbrados por un pulparindo que se asomaba en la rodilla de un niño, decidí tomarlo, porque como es de suponerse, a los treintones no nos dan aguinaldo ni nada. Justo cuando lo iba a tomar, sentí encima de mí la mirada de una niña que no pasaba los cinco años que, después de conocer mis turbias intenciones, gritó con ese agudo sonido que cala hasta el más hondo lugar del cuerpo, precedido de una mordida con sus 4 dientes: ¡escuincla chimuela!

La mamá se acercó y me castigó con una mirada despreciable.

Me fui a mi mesa sin dulce.

Después de unos minutos y en plena depresión, decidí despedirme de la concurrencia y, motivado por una furia inconcebible y difícil de ver en mí, me compré una caja entera de pulparindos que, mientras escribo esto, termino de comerme.

(Crónicas dell Tercer Piso)… Semana Santa

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Tristemente la vacación de Semana Santa ha terminado y con ello, las actividades cotidianas regresan a la brutal realidad.

 

Levantarse temprano, aún con la resaca del descanso. Vale la pena resaltar que si con más de 30 eres aún soltero y vas de “descanso vacacional” a casa de tus padres, te convertirás, irremediablemente, en chofer de tú mamá que, so pretexto de que te extraña, te llevará a comprar estambre, a formarte dos horas en la cola del supermercado porque se le olvido comprar la lata de chiles chipocles (sí, chipocles) para la comida y otras lindezas que hacen que pases desde las 8:00 de la madrugada pasando hambre, calor y sed.

 

Atrás quedaron las épocas de estar ahogado a partir de las 10 de la mañana tirado junto al mar. Bastante dañado, pero feliz.

 

Los que pasamos los 30 años sabemos perfectamente que, si tenemos la oportunidad de asistir a una playa (viendo al famoso Pez Pañal nadar a lo lejos) o el balneario de confianza y decidimos agarrar la fiesta con singular alegría, pagaremos las consecuencias y es que, con los años, las crudas duran varios días ¡qué razón tenían mis conocidos adultos cuando era chamaco imberbe!

 

¡Los años lo cobran todo!

 

¡No lo vuelvo a hacer! Seguramente es la frase que nos repetimos los de más de 30 (y los pubertos después de una borrachera de albañil en día de pago) de manera constante, aunque también, irremediablemente y como dueños de la cruda más memorable que alguien haya tenido jamás, lo volveremos a hacer.

 

Una y otra vez.

 

Y otra.

 

La Semana Santa es una oportunidad para reconciliarnos con Dios, pero no. Nos gastamos la quincena y aplicamos los 75 meses sin intereses para comprarnos el bañador de moda o la chancla primaveral y si eres de los afortunados, hasta del país vas a salir. De cualquier manera pagarás el viaje por ahí del 2017.

 

Guardemos energía que bastante falta nos hace. Ya viene el puente de mayo ¡Gracias al General Zaragoza y a los que ganaron la batalla al ejército más preparado de la época y bla bla bla (nomas lean sus libros de texto gratuito de historia y siempre dicen lo mismo)! Y debemos ir planeando nuestras actividades…

 

(NOTA del autor: Si tienen alguna historia (propia o del primo de un amigo) coméntenmela y algo se hará)..

Más de 10 años…

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Quien piense que más de 10 años son poca cosa los invito a que los vivan.

En más de 10 años se puede hacer vibrar al corazón, desarrugarlo, estirarlo, contraerlo, hacer que lata fuerte y reír, ser feliz, llorar, enojarse y sobre todo, siempre regresar a ese sitio que nos hace renacer, siempre fuertes y siempre diferentes.

Siempre iguales.

Nuestras vidas se cruzaron en la infancia y a pesar de que nos empeñamos en hacer que nuestros trenes tomaran rumbos distintos, el horizonte nos reunió nuevamente y ahora para siempre.

Hagamos un pacto que trascienda.

Trascendamos como lo hace el agua que después de andar por entre rocas y abrazar mansamente a miles de peces y sirenas, sube al espacio y se condensa y flota y cae nuevamente de manera interminable e infinita; trascendamos como el sonido de la música y como la luz del sol que todos los días nos abraza entre rayos y flores abriéndose.

Trascendamos con amor. 

Volemos entre sueños y tomados de la mano.

Tomémonos de la mano y caminemos entre cafetales y a la orilla de la carretera, como aquella tarde, decirte nuevamente: “si, si quiero casarme contigo”. El amor es una oportunidad exquisita para discutir y reconciliarnos, para llorar y abrazarnos, para bailar sin música; el amor es la oportunidad que nos brinda la vida para sonreír.

El pretexto para reír sin chistar en las miradas curiosas, eso es amor.

Amor eres tú. Amor es lo que somos juntos.

Trascendiendo y flotando entre la neblina que nos protege y nos brinda el remanso que necesitamos para seguir amándonos, como desde hace más de 10 años.

 

Una gran cantante

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Nuestra diminuta amiga salió de su pueblo con la idea de realizar su sueño: ser una gran cantante, en el mundo de los imposibles. 

