La autonomía en las escuelas; una falacia

Luis Hernández Montalvo
Domingo, 20 Enero 2013
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Luis Hernández Montalvo
Es profesor de primaria egresado de la Normal Rural de Tenería. Cuenta con la especialidad en historia avalada por la Especialización en Planeación, Desarrollo y Evaluación de la Práctica Docente de la Universidad Pedagógica Nacional. Se ha desempeñado como profesor de la ENSUAG, ENEF , además de ser coordinador de la UPN en Huauchinango. Fue consejero  Electoral  Distrito XII del IFE en Puebla, Ex vocal del Comité Nacional Electoral del SNTE y ha participado en: la USCUAG, el  MRM, la CNTE, y MDNS. Actualmente es maestro del Bachillerato Matutino del BINE

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La autonomía de gestión en las escuelas de educación básica y media superior; es una de las acciones que se inscriben en el pacto “Por México”, signado por el Presidente de la República y los presidentes de los Partidos Revolucionario Institucional, de la Revolución Democrática y Acción Nacional.

Las nuevas responsabilidades de la escuela pública; en el marco de dicha autonomía, busca que sea la escuela la que administre los rubros de infraestructura, compra de materiales educativos, resolver problemas de operación básicas, y propiciar condiciones de participación. ¿Significa que en la “nueva escuela pública autónoma”, los alumnos y los maestros, tendrán los mismos derechos? ¿Estamos ante una promesa que busca una mayor democratización de la gestión escolar? ¿Estamos ante la amenaza de una mayor centralización burocrática que viene a incrementar el autoritarismo?

 Escribo estas notas a mis compañeros profesores de educación básica. El pacto “Por México”, llegó golpeando duro al trabajo de los hombres y mujeres a los que la sociedad les dio la responsabilidad de educar a sus hijos. Le anteceden una propaganda mediática que hacen del trabajo docente una caricatura de muy mala factura; una muestra de lo anterior, es la película o documental “De panzazo”, los foros y mesas redondas de las televisoras con opiniones tendenciosas saltan a la prensa escrita con información inexacta que refleja solo una visión de un problema, cuya complejidad involucra a los docentes, a los estudiantes y a los padres y tutores de los estudiantes.

Pero como resulta que ni los profesores, ni los estudiantes y mucho menos los padres y tutores están organizados; entonces, un grupo de vivales –lobos con piel de oveja_ se presentan como los representantes y voceros de los que no tienen, ni voz, ni voto en la toma de decisiones en materia educativa. Tampoco la han tenido en la escuela. Estos lobos se hacen llamar “sociedad civil”, pero son verdaderas sociedades de intereses contrarios al interés público, son pandillas de “cínicos”.

Dicen los más optimistas que con el nuevo modelo de gestión se mejorará la “calidad educativa”.

Los directores y supervisores escolares, ya no serán promovidos por méritos del escalafón, sino mediante procesos de evaluación por oposición. Supongo que el nuevo modelo de gestión, pone punto final a los escalafones vertical de mando y al horizontal llamado “Carrera Magisterial”. Este  proceso está ligado al ingreso, promoción y permanencia de los profesores en la carrera docente, mediante los exámenes por oposición y que en su discurso el Presidente de la República llamó “plazas vitalicias”, cuando lo que existen son plazas de base y las dictaminadas y que ahora están en peligro de desaparecer por los mecanismos de privatización del empleo público; ¿Cómo entonces la reforma viene a dignificar el trabajo de los maestros mexicanos?  

El modelo de gestión escolar actual reproduce el modelo autoritario del presidencialismo que dominó la segunda mitad del siglo XX.

El Reglamento Interior de Trabajo de las Escuelas Primarias de la República Mexicana data del 4 de octubre de 1966, de los tiempos de Don Agustín Yáñez, Secretario de Educación Pública; en su segundo capítulo, habla de las facultades del director de la escuela en los siguientes términos:

Artículo 3º El director de la escuela es la primera autoridad responsable del correcto funcionamiento, organización y administración del plantel.

