¡Me gustan los estudiantes!

Alejandro Bonilla G.

La juventud no es una enfermedad que se quita con los años.

 

Hace ya varios años que no sentía esa añoranza tan marcada de mis épocas en los salones de la Universidad, mi Universidad. Todavía recuerdo como nos enardecíamos por las injusticias y luchábamos, cada quien a su modo, por lo que consideramos justo, utópicamente justo.

 

Con los años vinieron el título universitario y las responsabilidades laborales y parecía que todo había dado igual. Las generaciones fueron cambiando de nombre: la X, Y e incluso Z y parecía que a ellos, a diferencia de las generaciones de nuestros padres o abuelos, todo les era irrelevante. Siempre que no pasara en su entorno inmediato.

 

La trágica desaparición de 43 normalistas en Guerrero ha destapado una cloaca que estaba apestando desde hace muchos, muchísimos años. Para nadie es una novedad el clima de violencia e inseguridad que se respira en nuestro país desde hace ya muchos años.

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No, hoy no hablaré de lo que se ha venido repitiendo en diferentes espacios de comunicación, no. hoy me gustaría hablar de la sangre que hierve y recorre a los estudiantes de mi querido país. Cada vez en mayor medida, jóvenes universitarios se están volcando a las calles de nuestro México para exigir el regreso con vida de esos 43 estudiantes.

 

Una generación que parecía estar condenada a la apatía está despertando de ese letargo que parecía imposible de interrumpir. A partir del miércoles 5 de noviembre, diversas universidades de todo el país están llamando a un gran paro nacional de 72 horas.

 

¡Me gustan los estudiantes! Me gustan esos universitarios que prefieres ser críticos ante sus maestros que sumisos ante verdades a medias o mentiras repetidas; me gustan aquellos que inundan las calles como marabunta exigiendo el regreso a sus casas de cientos, miles de jóvenes que, probablemente, murieron por exigir lo mínimo: respeto, educación, paz, libertad.

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Me gustan los estudiantes de verdad, los que nos hacen entender que la bandera que enarbolan es la de muchas personas sin voz; los estudiantes que critican, pero proponen; los que no han conocido la miseria y el hambre y sin embargo, llevan una manta para exigir que otros no la vuelvan a padecer; los que llevan a las marchas sus aplausos y sus gritos y el abrazo al compañero que no conocen y que, probablemente, no volverán a ver jamás, pero que reconocerán en cada paso de una lucha.

 

Desde el tercer piso los veo y se me enchina la piel.

 

No tengo elementos para decir que la renuncia del Gobernador de Guerrero vaya a ser la solución e incluso la salida del mismísimo Presidente de la República lo pueda ser, lo único que tengo claro es que ésta generación de estudiantes quiere pasar a la historia del México contemporáneo y exige espacios y medios libres.

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¡Seamos realistas y pidamos lo imposible!

 

Inunden las calles con cantos, mantas, baile, color y música, de eso se trata, de saber que en la peor tragedia, se puede construir un mundo mejor, no otro diferente, uno mejor.

Síganme en Twitter: @AlexBonillaG

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