Como seguramente deben saber, aquellas personas que cuentan con un talento artístico tienen que tocar infinidad de puertas para recibir una oportunidad. Su caso no fue diferente.

Productores le cerraron las puertas ante su nariz. Ella seguía insistiendo y continuaba cantando viejos tangos llorones o rancheras desgarradoras acompañadas por una vieja pista de un cassette ¡su vida era una fiesta!

Un día, sin que ella lo esperara, recibió la oportunidad de cantar en un viejo café del centro de una ciudad cualquiera, de una ciudad del mundo de los imposibles. El lugar parecía haberse detenido en los años 50 y cada rincón rememoraba su antigua grandeza. Por su pasillos desfilaron intelectuales y cantantes de la vieja guardia, de  los y las que verdaderamente cantaban, de los que escribían o pintaban.

Ella eligió un repertorio donde homenajearía a aquellas personas.

Cantó. 

Lloró.

Se entregó y la aplaudieron a rabiar.

Un productor musical en decadencia, encharcado en un pasado de gloria que ya había sido y en un futuro que se observaba inalcanzable, la escuchó y lloró con ella.

Grabaron juntos. Ella la voz y el piano.

Todos cantaban sus canciones, estacionados en ritmos que nadie recordaba y que sonaban a los viejos discos de vinil de los abuelos. Nadie conocía el origen de aquella voz tan absurdamente desconocida pero tan familiar.

Las disqueras que antes ni siquiera la recibieron, ahora la buscaban hasta por debajo de las piedras, literalmente.

En el mundo de los imposibles ella hizo lo posible y logró que la oyeran.

Al fin y al cabo, era solo una hermosa hormiga.

El viernes de una persona de 30 o mas…

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Algunas personas, principalmente menores de 22 podrían pensar que los viernes, a partir de las 6:00 pm para los que pasamos los 30 son bastante aburridos.

 

Nada más falso.

 

El viernes por la mañana inicia el día con tu buena dosis de vitaminas: C para que no te de gripe y termines en cama dos días, D para prevenir la osteoporosis, A para rejuvenecer los tejidos, y otras seis diferentes y todas recomendadas por tu amigo que, en tiempos universitarios el borracho del grupo y hoy es un consagrado maratonista.

 

Jugo verde y leche light para acompañar. Atrás quedaron las memelas con Coca-Cola para desayunar o un vaso de cerveza. La gastritis te mata lentamente.

 

Después de buscar tu atuendo de viernes (siempre hay un atuendo especial de viernes por aquello de planes inesperados) sales de tu casa dispuesto a conquistar al mundo. Apenas te subes a tu auto sabes que debes poner música adecuada: ¡el noticiero no es de viernes! Así que decides conectar tu iPod y seleccionar canciones de la chaviza ¿Imanol Landeta aún está de moda?

 

Llegas a tu trabajo y tu actitud es de un triunfador: ¡cerveza para todos! –piensas mientras te comes tu barrita de granola.

 

Las horas pasan muy lentamente primero, más aún después de la hora de la comida.

 

Te das cuenta que en los últimos 40 minutos haz revisado tu reloj 17 veces y el tiempo, irremediablemente, no avanza más rápido. También comienzas a darte cuenta que tu gran teléfono inteligente solo suena para recibir fotografías de los hijos de tus amigos enseñando los dientes nuevos o la panza de la nueva embarazada o peor aún, el anuncio formal de boda del amigo incasable.

 

¡Por fin es hora de salir del trabajo! Sintonizas “Rabiosa” de Shakira y bailar a discreción en el auto, con toda la precaución de no ser observado por la chica rubia (de tinte, claro) del auto de junto.

 

Después de estar mucho tiempo en el auto, llegas a tu casa, convencido que hoy puede ser tú día. El teléfono ya no suena. Algunos se etiquetan en el cine, otros simplemente ponen en su muro: “algo tranquilo hoy”.

 

Y si, te haces unas quesadillas, un vaso de refresco (es fin de semana y tu nutrióloga te dio “permiso”) y te acuestas a ver cualquier serie, incluso “La Niñera” o ridiculeces que pasan en los canales retro y que te recuerdan que, tu viernes es UNA HUEVA.

 

 

Sonríes y duermes…

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Mañana será otro día, Luciana. Hoy sólo quiero mirarte, olerte, soñarte, beberte, imaginarte y amarte.

 

Me perteneces y nos pertenecemos. Trascendemos y nos perdemos el uno en el otro.

 

Te soñé.

 

Te sueño.

 

Eres la personificación viviente de Dios y eres el engranaje perfecto del amor y la esperanza: del futuro.

 

Te invito a que me tomes de la mano y recorramos juntos nubes y estrellas, que me muestres el camino al tren de la alegría, esa que me regalas cada vez que sonríes.

 

Caminemos.

 

Saltemos entre girasoles, montémonos en grandes mariposas de colores y brinquemos entre nubes de algodón y espuma. Surquemos amaneceres, mientras tú duermes.