 Este reglamento autoritario frenó la posibilidad para que los maestros y los estudiantes, pero también de los padres y tutores, pudieran participar en el diseño de las reglas necesarias para hacer de la institución escolar, un espacio habitable por seres humanos. Alcancé a escuchar a una funcionaria de la OCDE en días recientes, a propósito de un seminario con los integrantes de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión decir que en las nuevas facultades del director de la escuela, estarán las de despedir al trabajador cuando incumpla con su trabajo –o por criterios personales de la nueva investidura autoritaria que se ve venir-.

Cuando leemos las acciones del Pacto por México, pareciera que los hombres y mujeres, -más hombres que mujeres- de la nueva clase dirigente, están descubriendo y proponiendo cosas nuevas, el Reglamento de referencia, en su Artículo 4º, establece que: …son obligaciones del director de la escuela:

a)      Intervenir para que los edificios, salones de clases, oficinas y anexos no solo se mantengan limpias, sino que tengan buena presentación.

b)      Cumplir y hacer cumplir las disposiciones e instrucciones de la Secretaría de Educación Pública, de la Dirección de Educación y de la Inspección de la zona. –sistema de gestión vertical-

c)       Organizar los servicios del plantel

Ch) Dirigir y encauzar las actividades de la escuela y otras en las que ésta participe.

d)      Vigilar y conducir sistemáticamente el trabajo escolar y estimular al personal para que mejore la calidad y rendimiento del mismo en sus aspectos: administrativos, docente, material, social y de mejoramiento profesional.

El reglamento le da al director de la escuela facultades extraordinarias en 25 incisos que refuerzan su autoritarismo y que es justo este mecanismo de gestión, lo que provocó la parálisis de las escuelas y lo que nulificó su capacidad de propuesta y de debate desde los maestros como parte de las “comunidades escolares” que no fueron construidas, de la misma forma que tampoco existe la invocada “comunidad educativa”. Este modelo de gestión mantuvo aislados a los maestros, padres y tutores y el director se reúne con ambos por separado. Los maestros a través del Consejo Técnico Consultivo y los padres a través de las asociaciones y comités respectivos.

Por ejemplo: hay un inciso que contempla facultades del director de la escuela para remover a los maestros.

k) En caso de necesidad y tomando como base los intereses de la educación, proponer ante la Inspección Escolar, con copia a la Dirección de Educación Federal del Estado, las remociones del personal a sus órdenes. Estas propuestas deben ir acompañadas de las pruebas documentales que apoyen las razones en que se funda la petición.  

Esta facultad de los directores fue una fuente de conflictos entre los directivos y los profesores, en un esquema de gestión en donde los cuadros directivos eran a la vez, trabajadores de confianza y trabajadores sindicalizados. En estos conflictos siempre mediaban los líderes sindicales, y en no pocas ocasiones, fueron los directores y supervisores los que fueron removidos de sus puestos, todo dependía de la correlación de fuerzas en las escuelas y en las zonas escolares. ¿En dónde está lo novedoso de la reforma educativa sexenal del pacto colaborativo de los partidos políticos con el gobierno? ¿Quién redacta los discursos sobre educación del Presidente de la República?

No creo que se trate de reinventar a la escuela  y sus funciones mediante una supuesta autonomía de gestión. La escuela pública como institución ya la tiene; lo que requerimos es revisar el modelo que por varias décadas ha reproducido corrupción y toda clase de abusos de la autoridad, incluyendo las de carácter sexual en contra de niños y niñas, pero también en contra de los maestros y maestras que con la amenaza del empleo, los maestros pagaron un precio muy alto en su dignidad de seres humanos.

La reforma pondrá en riesgo nuestro cuerpo de creencias, algunas tan antiguas que se pierden en el tiempo. Esos letreros que se colocan en los pasillos de las escuelas que dicen: “… no veo, no oigo, no hablo” que marcó la ética del silencio y el inmovilismo escolar y sindical por varias décadas, debe dar paso a la palabra escrita, para convertir la crisis y sus amenazas _de querer entregar la gestión escolar a los grupos de poder local para implantar la privatización de la educación pública-; en una oportunidad de cambio para transformar la realidad que se impone con discursos autoritarios. (21 de enero de 2013)

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