"5 de mayo", la película

Xavier Gutiérrez
Lunes, 13 Mayo 2013
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Xavier Gutiérrez
XAVIER GUTIÉRREZ es periodista. Ha sido director y conductor de medios impresos y programas de radio y televisión. Asimismo articulista y funcionario  en áreas de comunicación institucionales. Actualmente  conduce el programa de TV “Te lo Digo Juan…

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Fui  a ver la película “5 de Mayo”, y me gustó.  Me gustó a secas.  Aclaro que no soy un conocedor de cine. Me gustaría. Pero me resisto a pagar, a cambio de ver una película, esa  terrible sesión de tortura que significan los retumbantes comerciales y avances de cintas. Rompen los tímpanos y duran siglos. Le dan en la torre a la noble e ingenua  intención que uno lleva de disfrutar un par de horas con algo placentero. Pero, pues, así es el negocio. La moda pisotea  al consumidor  y pasa por encima de sus elementales derechos  terrícolas.

La película, decíamos. Primero hay que aclarar que es eso, una película. El propio director, dice en  una entrevista que no se propuso, con su trabajo, dar clases de historia. Tampoco es un documental. Tampoco es una extraordinaria e inolvidable obra, queda aclarado.

Me gustó la magnífica caracterización de los personajes. El Zaragoza, Lorencez, Juan Nepomuceno Almonte y Porfirio Díaz me parecen muy bien representados. Se ven humanos y no se les pasó la mano con el maquillaje. El objetivo central es mostrar la batalla y por eso  ocupan como veinte minutos con escenas de guerra.

La parte bélica corre en la línea de las películas de este tipo. Como que al público le dan lo que la  pantalla  lo ha domesticado a ver y esperar: sangre, fuego, estruendo y violencia encarnizada, literalmente hablando. En esto del combate me parece que hay fallas: casi no se ven los xochiapulcas y zacapoaxtlas, siendo que historia y leyenda nos dicen que tuvieron un papel estelar.

Por ahí aisladamente algunos serranos, pero no con esa fiereza que hizo exclamar al general francés que sus adversarios mexicanos no eran hombres, ¡sino demonios!. Se omiten en la película algunos aspectos históricos que, a mi juicio, (sin ser un documental) hubieran enriquecido mucho el filme.

Por ejemplo, el ánimo festivo, eufórico, con el que la burguesía poblana esperaba el triunfo francés en vísperas del ataque final. O la expresión desesperada y  sincera de Zaragoza , respecto de apuntar sus cañones a la ciudad cuando no recibe ninguna ayuda y el enemigo lo sorprende con un ejército diezmado, famélico  y casi sin alimentos.

También se pasa por alto la importantísima batalla del 4 de mayo en Atlixco, (¡sin cuatro no hubiera habido cinco!) clave para entender el triunfo el día 5. Sí se toca, pero de modo muy superficial. Esto era de primera importancia consignarlo en toda su dimensión.  Igualmente  se difuminan de la escena los generales y tropas de España e Inglaterra, sin explicar cómo y por qué desaparecen.

Ya se dijo que no es una clase de historia, pero la exclusión de estos hechos apoca los contenidos. Dicho al revés, haber recreado estos pasajes habría enriquecido notablemente la película. Hay por ahí una escena en la que me parece haber visto sentados a la mesa a Benito Juárez y Lincoln, ¡cosa que nunca ocurrió en la vida real! Como licencia pasa, pero en esos niveles la historia adulterada no se vale.

Hay, claro, una historia de amor que va paralela con la crónica de la guerra, y no está mal, máxime que tienen el buen tino de no recurrir a las clásicas escenas de cama de las telenovelas de  Televisa.

Quizá me habría gustado que el hilo conductor de la historia lo llevara un narrador, por ejemplo un descendiente o nieto de los combatientes, para aportar más elementos con acento humano e información histórica indispensable y nutritiva. La correspondencia de Zaragoza, por otra parte, tiene mucho material que pudo ser explotado con imaginación y apego histórico.

La arenga de Zaragoza, montado a caballo y frente sus tropas me parece buena, le  llega al público, transmite la emoción del comandante en jefe de las tropas mexicanas. Acaso menos trote al corcel para captar mejor  el contenido  de su proclama.

Reitero, no conozco de cine. De modo silvestre expongo lo que me gusta y lo que no.

Para los jóvenes que no le han puesto mucha atención a la historia en los planteles, o que se quedaron con las copias bajadas de internet respecto de la batalla, la película resulta una fórmula  motivacional  muy loable para provocar curiosidad, indagación o por lo menos lectura.

Vaya a verla. Y después, lo invito a repasar libros de historia sobre  nuestra ciudad y el país, nos hará bien a todos.
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