 

Ríe.

 

Porque con cada risa tuya, un mal pensamiento mío muere y yo te sigo amando.

 

Te amo.

 

Te amo porque tú eres lo que nunca tuve el valor de ser; te amo porque cuando te miro, no existe nada, ni yo.

 

Eres.

 

Soy.

 

Me bastas.

 

Me iluminas.

 

Sonríes y duermes.

 

(Texto por “encargo” para una bebe recién nacida)

¿Bailamos?

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Algunos podrían llamarle atracción; otros, los más, pensarían en una mentira rotunda y los menos, dudan de todo, incluso de la atracción.

Me gustaría, simplemente, bailar contigo.

Bailar en el fondo del mar, en donde los peces te den la bienvenida; donde tus labios, dulcemente, digan mi nombre.

¡Baila! Aunque no tengas ganas, aunque tú sonrisa al mover los pies te indique detenerte ¡Baila! Baila hasta que el cansancio físico supere al del alma ¡Baila! ¡Baila y ríe! ¡Baila y abrazame!

¡Baila!

¿Sientes como tus músculos viven?

¡Sonríe!

¿Bailamos? ¿Sonreímos juntos?

Sonríe con la música, con los árboles, con la lluvia, con los conductores miopes, con el amor, con el desamor, con tus tardes de tristeza, con tus dudas, con tus certezas. Sonríe hasta llorar, hasta saber que esta respiras.

¿Bailamos? ¿Sonreímos juntos? ¿Lloramos?

Nos purificamos y nos limpiamos. Bailar hasta llorar, bailar hasta reír, llorar hasta que tus pómulos afilados me hagan sentir vivo, te hagan sentir viva.

¿Bailamos? Baila y recuerda que bailar es soñar con los pies.

La Gran Convención

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La molestia era general.

Uno a uno, llegaron de todos los sitios del mundo, representantes de la comunidad internacional.

Algunos elegantemente vestidos con trajes hechos a la medida, otros con ropas tradicionales bellísimas con incrustaciones de madera y piedras preciosas, pero todos con un inigualable ánimo festivo y de construcción de acuerdos. Se esperaba una declaratoria final.

Después de un coctail de bienvenida que les ofreció el anfitrión y probar delicias culinarias que iban desde ensaladas exóticas hasta semillas de sabores suculentos, todos y todas se reunieron en el salón de plenos para escuchar los primeros pronunciamientos.

Los primeros en tomar la palabra fueron los orientales, de Vietnam, específicamente. Explicaron a detalle la situación en la que se encuentra su pueblo y como por medio de campañas feroces, han sido comprados por miles de personas alrededor del mundo y que desconocen su cultura y por lo tanto, no les dan el justo respeto por el que han trabajado durante años.

¿Alguien de ustedes se piensa merecedor de un collar de diamantes y vivir en una mansión en el barrio más elegante de la ciudad solo por su nacionalidad? Fue la primera pregunta que emanó de su boca.

¿Nuestro cabello es suficiente pretexto para llevarnos a la ciudad? ¿seremos los pobladores de casas del futuro? Exclamó después.

Uno a uno continuaron pasando y si bien los ánimos se elevaron con cada intervención, el fin sabían claramente cuál sería.

Las horas pasaron, lentamente.

No existía referente en la historia mundial de un evento de esta clase.

La declaración final, ante cientos de representantes de los medios de comunicación lo dio el Gran Cerdo Vietnamita y decía textualmente:

“La comunidad internacional de cerdos, reunidos hoy en esta ciudad, reivindicamos nuestro derecho a no volver a ser llamados “cerdos” y si limpios y exigimos a los seres humanos, nos coloquen grandes estanques de agua fresca, limpia y corriente dónde nosotros podremos refrescarnos cuando nos plazca”.

Se retiró de la sala moviendo la colita.

Ella y el

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El y ella eran inseparables.

Juntos vivieron aventuras increíbles que los unieron más. Un día, mientras peleaban contra la gente malvada del planeta, se dieron cuenta que sólo juntos podrían superar los obstáculos.

Atravesaban grandes veredas con sed y hambre y seguían juntos. Se enfrentaban a monstruos enormes y feroces; sorteaban grandes mares con la ayuda, únicamente, de sus brazos y su fuerza. Las tormentas no los hacían desfallecer.

Un día cualquiera la vida los enfrento uno a otro. Tuvieron que luchar con todas sus fuerzas entre ellos. Fue una batalla brutal, donde no habría perdedor ni ganador. Las lágrimas salían de sus ojos como chorros de agua.

Nadie ganó. Nadie perdió.

A final de cuentas las veredas eran el largo camino a la cocina, los monstruos eran su perro y gato, la tormenta era la regadera. Las peleas no eran más que un juego de cosquillas, donde las risas provocaban lágrimas y las lágrimas más risas.

Hasta que les doliera el estómago.

A final de cuentas, no eran más que madre e hijo.

Juntos.